En tiempos de pandemia del Covid-19 seguramente muchos se habrán preguntado qué pasaría si dicho virus se apoderara de nuestro cuerpo y sin remedio estuvieramos en las estadísticas de los sospechosos, los positivos, o por desfortuna a los entubados a un ventilador. En lo individual, solo para nuestro entorno cercano la muerte de un ser querido representaría un problema, pero si se contaran por miles a los afectados, el tema podría volcarse en un asunto de seguridad nacional. Por ello, el gobierno no debe olvidar que es el primer responsable en salvaguardar a la población frente a esta amenaza que tiene en jaque la seguridad nacional de México.

La humanidad entera está frente a un enemigo invisible, pero corresponde a los líderes de los estados nacionales encaminar acciones para hacer frente a esta contingencia. Por ello, solo aquellos países que aseguren las medidas de contención del virus y la salvaguarda de la salud de su población se mantendrán en la ruta de la competencia internacional, porque un país con una población enferma no puede aspirar a jugar en el tablero de la disputa hegemónica mundial. De hecho, esta pandemia decantará liderazgos internacionales que no tomaron las mejores decisiones para cuidar a su población, sea porque no tuvieron acceso a información diagnóstica de la salud de su población o se evidenció la falta de estrategia prospectiva para hacer frente a esta pandemia y otras enfermedades asociadas.

El diagnóstico de salud general de los mexicanos señala que mueren principalmente por complicaciones de la diabetes, contabilizados por el INEGI en cerca de 105 mil personas para 2016. Es decir, el escenario ya era riesgoso para nuestro país antes de masificarse el Covid-19, porque tenemos cerca de 60.6 millones de personas obesas y 12.5 con diabetes mellitus, enfermedades asociadas a los decesos en esta pandemia.

Si a estos riesgos le agregamos que el sistema de salud mexicano ha sido desmantelado y no podrá soportar una crisis si la tendencia de contagios sigue en aumento, que ni con el apoyo de los hospitales privados se podrá atender la demanda. Como nunca se ha evidenciado como las administraciones pasadas dejaron en paupérrimas condiciones los hospitales y clínicas del sector público. Eso no fue responsabilidad del gobierno actual, pero sí lo son las acciones que realizará para subsanar la corrupción en este sector que requiere inversión inmediata y las medidas que tome para cambiar el diagnóstico actual de salud de los mexicanos.

Al mismo tiempo, el gobierno mexicano tiene deudas con el sector, que no es únicamente de infraestructura, sino que además se deben mejorar las condiciones de todo el personal médico, salario, prestaciones y profesionalización continua, porque este gremio es la primera línea para mantener sanas las fuerzas productivas de este país, porque sin salud nada se mueve.

Esta crisis sanitaria da cuenta que una población enferma representa una amenaza para la seguridad nacional, porque en cadena afectará todo el sistema económico, cultural y sociopolítico de México y que costará miles de millones de pesos. El neoliberalismo, la corrupción y los adversarios políticos como discurso quedan sin vigencia cuando las acciones prácticas siguen dejando sin esperanza a millones de mexicanos, tal como lo hacía el prianismo y al que millones de mexicanos les dijimos ya basta.

Por ello, el “quédate en casa” no es un eslogan de moda, sino una medida sanitaria de primer orden y, quien pueda, debería de cumplir. Sin embargo, derivado de la precariedad del empleo, las necesidades básicas de un amplio sector de la población no se resuelven si permanecen aislados, para ellos el quedarse en casa representaría no comer y aunque sean conscientes de las medidas saldrán a la calle a buscarse el pan a pesar de los riesgos que representa la pandemia. Esto deberían de saberlo los gobiernos y focalizar acciones de acuerdo a los segmentos poblacionales y sus necesidades inmediatas. Es más fácil quedarse en casa a quien tiene un salario y las necesidades básicas aseguradas.

La seguridad nacional de México está en riesgo y, como hemos dicho en otros espacios editoriales, es un asunto de responsabilidad compartida superar la crisis. Quédate en casa si está en tus posibilidades, pero si sales, toma las medidas necesarias que más puedas para contener el virus. Al final de la crisis, premiaremos a los gobiernos o los castigaremos en las urnas de acuerdo a su compromiso con lo más sagrado que es la salud y la vida de quienes votamos por ellos.

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