Guillermo Lizama Carrasco
Profesor investigador de la UAEH

El 18 de octubre, un millón 70 mil 600 (48.9 por ciento) ciudadanos hidalguenses acudieron a votar en unas elecciones municipales históricas por varias razones: se realizaron en medio de una crisis sanitaria producto de la pandemia del Covid-19; se consolida una fragmentación de partidos y grupos compuesta por diversos actores que expresan la regionalización de la política en la entidad y se repitieron las viejas prácticas de control: acarreo de votantes, compra de votos, coerción de electores, inhibición del voto, movilización de estructuras, etcétera. Incluso los ciudadanos no contaron con un Sistema de Resultados Electorales Preliminares (algo inédito) que diera mayor transparencia a la jornada y certeza a los resultados. Veamos entonces:

1. Estas elecciones se realizaron en condiciones adversas dadas por la presencia de la pandemia del Covid-19 que incrementó la percepción de riesgo y los costos de la participación. Muestra de ello es que se registró una participación del 48.9 por ciento, lo que se traduce en mayorías limitadas. Por ejemplo el PRI que al momento tiene mayoría en Pachuca con 26 mil 962 votos, en la elección municipal anterior obtuvo el segundo lugar con 30 mil 556 y el PAN quien ganó el municipio lo hizo con 41 mil 768 sufragios en 2016.

2. Se consolida en los gobiernos locales un pluripartidismo con una tendencia a la fragmentación del voto, ya que al menos ocho partidos gobiernan algún municipio y la composición de los ayuntamientos muestra cabildos diversos, lo que será un reto para la gobernabilidad y para el propio sistema de partidos en la entidad. Eso muestra avances en el pluralismo político y a mi juicio, es parte de los cambios en las preferencias políticas de las personas, lo que sin duda es un componente elemental de las democracias modernas.

3. En estas elecciones también observamos que las antiguas prácticas políticas de control de los votantes no han desaparecido. Además, de forma inaudita no se contó con un programa de resultados electorales preliminares (PREP), una cuestión clave para brindar información y certeza del avance del conteo de votos en la jornada electoral, en torno a ello existe una larga historia de fraudes, caídas de sistemas y opacidad que obligaron a que se dispusieran esos sistemas para que los ciudadanos pudiesen acompañar los resultados. El domingo cuatro o cinco horas después del cierre de las casillas no había información respecto a alguna tendencia, lo que llevó a que por redes sociales se cuestionara que la página del Instituto Estatal Electoral de Hidalgo no funcionaba, finalmente a eso de la medianoche comenzaron a fluir algunos resultados pero para ese entonces todos sabían las tendencias, se habían hecho anuncios a medios de comunicación y los festejos comenzaban. Una lástima.

Rumbo a las elecciones federales intermedias y de diputaciones locales de 2021 y a la elección de gobernador en 2022 podemos decir que el poder se ha fragmentado y que no hay nada para nadie, lo que supone cambios de estrategias, negociaciones, nuevas alianzas y reacomodos en los actores políticos. Por supuesto que luego de una elección todos sacan cuentas alegres pero la verdad triunfo el statu quo, el abstencionismo y las viejas prácticas de control político, dejando la carrera abierta rumbo a los próximos procesos electorales que ojalá puedan desarrollarse sin pandemia.

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