Alfredo Dávalos

Exdirector editorial de Libre por convicción Independiente de Hidalgo

En víspera de las elecciones de este primer domingo de junio en los estados de Nayarit, Coahuila y Estado de México, los habitantes inscritos en el padrón electoral de esas entidades federativas acudirán a las urnas a decidir a través de su voto libre y secreto la permanencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), después de 86 años de ejercer el poder, o dar paso a la alternancia.
La atención de la opinión pública y de la clase política está centrada en el Estado de México por ser la entidad con el mayor número de votantes del país, pero además por ser el mayor bastión electoral del PRI y entidad que vio nacer al poderoso y oscuro grupo Atlacomulco, cuyos miembros se han enriquecido a costa de las arcas públicas y de turbios negocios a la sombra del poder.
Según la opinión de analistas políticos, el resultado de la jornada electoral de mañana definirá el rumbo de la elección presidencial de 2018, pues consideran que el Estado de México es el laboratorio electoral de lo que será la elección presidencial del próximo año, sin embargo, la historia dice que cada elección es muy distinta de otra y que el escenario, motivaciones e intereses de los electores son distintos, por lo que considero que nada está escrito.
Las encuestas electorales arrojan que para el gobierno del Estado de México hay una cerrada competencia electoral entre Delfina Gómez Álvarez, abanderada del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), y el priista Alfredo del Mazo Maza, quien representa los intereses políticos y económicos del grupo Atlacomulco, además de ser hijo y nieto de exgobernadores mexiquenses y primo del actual inquilino de Los Pinos, Enrique Peña Nieto.
Alfredo del Mazo es el abanderado de la coalición conformada por el PRI, Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Partido Nueva Alianza (Panal) y Encuentro Social y con la promesa del salario rosa busca perpetuar al PRI en tierras mexiquenses, cuyos habitantes permanecen sumidos en la pobreza y miseria, igual o peor que hace 86 años, mientras que los priistas han acumulado riquezas escandalosas, haciendo del Estado de México una de las entidades más desiguales del país.
Delfina Gómez ha sido blanco de ataques en las últimas semanas por su cercanía con el político tabasqueño y otrora priista y perredista Andrés Manuel López Obrador. Ella apela al apoyo de los electores, terminar con la hegemonía del priismo mexiquense. Los últimos sondeos indicaban un empate técnico entre Delfina y Del Mazo.
Dado lo cerrado de la contienda electoral, es previsible un final de fotografía y, por ende, una resolución en los tribunales electorales y un eventual conflicto postelectoral, en caso de que los electores mexiquenses decidan mañana no acudir de manera masiva a las urnas para expresar su decisión a través del voto libre y secreto.
En caso de que los ciudadanos del Estado de México decidan romper con la apatía y salgan de sus casas para votar de manera copiosa, el PRI sufrirá una dolorosa derrota electoral a pesar de la compra de votos y “mapacherías”, porque comprobado está que cuando la mayoría de los electores salen a votar pierde el partido tricolor porque su “voto duro” y “maquinaria electoral” no le alcanzan para ganar.
Es mucho lo que está en juego en el Estado de México en caso de que Alfredo del Mazo sea derrotado en estos comicios, pues se acabarán los privilegios y negocios al grupo Atlacomulco, los huachicoleros de las arcas públicas mexiquenses durante más de 86 años en el poder. Por eso es comprensible la preocupación de perder el control del gobierno, porque se les acabaría la mina de oro y nadie sería “tapadera” de sus transas.
Al PRI mexiquense, parece ser, se le acabaron las promesas y que los ciudadanos despertaron, por fin, de ese aletargamiento que les impedía ver que siguen sumidos en la pobreza y marginación después de casi nueve décadas de gobiernos priistas que lo único que han sabido hacer bien es enriquecerse a costillas del pueblo.
Los habitantes del Estado de México, hoy afectados por la inseguridad, marginación, violencia, escasez de empleo, bajos salarios, falta de servicios públicos, así como de salud, educación y cultura ante la indiferencia de los gobernantes priistas, se merecen un cambio, se merecen la alternancia, se merecen echar al PRI del gobierno, ya que cualquier cosa es mejor que otros seis años del PRI.
Mañana los mexiquenses tienen la oportunidad de cambiar su historia y la de México para 2018, porque ya no merecemos más gobiernos corruptos, ineptos, ausentes y ligados al crimen organizado. Ojalá la mayoría salga a votar por un cambio en el Estado de México, en Nayarit y en Coahuila.
Centinela hidalguense pretende ser un espacio de opinión y análisis sobre temas y acontecimientos de interés social, político y económico en Hidalgo, en México y en el mundo, con la finalidad de que los lectores cuenten con elementos de reflexión sobre los hechos acaecidos y de esa manera constituir su propia opinión y la toma de decisiones.

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