El verdadero Felipe Ángeles

355

El libro de la semana

En las dos entregas anteriores comentamos, de manera coloquial, parte de la vida de Felipe Ángeles, un militar hidalguense que luchó a lado de Francisco Villa en la Revolución mexicana. En esta ocasión concluiremos someramente relatando los últimos encuentros de Pancho Villa con Ángeles, el exilio de este en Estados Unidos (EU), su retorno a la Revolución y, finalmente, la traición, la aprehensión, el juicio militar y el fusilamiento que padeció ese distinguido personaje que la historia ha olvidado, pues no se ha llegado a valorar con plenitud la fidelidad a sus principios, su permanencia en las filas del pueblo, la autoridad moral y social que lo distinguieron.

Recordemos que el libro El verdadero Felipe Ángeles fue editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) en 1992 y es de la autoría de Jesús Ángeles Contreras, quien fuera rector de esa institución en el periodo 1970-1975 y decano de la máxima casa de estudios de la entidad de 2004 a 2006.

En noviembre de 1918, Felipe Ángeles se dirigió a Nueva York, EU, para encontrarse con su familia: su esposa Clara Kraus y sus hijos Alberto, Isabel, Felipe y Julio. Al despedirse de Francisco Villa, ambos maduraron planes para organizar la División del Norte. Ángeles tenía como ideal luchar por la democracia, el amor y la unidad de los mexicanos. Recordemos que Villa y Ángeles encabezaron la insubordinación de los generales villistas y provocaron un rompimiento con Venustiano Carranza y la velada “sentencia de muerte por traición”. Cabe mencionar que los jefes y caudillos de la Revolución mexicana fueron eliminados por sus propios hermanos revolucionarios.

Durante su estancia en Estados Unidos, Ángeles había formado la Alianza Liberal Mexicana, cuyos fines eran trabajar para buscar la unión entre los diferentes bandos existentes y evitar la intervención estadunidense.

Mientras tanto, en México, Villa volvió a las guerrillas y se percibía la pugna entre carrancistas y obregonistas. Al regreso de Ángeles, este se reencontró con Pancho Villa y maduraron planes para organizar el Ejército de Reconstrucción Nacional; sin embargo, existieron algunas diferencias por la táctica utilizada en las guerrillas y la falta de descanso de la tropa.

Ángeles se separó de Villa y recurrió a algunos puntos buscando contactos en la Sierra, decidiendo bajar a los ranchos de la comarca para hacerse de algunos elementos, para lo cual fue autorizado por Francisco y fue escoltado por seis hombres de confianza que él aleccionó.

Recorrieron lugares como la Sierra de Cumbres del Gato, La Nopalera, La Mora y El Cañón de Salomé, donde vivía la familia de Félix Salas, hombre de confianza de Ángeles que decidió no seguir y rendirse a las fuerzas federales en el Valle de los Olivos, en tanto Felipe continuaba su marcha. Cinco días después, Salas y 50 soldados al frente del mayor Gabino Sandoval aprehendieron sin resistencia a Felipe Ángeles en la Loma de la Mora.

La traición se había consumado. Cuatro días después arribarían al cuartel de Parral, Chihuahua, y el 23 de noviembre de 1919 internaron a los prisioneros en el cuartel de caballería y de inmediato fueron llevados a la penitenciaría de Chihuahua.

El general Manuel M Diéguez, jefe de la plaza de Chihuahua, convocaba a un consejo extraordinario de guerra, que debería realizarse el lunes 24 de noviembre en el Teatro de los Héroes.

Diéguez recibiría un telegrama de Venustiano Carranza con el siguiente texto:
“Enterado de la formación del consejo de guerra que juzgará a Felipe Ángeles. Cúmplase en todo con la ley, sin admitir influencias de ninguna especie ni a favor ni en contra del reo.

