Luis Arístides

En días recientes, el Premio Iberoamericano de Poesía “Ramón López Velarde” le fue otorgado –de manera sobradamente merecida– a una poeta mexicana de indudable renombre y de sumo interés para los estudiosos de la poética nacional y la crítica Elsa Cross (México, 1946), cuya obra ha sido reconocida con los galardones de poesía en lengua castellana más importantes a nivel nacional e internacional, como el Premio Aguascalientes, el Xavier Villaurrutia, el Roger Caillois o el par homónimo Jaime Sabines y Jaime Sabines-Gatien Lapointe. Con 22 manuscritos de poesía publicados y algunos más de ensayo, Cross es definitivamente uno de los ejemplos más importantes vivos de la literatura mexicana.

Su poética y sus abordajes son únicos, ya que provienen de una voz profundamente personal. Este año fue publicado Nepantla (Era, 2019) –por el vocablo náhuatl que significa “estar en medio”–, un poemario que debemos leer con atención, pues revela algunas de las intenciones de la  escritora cuando, a través de la potencia que adquiere el lenguaje en la poesía, busca transportarse a lo más íntimo del entramado de las cosas, a la realidad humana –realidad de realidades– y su relación con las diversas maneras en que se mueve el Universo.

“Nepantla– entre el nombre y la cosa /Sigilo /donde los nombres de las cosas /se transparentan, se anulan /donde las formas se hunden en la arena /como cangrejos.

“Tu cara /es ya otra en el espejo.”

En Nepantla encontramos una de las inquietudes más profundas de la tradición filosófica y uno de los pilares del espíritu oriental –el cual Cross conoce muy bien, casi como su propia cultura–, me refiero al punto medio, la dualidad y la frontera.

Nos recuerda el trabajo de Nicolás de Cusa, cuando inauguró el estudio de la potencia que encierran las dualidades para nuestra contemplación de los hechos de la realidad. Hablo del oxímoron, en tanto que recurso literario, paradoja,  problema lógico-argumental, antagonismos, dialéctica, la relación íntima entre dos cosas que se organizan mutuamente y con ello se transforman, como ir viviendo la muerte y muriendo la vida.

Los límites se diluyen en la proximidad. Las cosas parecen mezclarse entre sí en una totalidad unida de maneras mucho más intensas e irrompibles. ¿Qué es la línea si no un círculo de radio infinito?, dirá Nicolás de Cusa.

“A la mitad del río /gira el sueño fragmentado en las aguas revueltas /rompe simetrías /nace y muere en lo oscuro a cada instante.

“Sueño o entresueño de esta vida /ese instante entre lo que termina /y lo que no acaba de empezar.”

Esa es la preocupación de Cross en su más reciente poemario, a pesar de haber iniciado como proyecto años atrás. La situación liminar, los linderos en donde se hace tan compleja la distinción entre las cosas en el tiempo, que no podemos si no reconocer que el intelecto no basta para asir lo real en su intimidad más honda.

“El no lugar de todos los lugares /el no saber pausado y omnisciente /sitio del azoro /donde se pierden los nombres y las cosas /donde se empieza a ser.”

Así, la poesía sirve a Cross como un vehículo para conducir su meditación, detonada por una pregunta inicial lo bastante fundamental como para prescindir, incluso, de su propia escriba; como si más bien la encontráramos junto a nosotros en el camino a la revelación, como si junto al poema halláramos también las enseñanzas de Oriente, aunado a los símbolos de nuestra propia tierra, vigentes y reverdecidos a través del pulso y la delicadeza poética de Elsa Cross.

La poesía se reivindica como traducción del mundo, en contra de la burda reafirmación de sentimientos populares.

Cross es un paradigma con respecto a una de las formas más demandantes de la poética: aquella que se hunde en las tribulaciones del mundo espiritual, que busca en las palabras el pensamiento, reconvirtiendo en ello lo que en apariencia fuese mera gramática en auténticas imágenes del mundo y la realidad, inesperadas y repentinas criaturas vivas del lenguaje. La poética y el estilo de Cross son de un asombro ineludible.

Sin duda, tanto su figura como su obra representan la fuerza que entraña la poesía por mantenerse viva y su eterno lugar en los asuntos humanos.

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