Cuauhtémoc Granados Díaz
Profesor Investigador de la UAEH Área académica de derecho y jurisprudencia

Esta semana cerraron campaña los candidatos integrantes de las planillas para gobernar los 84 ayuntamientos del estado de Hidalgo, en unas elecciones que se tornaron ríspidas, donde en muchos casos permearon más las descalificaciones entre los contendientes que las propuestas serias y proyectos de gobierno viables, también abundaron las promesas de campaña que por lo regular quedarán en eso, en solo promesas; muchos candidatos en su afán de obtener el voto dicen al electorado lo que este quiere oír, la gente hace caso a los discursos prometedores con la ilusión de que mejore su entorno y calidad de vida, los aspirantes a alcaldes son sugestivos en sus mensajes y dadivosos con parte del colectivo que espera estos tiempos para recibir lo que entre partidos y candidatos se reparte en flagrante violación a las leyes electorales y penales.

Las elecciones en las que se renueva la administración pública municipal, son sin duda las que más polémica y movilización genera entre los vecinos ya que es el gobierno municipal el que a diario tiene contacto con la ciudadanía; la población conoce y tiene interacción directa con los candidatos a los que en muchos casos sabe de su trayectorias y de su seriedad, se puede decir que son los candidatos a los que se les conoce de primera mano. Si todas las propuestas de campaña efectivamente aterrizaran en la realidad o al menos se cumplieran en un cincuenta por ciento, nuestra infraestructura y nivel de vida fuera otro, pero ¿por qué los proyectos de gobierno de los candidatos quedan en solo eso aún y cuando se trate de gente bien intencionada? La respuesta es que en muchos casos no conocen las facultades que la Constitución General de la República en su artículo 115 establece para el ayuntamiento, ese desconocimiento hace que los aspirantes a alcaldes se descosan en promesas de cambio ofreciendo creación de empleos, mayor poder adquisitivo para la población, mejora en la educación, en el transporte, en la procuración y administración de justicia, en la construcción y mejor equipamiento de hospitales, construcción de carreteras y escuelas y en crear programas sociales que van a mejorar el nivel de vida de todos, pero al concluir las administraciones municipales, ¡decepción! ¡Solo promesas incumplidas! Los ciudadanos atribuyen este incumplimiento a la corrupción, lo cual en parte es cierto, pero la verdadera razón de estas promesas incumplidas es que los candidatos a ocupar una alcaldía ignoran las atribuciones del municipio, cuyos recursos y atribuciones legales distan mucho de crear infraestructura, empleos y programas sociales en beneficio de la gente, esto está reservado a los gobiernos estatal y federal a quienes también les incumbe la procuración y administración de justicia, es el gobierno federal el que tiene a cargo la rectoría económica del Estado la cual dista mucho del gobierno municipal.

Si a la gente le rinde o no su dinero, si mejora o no su economía, el municipio poco o nada puede hacer puesto que depende de la economía global y de la buena administración del país, no del ayuntamiento al que solo le compete la mejora de los servicios públicos que comienzan de la puerta de los hogares hacia las banquetas, como el suministro de agua potable, drenaje, alcantarillado, alumbrado público, recolección de basura, seguridad pública municipal a cargo de la policía preventiva, es por ello que las buenas intenciones de un candidato a alcalde de convertir un municipio rural en un Dubai solo quedará en un sueño, simplemente porque muchas promesas de campaña de los aspirantes a alcaldes salen del ámbito de competencia que les otorga la ley. La macroeconomía es competencia de la administración pública federal y si esta es buena pero sobre todo bien llevada, sí incide en la microeconomía, la cual se refleja en los hogares de los mexicanos.

Aunque estas elecciones generan pasión, mucha gente no saldrá a votar y los aspirantes y partidos van a atribuir el abstencionismo a la psicosis generada por el Covid-19, cuando el verdadero ausentismo de la población en las urnas se debe a otra pandemia que se llama “incredulidad” ante las promesas de los candidatos de convertir sus municipios en sucursales de Nueva York, cosa que nunca van a poder cumplir. Prometer no empobrece y soñar no cuesta nada.

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