Roberto González García
Profesor investigador del área académica de ciencia política y administración pública

La derrota de Donald Trump y la forma como se dio, así como la actitud del presidente de no reconocer el resultado, sumen al país vecino en una fuerte crisis institucional que puede tener implicaciones para la estabilidad política de la región. Las causas y consecuencias de este proceso tienen múltiples implicaciones para Estados Unidos, México y el mundo, pero en este breve espacio solamente apuntaremos algunas.

La primera reflexión, si quieren muy politológica, es la necesidad urgente de reforma del vetusto sistema electoral estadunidense, que ya dio síntomas de su deficiencia en la elección del 2000 con la polémica victoria en los tribunales de Bush sobre Gore con el polémico recuento de los votos de Florida. También la victoria de Trump sobre Hillary Clinton en 2016 a pesar de tener 3 millones menos de voto popular, sembró dudas, si no sobre la legalidad, sí sobre la legitimidad de un sistema electoral en el que la candidata más votada no fue la ganadora, lo que contradice el principio mayoritario, propio de cualquier democracia liberal. En esta ocasión, la polémica sembrada por los republicanos se basó en el masivo voto por correo y anticipado, causado por la combinación de alta participación y la lógica prevención de los votantes ante la pandemia del coronavirus. No hubo fraude y la ventaja de más de 4 millones de Biden sobre Trump es clara, pero una calculada estrategia de desinformación por parte del trumpismo, combinada con la lentitud del escrutinio en estados clave como Florida, Arizona, Carolina del Norte, Pensilvania, Georgia, Iowa, Michigan o Wisconsin, sirvieron a la ultraderecha para sembrar la duda sobre el resultado electoral.

En segundo lugar, cabe constatar ciertos síntomas de agotamiento y decrepitud del bipartidismo, partiendo por la avanzada edad de los candidatos (Biden se convertirá en el presidente más viejo de la historia) y siguiendo por la orfandad política de los movimientos sociales y de la izquierda estadunidense, que se vio “obligada” a apoyar el mal menor de la victoria de un candidato cuya trayectoria es altamente conservadora y neoliberal. Biden es un político del establishment, con 50 años de trayectoria situada claramente en el ala derecha del Partido Demócrata: luchó contra la eliminación de la segregación racial en las escuelas en 1970, se opuso al derecho al aborto en 1980, se posicionó contra los derechos de la comunidad LGBT en 1990 y ha dado múltiples muestras de su alineamiento con el imperialismo: fue uno los artífices del Plan Colombia a finales de los 90, apoyó la guerra de Irak en el 2000 o las sanciones a Venezuela en la actualidad. Es necesaria una alternativa anti-neoliberal, de izquierda, feminista, antirracista y ecologista que represente a todo ese sector del electorado progresista y de los potentes movimientos sociales contemporáneos como Black Lives Matter, Mee Too o Friday for Future, que probablemente hoy optaron por Biden para evitar la victoria de Trump, pero que no están representados en el gobierno y lo están muy poquito en el legislativo.

Finalmente, y pensando en México, un tercer bloque de cuestiones: ¿el resultado es bueno o malo para México?, ¿por quién votaron los mexicanos-estadunidenses? La respuesta no es sencilla, pero cabe confiar en el criterio de la comunidad mexicana en México, que ha mostrado una vez más un amplio apoyo a los demócratas. Aunque Trump incrementó tres puntos su apoyo entre la comunidad latina, el candidato demócrata, a pesar de hacer una mala campaña, le aventajó en más de 30 puntos en ese sector de población, lo cual explica, por ejemplo, los resultados de Arizona, donde la movilización del voto latino joven fue decisiva para voltear los resultados de 2016 en favor de los demócratas. México no tiene tiempo que perder y debe hacer valer esos avales para tejer una buena relación con el nuevo presidente y seguir al mismo tiempo sin ceder un ápice de su soberanía nacional, económica y alimentaria ante el coloso vecino del Norte. Quizás pueda sacar partido de que ahora se trata de un “coloso en llamas”.

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