El verdadero Felipe Ángeles (Segunda parte)

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Felipe Ángeles

En la entrega anterior de la sección “Historia: La universidad a través de sus publicaciones”, narramos la primera parte del libro El verdadero Felipe Ángeles de Jesús Ángeles Contreras.

Anteriormente, abordamos aspectos de Felipe Ángeles Melo, padre de Felipe de Jesús Ángeles Ramírez; sus primeros años de estudio, su presencia en el Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios del Estado de Hidalgo (ILEAO), su ingreso al Heroico Colegio Militar, sus ascensos militares, hechos históricos conocidos que desencadenaron en la Decena Trágica, así como su encarcelamiento en Palacio Nacional a lado de Francisco I Madero y José María Pino Suárez.

En esta ocasión, sintetizaremos la presencia de Felipe Ángeles en la Convención de Aguascalientes y las batallas de Torreón y Zacatecas.

El autor del libro El verdadero Felipe Ángeles, publicado bajo el sello de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), destaca que una vez consumado el artero asesinato de Francisco I Madero y José María Pino Suárez, ordenado por las huestes del general Victoriano Huerta, para deshacerse de la figura del general Felipe Ángeles, quien contaba con arraigo en el Ejército, Huerta simuló una comisión a Europa. Antes de partir al destierro, Ángeles estuvo recluido en Lecumberri para enfrentarse a un juicio por fusilamientos en la Decena Trágica; de esa causa penal fue absuelto.

En Europa, Felipe Ángeles aprovechó su estancia para seguir capacitándose en tácticas de artillería.

A su regreso a México se entrevistó con el entonces presidente Venustiano Carranza, a quien le hizo saber su deseo de incorporarse a la lucha revolucionaria que encabezaba en el norte del país Francisco Villa contra Victoriano Huerta. Algunos historiadores aseguran que Carranza no dudó en aprobar esa solicitud, pues consideraba que Villa fusilaría al general Felipe Ángeles por haber pertenecido a la milicia o, como se acostumbraba decir, a los “federales”.

Villa, conocedor de las aptitudes militares de Ángeles, lo nombró comandante de artillería de la División del Norte, hecho que abonó más a la ira de Carranza, la que se fue acentuando con el paso de las victorias militares que tendría Felipe a lado de Francisco.

La División del Norte llegó a tener más de 20 mil seguidores. Los ecos de esa organización llegaron hasta los estudios cinematográficos de Estados Unidos (EU), que suscribieron un contrato para filmar los combates. Como dato curioso, la filmación de los enfrentamientos debería realizarse a la luz del día, pues para esa época no se contaba con equipos de iluminación para tales efectos.

Las primeras incursiones de Felipe Ángeles ocurrieron entre el 10 de octubre y el 9 de noviembre de 1914 en la Convención de Aguascalientes, representando a la División del Norte. Además, se encargó de convencer a las fuerzas zapatistas de acudir a esa soberana convención.

A Villa lo conocieron por el famoso Tren de Troya; hecho que sucedió cuando las tropas federales de Victoriano Huerta se dirigían a Chihuahua. Se relata que en los vagones los militares transportaban armas y pertrechos; en el trayecto, el tren fue interceptado por las fuerzas villistas, obligándolos a rendirse y a entregar el convoy.

Los villistas aprovecharon las líneas telegráficas e informaron al cuartel federal de donde provenía el tren su inmediato retorno, ya que dijeron que las vías ferroviarias habían sido cortadas; una vez que recibieron la orden de regresar el tren, los villistas se ocultaron dentro de los vagones y así pudieron entrar con toda libertad al cuartel y realizar un ataque sorpresivo, con resultados favorables para la División del Norte.

Del 24 de marzo al 3 de abril de 1914 se iniciaba la batalla de Torreón en la que el general Ángeles, junto con los demás generales de la división de Villa, se apoderaron de San Pedro de las Colonias, Lerdo, Gómez Palacio hasta llegar a Torreón. Las luchas fueron producto de cargas de caballería apoyadas por la artillería ligera de Felipe Ángeles. Algunos historiadores citan que en ese momento inició la modernidad en el uso de armas de repetición y la utilización de lo que llamarían granadas.

El triunfo sobre el Ejército federal de Victoriano Huerta fue comunicado a Venustiano Carranza, jefe del Ejército constitucionalista, a quien Villa le solicitó autorización para tomar Zacatecas, a lo que se opuso y propuso que las fuerzas de la División del Norte fueran encabezadas por Pánfilo Natera.

Dicha orden provocó malestar, sin embargo, Pancho Villa y Felipe Ángeles decidieron trasladar a la División del Norte en 60 trenes, que eran escoltados por revolucionarios a caballo. Se cuenta que algunos vagones los habían convertido en hospitales, a los caballos los trasladaban en los vagones y en la parte superior viajaba la tropa.

Al llegar a las cercanías de Zacatecas se estableció la estrategia de ataque: al mando de la artillería, el general Felipe Ángeles (con 23 piezas de artillería ligera) fue apoderándose de cada uno de los cerros de la cañada de Zacatecas. La batalla duró 24 horas, suficientes para derrotar a las fuerzas federales, lo que provocó bajas, la rendición de la plaza y la desmoralización del enemigo.

La victoria sobre la plaza de Zacatecas, una de las más sobresalientes de la Revolución mexicana, significó para Francisco Villa y Felipe Ángeles prestigio militar, lo que menospreciaba Venustiano Carranza y provocaba cada vez más enemistad por parte del jefe constitucionalista.

Una vez que se dio el triunfo de Torreón y Zacatecas, la División del Norte estaba lista para continuar el camino a la Ciudad de México, pero primero tenía que apoderarse de las plazas que controlaba el Ejército de la dictadura de Huerta.

Villa pretendió derrotar a Obregón en el Bajío. Ángeles aconsejó que no lo hiciera, pues la fortaleza de la División del Norte estaba en las zonas serranas del norte del país. Pancho Villa no hizo caso y perdió la batalla del Bajío, en Celaya, con muchas bajas, y tuvo que retornar al norte, donde desintegró a la División del Norte.

Felipe Ángeles se retiró de la lucha de la División del Norte y se dirigió a establecer su domicilio en Nueva York, EU, con su esposa Clara Kraus y sus hijos. Permaneció allá más de cuatro años, hasta que decidió regresar a México a reorganizar con Francisco Villa la División del Norte. Algunos historiadores sostienen que, a su retorno, Felipe Ángeles ya era un militar converso, con dotes de profeta del amor y la reconstrucción, identificado con una ideología socialista y comunista; así regresaba a México en 1919.

En la próxima entrega de la sección “Historia: La universidad a través de sus publicaciones” hablaremos del regreso a México de Felipe Ángeles, su reencuentro con Villa, su detención y fusilamiento.

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A su regreso a México se entrevistó con el entonces presidente Venustiano Carranza, a quien le hizo saber su deseo de incorporarse a la lucha revolucionaria que encabezaba en el norte del país Francisco Villa contra Victoriano Huerta

La División del Norte llegó a tener más de 20 mil seguidores. Los ecos de esa organización llegaron hasta los estudios cinematográficos de Estados Unidos, que suscribieron un contrato para filmar los combates

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