A finales de 2019, Berlín y Auckland (en Nueva Zelanda) fueron nombradas por la consultoría Kantar las ciudades con mejor movilidad urbana. Esto pone el parámetro para el resto de las ciudades del mundo al momento de planear sus políticas respecto a transporte público, innovación y respeto al medio ambiente.

La preocupación mundial sobre los grandes retos del futuro en donde se deje de lado al coche, se migre a transportes más limpios, ecológicos y compartidos parece no ser ni de cerca algún objetivo viable en Pachuca.

En la estrategia integral de movilidad de Hidalgo, afirmaron que “el ejercicio de planeación de movilidad debe otorgar prioridad en la utilización del espacio público de acuerdo con la siguiente jerarquía de movilidad:

1. Peatones, dando prioridad a personas con discapacidad y con movilidad limitada

2. Ciclistas

3. Usuarios del servicio de transporte público de pasajeros

4. Permisionarios del servicio de transporte de carga y distribución de mercancías

5. Usuarios de transporte particular automotor

¿Han intentado caminar en Pachuca?

Los problemas son varios y diversos. En algunas zonas existen banquetas, pero pareciera que, conforme crece la ciudad, van disminuyendo de tamaño. Las banquetas parecen un accesorio anticuado. Esas a veces se tornan en una oportunidad comercial, ya que no es raro ver espectaculares, carteles de tijera, bancas para que algunos clientes descansen e incluso mostradores hasta de veterinarias. También las banquetas son memoria, guardan los agrandamientos del pasado que dejaron en medio un poste de luz. Son rampas que le facilitan a un coche entrar a su cochera, son los lugares donde se dejan bolsas de basura. Son tantas cosas las banquetas, pero en casos muy contados, espacios de transito digno.

Un peatón en Pachuca

Repitamos la prioridad de la jerarquía de movilidad: Peatón, ciclista, usuario de transporte público, conductores de transporte de carga y al final (sí, al final) los conductores de vehículos particulares. Esa lista es internacional, al menos en la práctica Pachuca pareciera no estar tan mal.

Vamos por partes. Se ha demostrado que una de las principales causas de muerte en peatones es la vuelta continua. El reglamento de tránsito indica que cuando está señalada debe hacerse cediendo el paso a los peatones. Muchas ciudades se han dado cuenta de que la vuelta continua solo acarrea problemas. Parece que, quien va en su coche, cree que las vueltas continuas significan necesariamente vueltas ininterrumpidas, es frecuente escuchar que los automovilistas tocan el claxon con impaciencia si alguien se detiene en uno de esos espacios y cuando el peatón tiene la mala fortuna de querer cruzar, la mayoría de las veces lo hace corriendo y disculpándose con el pobre conductor que tuvo que pisar el freno.

No todo es malo, en las calles de Pachuca podemos encontrar algunos lugares que dan cuenta sobre un ligero interés en los peatones, como los enormes topes para cruces, el problema es que, en muchos de los casos, sirven como una rampa para que el automovilista acelere.

¿Y qué decir de las líneas de cebra (cuando todavía son visibles)? Que parecieran ser el punto exacto en donde el automovilista se debe frenar para esperar la luz verde.

No, espera, me pueden decir algunos, en la ciudad de Pachuca existen parques lineales, ciclovías e incluso harán un espacio exclusivo para patines. Bien, aquí hay un tema muy tramposo. Por un lado, una ciclovía que se precie de serlo es aquella que puede llevar a los usuarios a diferentes lugares, que se integra a las vialidades de la ciudad y que no segrega, donde no hay un sobre esfuerzo para utilizarlas.

Las calles, en el principio de los tiempos, se hicieron para las personas, no para los coches por extraño que nos parezca ahora en estos tiempos donde las inversiones más monumentales se siguen realizando para que los automovilistas no usen los frenos y hagan dos minutos menos a donde quiera que vayan.

