Hoy es un día de elecciones en distintos puntos del país; Nayarit, Coahuila y el Estado de México. Este último por ser el laboratorio político de las próximas elecciones que se darán lugar para elegir al presidente de la República, es un punto neurálgico bastante importante. Las tendencias mencionan que es posible una contienda de fotografía en la que Delfina Gómez, candidata por el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), junto con el priista Alfredo del Mazo Maza, se disputen la gubernatura del estado. Hoy se sabrá si los mexicanos estamos preparados para enfrentar los retos de una democracia sólida y madura o seguimos siendo simples marionetas bajo los designios del partido único que gobernó al país durante prácticamente 86 años seguidos y amenaza con posicionarse nuevamente.
En la historia de México han existido contiendas verdaderamente difíciles y complicadas en las que el robo de urnas, muertes y corrupción hacen presencia sin menoscabo. Una de esas contiendas fue la del 7 de julio de 1940 que celebró las elecciones presidenciales para la sucesión del general Lázaro Cárdenas, quien durante su periodo (1934-1940) había llevado a cabo las aspiraciones sociales de la Revolución mexicana.
La sucesión presidencial era una coyuntura definitoria para el rumbo político y social que seguiría el país en el siguiente sexenio. En ese tiempo, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) era el espacio en donde se negociaban todos los asuntos de índole política, y el presidente de la República estaba en la cúspide del esquema jerárquico de la llamada “familia revolucionaria”, por lo tanto la decisión de la candidatura oficial de ese año recaía en el general Lázaro Cárdenas. En julio de 1939 la oposición declaró sus intenciones, y el general Juan Andrew Almazán se postuló como el candidato del Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN). Además, se fundó el Partido Acción Nacional (PAN), un nuevo partido de corte conservador que se pronunció por la democratización del sistema político mexicano, aunque no postuló a ningún candidato.
Dentro del partido oficial había dos figuras fuertes, el secretario de Guerra y Marina, Manuel Ávila Camacho, y el secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Francisco J Múgica. Ambos renunciaron de sus puestos en diciembre del mismo año para ser tomados en cuenta en el proceso interno del partido oficial. La trayectoria de ambos personajes era amplia, pues tomaron parte en la lucha armada revolucionaria y se adhirieron al grupo triunfante; sin embargo, la diferencia estribaba en que el primero tenía una postura de corte conciliador, mientras que Múgica compartía la tendencia social y radical del general Cárdenas. Las negociaciones al interior del partido fueron ríspidas, y finalmente el presidente y el Congreso se inclinaron por la figura de Manuel Ávila Camacho, quien fue electo oficialmente como candidato por el PRM a la presidencia de la República el 3 de noviembre de 1939.
La campaña presidencial de Ávila Camacho durante toda la primera mitad de 1940 fue intensa, pues su opositor Juan Andrew Almazán alcanzaba cada vez mayor respaldo de los grupos de clase media urbana a los que incluso se sumaron aquellos que se organizaron para formar el PAN, ya que no tenían candidato. Sin embargo, la postura conciliatoria del candidato oficial contribuyó a que se ganara el respaldo de los empresarios mexicanos, sobre todo los regiomontanos, que vieron en su figura la posibilidad de que la política económica avilacamachista favoreciera sus intereses, a diferencia de la de Cárdenas, que tenía mayor interés por los grupos obreros y los sindicatos.
Finalmente, en junio de 1940 la campaña política se dio por terminada y el 7 de julio se celebraron las elecciones. Éstas fueron muy complicadas, y son recordadas como unas de las más controversiales de la historia de México contemporáneo, pues se dieron numerosos conflictos, asaltos a las urnas, mítines y algunos enfrentamientos en los que incluso hubo muertos y heridos.
Los resultados electorales favorecieron a Manuel Ávila Camacho, quien obtuvo 2 millones 476 mil 641 votos (93.89 por ciento); Juan Andrew Almazán alcanzó 151 mil 101 votos (5.72 por ciento); mientras que Rafael Sánchez Tapia, que fue candidato independiente, obtuvo 9 mil 840 votos (0.37 por ciento). A pesar del amplio rango de diferencia, el candidato Almazán señaló que las elecciones habían sido fraudulentas y los almazanistas amenazaron con levantarse en armas en contra del candidato oficial. Aunque el respaldo de ese movimiento parecía sumamente fuerte, Juan Andrew Almazán resolvió salir del país y se exilió en Cuba y Estados Unidos, desde donde continuó aduciendo el fraude electoral y señaló que asumiría la presidencia el primero de diciembre. Sin embargo, al volver al país en noviembre anunció que se retiraba definitivamente de la política.
Finalmente, Manuel Ávila Camacho asumió la presidencia de México para el periodo 1940-1946 bajo el lema “Unidad nacional”, que significaba el establecimiento de una nueva política que dejaba atrás el radicalismo de su antecesor, el general Lázaro Cárdenas del Río.

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Edad: Sin – cuenta.
Estatura: Uno sesenta y pico.
Sexo: A veces, intenso pero seguro.
Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento “Juárez sin bronce” ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.