Elecciones y revocación de mandato: lo que los ciudadanos debemos saber

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mario cruz

MARIO CRUZ CRUZ / RAEN SÁNCHEZ TORRES (ASESOR LEGISLATIVO)

Varios analistas coinciden que la llamada democracia no es la mejor forma de gobierno que haya imaginado el ser humano, pero sí la que mejor se ha podido implementar de manera prolongada. Ello, quizá se deba a que la democracia occidental, directa o indirectamente, posibilita la gobernanza en el largo plazo.

Por ejemplo, si en un sistema parlamentario, el primer ministro no resultó un gobernante como se promocionaba cuando candidato, entonces el propio parlamento puede autodisolverse mediante una elección, donde la población juzga si desea rectificar y cambiar al primer ministro, o si prefiere regular o moderar al gabinete, votando para darle una mayoría menos poderosa o si de plano quiere cambiarlo a él y su gabinete por completo.

En los sistemas presidenciales como el de México, contamos con mecanismos similares a los parlamentarios que permiten hacer desde ligeros ajustes hasta cambios radicales en la conducción del gobierno. Así, si un gobernador o un presidente no cumplen con las expectativas que generaron cuando fueron candidatos, la sociedad puede presionar a los legisladores federales, presidente, diputados locales y gobernadores, desde hablándoles por teléfono, escribiéndoles correos o buscándolos cuando visiten sus regiones y exigirles que atiendan sus solicitudes en el marco de lo que se conoce como la democracia participativa.

Aunado a lo anterior, también la ciudadanía tiene la oportunidad de aprovechar la siguiente elección de legisladores, a mitad del mandato del presidente o del gobernador, para votar por los opositores si se quiere castigar al gobierno, o bien, votando por sus aliados si se le quiere premiar.

En otras épocas, las elecciones legislativas que se celebran a mitad del mandato de un gobernador o presidente de la República no funcionaban básicamente por la poca competencia entre los partidos (dominaba uno solo) y porque las carreras de los legisladores dependían directamente de sus gobernadores o del presidente. Sin embargo, hoy se tiene la posibilidad de la reelección de legisladores (lo que los compromete más con el electorado); nuestro sistema es competitivo (no hay partido hegemónico y hay transiciones); la clase política está sujeta al golpeteo de la exposición a redes sociales o medios de comunicación, y contamos con instancias como el Instituto Nacional Electoral o el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para arbitrar los procesos electorales.

Por todo lo anterior, hoy el voto pesa más que en otros años y la ciudadanía de a pie, puede evaluar, premiar o castigar a sus representantes de manera directa, concediendo o negando la reelección a sus legisladores, y de manera indirecta regulando el poder del presidente o el gobernador, al apoyar a sus aliados o respaldar a sus opositores.

Adicionalmente, hoy contamos con un nuevo mecanismo que es la revocación de mandato (aplicable hasta el 2022), con la cual se podría destituir al presidente mediante el voto popular. Esta herramienta se separa de las elecciones legislativas, para evitar que se mezclen los intereses del presidente por permanecer en el cargo, con el ejercicio de calificar y renovar al Poder Legislativo. Unir ambos procesos terminaría mezclando intereses y desinformar al electorado cuando el presidente intente defender su visión de gobierno, combinándola con la búsqueda de una mayoría legislativa.

La vida pública del país parece estar especialmente alterada y la sociedad dividida, pero eso no necesariamente es algo malo si consideramos que uno de los objetivos de la democracia es poder tomar decisiones pacíficamente y, con ello, fortalecer los consensos. No obstante esa gran riqueza que ofrece la democracia, en todas las épocas hay extremistas que se fortalecen al confundir a la ciudadanía y dañar a las instituciones democráticas del país.

En estos tiempos, podemos ubicar a esos extremistas que piden la renuncia inmediata del presidente de la República, a pesar del caos que esto generaría; pero también están los que buscan empalmar procesos de revocación de mandato y elecciones intermedias para poder manipular las elecciones, generar condiciones de inequidad en la contienda electoral y confundir a la ciudadanía; eso en nada abona en la ruta de fortalecimiento de la democracia mexicana.

Frente a esos dos tipos de extremistas, lo mejor que podemos hacer es defender nuestras libertades y las instituciones democráticas que tanto trabajo nos han costado, rechazando abierta, razonable y pacíficamente las posturas radicales que buscan interferir en las elecciones legislativas con el pretexto de evitar ser revocados del mandato y también en los que piden renuncias anticipadas e ilegales para subsanar la falta de capacidad de argumentación y convencimiento social porque un país en caos conviene a los intereses de las élites rapaces que existen tanto en la izquierda como en la derecha.

De fondo, tanto la renuncia anticipada e ilegal como la mezcla de procesos electorales con el mecanismo de revocación de mandato son posturas antidemocráticas, propuestas generalmente por quienes se sienten cómodos sin la crítica, sin los controles a su poder, sin mecanismos que fiscalicen la manera en que ejercen el presupuesto y sin que las ciudadanas y los ciudadanos voten libre e informadamente en procesos electorales transparentes equitativos y competitivos.

Recordemos que el poder corrompe, pero el poder absoluto, centralizado y sin controles corrompe absolutamente. El mejor antídoto para hacer frente a ese tipo de corrupción es la defensa de la democracia y de nuestras instituciones que hacen que los procesos electorales y los mecanismos como la revocación de mandato sean imparciales, equitativos, y transparentes, pero no mezclemos y no confundamos al electorado en un país que ya no aguanta otra crisis más.

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