El problema no son únicamente los obstáculos físicos de la ciudad, sino que parece que las personas no entienden cuál es su papel detrás del volante. Deberíamos recordar algunos datos sobre el coche, ese objeto cada vez más obsoleto en las grandes capitales del mundo.

Un coche no te hace mejor persona, no te da poder ni te garantiza respeto, en todo caso te hace un fanfarrón si lo usas para ir a la tienda que está a unas cuadras.

El coche no necesita que llegues primero que todos ni te hace más listo rebasar por los acotamientos en la carretera o acelerar en la luz amarilla.

Si frenas para dar no eres un humanista, no le haces un favor al otro. Es tu obligación.

Si crees que lo mejor que puede hacer tu gobierno por ti es construir más freeways como en Estados Unidos, debes saber que la única ciudad norteamericana considerada dentro de la lista de movilidad es Nueva York (en cuarto lugar), un sitio con esquema de ciudad compacta y no una fraccionada por vías rápidas y plazas comerciales.

Vives en grandes errores si suenas el claxon para que se apuren, celebraste que quitaron los parquímetros en tu calle —peor aún, si fuiste la señora que se trepó en un parquímetro para protestar—, si crees que le ganaste al gobierno cuando permitieron que el carril confinado del Tuzobús se compartiera con los coches que tienen mucha prisa por rebasar. Estás muy equivocado si frenas de mala gana y mueves la mano como apurando al peatón o si crees que tienes superioridad cuando estás detrás de un volante.

El problema de movilidad, insisto, no solo tiene que ver con los retos físicos, sino con la educación de los conductores.

Una educación que nos recuerde todas estas ciudades inútiles que sufren hoy en día las consecuencias de sus decisiones enfocadas en el coche y no en las personas. Y, pese a que la historia de movilidad está a la vista, Pachuca sigue aferrada a poner estas barreras urbanas que parten la ciudad por todos lados, coloca todavía los puentes peatonales que han demostrado ser parte de esta educación obsoleta en donde el peatón debe dejar de ser un estorbo para no ofender al conductor si este debe frenar, apuesta por esquemas obsoletos y le recuerdan a los ciudadanos que tienen valor en tanto tengan un coche.

Tal vez sería bueno que José Luis Guevara Muñoz, el titular de la Secretaría de Movilidad y Transporte de Hidalgo, caminara por Pachuca y todos los municipios del estado, que entienda las verdaderas necesidades de la población. Quizá si se baja de su coche lleno de privilegios podrá ver los retos de la secretaría que representa.

De acuerdo con la encuesta intercensal del Inegi, de 2015 solo el 40.3 por ciento de los hogares hidalguenses tenía al menos un coche. Otro dato más, el 21.3 por ciento de las personas se trasladaba a su trabajo en coche.

Una idea que puede ser ganadora: si los peatones son un porcentaje tan amplio, puede ser una buena inversión para las elecciones que ocurrirán dentro dos años. No sé, piénsenlo, además de las playeras, bolsas del mandado y tortas de jamón, podrían invertir en serio en una campaña para educar a la población paralela a una propuesta seria de movilidad integral, coordinada entre los gobiernos municipales y el estado. Los tiempos ya nos exigen respuestas urgentes, las fotografías de los dirigentes inaugurando otra vía rápida innecesaria tendría que resultar indignante para la población e impensable para las secretarías. Se requieren una voluntad verdadera, porque ser peatón o ciclista no es una terrible consecuencia de la pobreza, sino una decisión del nuevo ciudadano que debe existir en el mundo, el ciudadano multimodal que pueda dejar el coche en su casa y tomar un camión de calidad para ir al trabajo, un área segura e iluminada para que las mujeres puedan hacer su tránsito diario, un cruce respetuoso para quienes están en silla de ruedas. Cuando podamos cruzar la calle sin sentir que el conductor te hace un favor al darte el paso, en ese momento, habremos recuperado la dignidad de un peatón. Quizá entonces recordemos que el automovilista es el último en importancia.

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