“Salúdalo V Carranza”

El contenido del telegrama encerraba entre líneas la sentencia de muerte de Ángeles. Los abogados de este interpusieron una demanda de amparo y el juez concedió la suspensión del consejo de guerra, sin embargo, las autoridades militares se negaron a reconocer esa medida. Entonces, los abogados recurrieron a la Suprema Corte de Justicia, cuya confirmación del auto fue recibida cuando Ángeles ya había sido sentenciado a la pena de muerte, argumentando en la Ciudad de México que la tardanza se debía a que las líneas telegráficas habían sido cortadas por los rebeldes. Interesante resulta el comentario de los historiadores cuando advierten que el telegrama de Carranza a Diéguez sí llegó a tiempo, mientras que el de los abogados de Ángeles llegó con tardanza.

El lunes 24 de noviembre de 1919 se iniciaba el consejo extraordinario de guerra, que duraría 16 horas. La consigna era condenar a muerte al exgeneral federal Felipe Ángeles. El prisionero aleccionó a los jueces, les habló de política, de educación, de valores, del desarrollo del pueblo, de las carencias de la sociedad, de la bondad de Villa. Predicaba la fraternidad y el amor. El consejo de guerra dictó sentencia de muerte a Felipe Ángeles por el delito de rebelión.

Al inicio del consejo de guerra y en el interrogatorio a Felipe Ángeles, el juez de la causa militar dijo: “General Felipe Ángeles, favor de ponerse de pie”, a lo que Ángeles le contestó: “Perdón, no soy general, lo he sido”.

El consejo extraordinario de guerra omitió dar a conocer que Victoriano Huerta había dado de baja en la milicia a Felipe Ángeles. Leamos el siguiente texto: “El presidente interino de la República ha tenido a bien disponer que con fecha ocho de noviembre del año próximo pasado cause baja por indigno de pertenecer al Ejército el general brigadier de artillería Felipe Ángeles, a reserva de exigirle las responsabilidades a que se ha hecho acreedor. Lo que tengo la honra de comunicar a usted para su conocimiento y efectos, reiterándole mi atenta consideración. Libertad y constitución. México, marzo 28 de 1914. A Blanquet”.

A las seis de la mañana del 25 de noviembre de 1919 fue fusilado Felipe Ángeles. En las horas previas a su muerte se mantuvo sereno y escribiendo cartas de despedida a sus amigos y una especial a su esposa Clara Kraus. Se relata que Felipe y Clara se escribieron cartas de despedida uno para el otro; ambos nunca leyeron sus mensajes.

Felipe Ángeles dejaría las siguientes palabras para la posteridad: “Mi muerte hará más bien a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida. La sangre de los mártires fecundiza las grandes causas”.

Felipe Ángeles fue sepultado en Chihuahua. Luego de 22 años surgió la iniciativa del coronel Manuel Ángeles, hermano de Felipe, quien, secundado por veteranos de la División del Norte, logró que el presidente de la República, el general Manuel Ávila Camacho, decretara el traslado de los restos de don Felipe Ángeles Ramírez a la ciudad de Pachuca, Hidalgo, para lo cual se dispuso de un convoy especial.

Por lo anterior, el 22 de noviembre de 1941 fue realizada la exhumación y en ese acto el pueblo de Chihuahua rindió honores de desagravio frente a la urna que contenía los restos del artillero de la Revolución mexicana. El convoy llegó el 25 de noviembre al Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, donde se le tributaron guardias de honor. El 26 de noviembre de 1941 los restos fueron trasladados a la ciudad de Pachuca; en el teatro Bartolomé de Medina, sobre la urna funeraria, se colocó la condecoración del Mérito Revolucionario y la legislatura local declaró a Felipe Ángeles: “Hijo predilecto del estado de Hidalgo”.

Por la tarde, sus cenizas fueron reinhumadas en el panteón municipal de Pachuca, donde reposan en el mausoleo construido en su honor, el cual fue diseñado por el profesor del Instituto Científico y Literario (ICL), Medardo Anaya Armas. Finalmente, el héroe volvía a su “patria chica”.

Debe recordarse que Felipe Ángeles fue un ilustre exalumno del Instituto Científico y Literario, antecedente de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

Comentarios