La ciudad de Tulancingo está asentada en un gran valle que antiguamente pudo ser una cuenca lacustre, formada por pequeñas lagunas. Dos ríos atraviesan la ciudad: el río Chico y el San Lorenzo o Grande de Tulancingo; existen además varias presas y manantiales.

El río Tulancingo corre hacia el norte, al llegar a la laguna de Metztitlán, a través de un túnel construido por los franciscanos para drenar la laguna, continúa su camino hacia la costa convirtiéndose en un afluente del río Pánuco.

La región de Tulancingo limita al este con el estado de Puebla y al norte con Veracruz; es de las más pobladas y en ella habitan otomíes, principalmente, y nahuas en la zona suroeste y noroeste. La industria más antigua es la textil, principalmente en la ciudad de Tulancingo y sus alrededores, debido a que cuentan con abundancia de agua y con ella la facilidad de generar electricidad; las ramas que más sobresalen son los hilados, tejidos, acabados en algodón y las de hilados y tejidos acabados en lana.

Las actividades agrícolas se concentran principalmente en los municipios atravesados por el río Tulancingo, los cuales son Acatlán y Tulancingo. Esa región se encuentra en la zona más baja de la sierra de Pachuca, lo que produce una entrada de humedad proveniente del golfo y llega hasta el Altiplano, por lo que la flora y la fauna silvestre son abundantes.

La ganadería intensiva para la producción de leche es otra fuente muy importante de ingresos; en el área los cultivos están determinados por los requerimientos de la ganadería lechera y ovina; se cultiva principalmente alfalfa, cebada y hortalizas, sin dejar de sembrar maíz y frijol. Desgraciadamente esa actividad, al igual que la textil, ha ido en decremento en las últimas décadas, reduciendo las fuentes de trabajo y modificando el paisaje de manera drástica.

El Valle de Tulancingo tiene un “fondo casi plano” que se extiende desde la sierra de Puebla, conocida también como sierra de Huehuetla o Huayacocotla, con rumbo noroeste a sureste, al igual que la sierra de Pachuca, siendo la elevación más notable la situada en el municipio de Acatlán, llamada Las Navajas, que alcanza una altura de 3 mil 212 metros; le siguen el Napateco que se encuentra al norte de la ciudad de Tulancingo, cuya altura aproximada es de 2 mil 750 metros y al sur el cerro La Minilla. El aspecto general de las montañas da una vista alargada debido a las sierras de Puebla y Pachuca que se unen al sur de Tulancingo; las pendientes varían de suaves a bruscas, como es el caso del cerro de Huapalcalco, con sus altos acantilados. Las sierras están surcadas por barrancas que originan arroyos que fluyen hacia el valle.

La ocupación humana de la región de Tulancingo puede datarse desde la prehistoria, cuando grupos recolectores-cazadores se alojaron en las cuevas del cerro de Huapalcalco durante el Horizonte Cenolítico (14 000-7 000 aC).

La privilegiada situación del valle, su clima y sus numerosos cuerpos de agua, convirtieron a la zona en importante escala para algunas especies de aves migratorias, como el pato canadiense; eso ha sido aprovechado desde épocas muy remotas, primero para asegurar la supervivencia, después para practicar la caza deportiva.

La temporada de caza se extiende de noviembre a febrero, las especies que se cazan en la zona son el pato (mallard, cenizo, charcuán, golondrino), la codorniz, la paloma, la agachona, la ganga, la zarceta. Los lugares favoritos para hacerlo son la laguna de Zupitlán, la de Metepec, Tecocomulco y El Carmen. Para cazarlas se utiliza la escopeta, con municiones de distintos calibres.

El pato suele prepararse de distintas maneras: enchilado, en chile verde, frito, en caldo, a la naranja o en mixiote.

Además de las especies que pasan el invierno en esta tierra, existen otras especies que ya forman parte del paisaje y embellecen los cuerpos de agua y los pastizales, como la garceta blanca, que podemos ver por los alrededores de Tulancingo, también podemos apreciar otras aves, como el pájaro carpintero, el colibrí, el cenzontle. Otra especie particularmente bella es la lechuza, se deja ver con menos frecuencia, en parte por sus hábitos nocturnos y también porque su número ha disminuido considerablemente.

Si conocemos las especies que habitan en nuestro estado podríamos promover campañas que contribuyan a su preservación, esta tarea podría iniciarse registrando las especies.

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