Diva y musa por derecho propio, esposa legendaria, cocinera magnífica, madre tormentosa y viuda trágica: María Guadalupe Marín Preciado (1895-1983), mejor conocida como Lupe Marín, fue testigo excepcional y parte indispensable de algunas de las vidas extraordinarias que dieron forma al arte mexicano del siglo XX. Así se resume la presentación del libro de Elena Poniatowska: Dos veces única.

Casada con Diego Rivera y, posteriormente, con el poeta y crítico Jorge Cuesta, el más connotado de los escritores del grupo Contemporáneos. Lupe Marín vio refulgir su obra y la de otros creadores como Frida Kahlo, Rafael Coronel, Xavier Villaurrutia y Juan Soriano, además de ejercer influencia poderosa sobre sus hijos y nietos, herederos de un legado tan brillante como imperioso.

Poniatowska, nacida en París en 1932 y quien a los nueve años se trasladó a nuestro país, nacionalizándose mexicana, es de las figuras más importantes de los últimos lustros en las letras y también en el periodismo. Activa igualmente como figura de opinión en la política; su voz es respetada.

Multipremiada, sus textos se han traducido a más de 15 idiomas y conserva aires de dama prestigiosa que no se deja atrapar por protagonismos.

Relata que en 1976 entrevistó, en su casa de Paseo de la Reforma 137, a Lupe Marín y dice: “De esa larga conversación se publicó amplio artículo en el periódico Novedades (ya desaparecido) el 10 de febrero de ese año.

Posteriormente, a lo largo de dos años, 1997 y 1999, habló con los nietos y otros personajes contemporáneos “que trataron y amaron a Lupe Marín”.

Con tanto material y otro que después obtuvo, decidió escribir una novela.

Apunta que adentrarse en la geografía de ella es recuperar la Revolución y sus armas calientes; el costurero con su Singer, sus hilos y agujas; los arrayanes, el vértigo de los Contemporáneos. Y en esa idea, también a Lázaro Cárdenas y su expropiación petrolera.

En el símil de adentrarse, Poniatowska apunta que resultó igual al abrir la puerta del imponente despacho de Narciso Bassols y su educación socialista, que asomarse al balcón del Palacio Nacional bajo el estallido de los cohetes y fuegos artificiales, esquirlas de luz en la noche del Grito cada 15 de septiembre.

Y compendia, en su estilo pulcro, generoso y bien hilvanado: “Lupe Marín siempre fue una tierra vasta y fértil, a veces árida, otras tormentosa y despiadada, pero jamás plana. Conocerla es descubrir un aspecto recóndito de ese terrible rompecabezas que es México”.

Y para complementar, solo un pequeño ejemplo de lo que necesariamente debe leerse para entender parte del esquema que ya se ha ido; en el capítulo inicial se describe: “Guadalupe viene hacia él, sus labios de gajos rojos se caen de tan llenos, sus manos sobre su vientre se abren y Diego la abarca entera, alta como él, voraz como él”.

De Seix Barral Biblioteca Breve; la primera edición es de septiembre de 2015.

Elenita y Lupe Marín

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