A 35 días de las cruciales elecciones intermedias del 6 de noviembre en EU, la amazona texana exsenadora del Partido Republicano Kay Bailey Hutchison lanzó desde Bruselas, sede de la OTAN, una brutal amenaza para “eliminar” de manera preventiva los misiles rusos que a su juicio violan el tratado INF (Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio) firmado en diciembre de 1987. El INF prohíbe el despliegue de misiles con capacidad nuclear y un alcance entre 500 y 5 mil kilómetros.

La frase de la abogada texana de 75 años, hoy embajadora de Trump en la OTAN, estremeció los más altos militares en el Kremlin: “debemos considerar la posibilidad de eliminar (sic) misiles que pudieran alcanzar cualquiera de nuestros países en Europa”, por lo que EU “debe tomar contramedidas para eliminar (sic) los misiles que están siendo desarrollados en Rusia en violación del tratado”. Concluyó que “los rusos habían sido advertidos”.

Para Peter Korzun (PK), experto en guerras y conflictos del portal Strategic Culture Foundation, se trata de un “ultimátum”: “no es nada menos que una amenaza directa de un ataque preventivo”.

El apego al tratado INF es más que controversial y tanto EU como Rusia se acusan mutuamente de violarlo, según Andrei Akulov.

EU abulta las pruebas de los misiles crucero lanzados desde los iskander, mientras para Rusia, los planes estadunidenses de su modernización nuclear enterrarían de facto al INF. El mismo zar Vlady Putin ha condenado un sistema estadunidense colocado en Europa que infringe el acuerdo INF –cuando los Tomahawk pueden ser lanzados desde baterías antimisiles en Rumania y Polonia.

A juicio de PK, las amenazas de la amazona texana siguen la amenaza proferida por un funcionario de EU cuatro días antes en Pensilvania por el secretario del Interior Ryan Zinke, quien sugirió que la armada de EU puede ser usada para imponer un bloqueo con el fin de restringir el comercio energético de Rusia, lo cual, a mi juicio, significaría un casus belli ya que Rusia depende de sus ingresos en energéticos.

El autismo bélico de cierto tipo de funcionarios de EU los lleva a olvidarse que amenazan a quizá la máxima superpotencia militar del siglo XXI.

PK saca a colación la reciente enmienda de sanciones sobre prohibición y modernización, aprobada por la Cámara de Representantes que “incluye la autoridad para inspeccionar los puertos chinos, iraníes, sirios y rusos”, lo que “constituye un abierto acto hostil y una violación descarada de la ley internacional”. PK aduce que en caso de que el proyecto legislativo se convierta en ley, “probablemente inicie una guerra con EU actuando como agresor”.

Como si lo anterior fuera poco, la OTAN desplegará su mayor ejercicio militar desde 2002 Trident Juncture en las fronteras rusas del noroeste, del 25 de octubre hasta el 7 de noviembre (ya conocidos los resultados de las elecciones intermedias de EU).

Hasta el momento la reacción rusa ha sido exageradamente prudente y solo ha respondido María Zakharova, portavoz del Ministerio Ruso de Relaciones Exteriores: “la OTAN no tiene conciencia de su nivel de responsabilidad y del peligro de su retórica agresiva”.

El daño ya estaba consumado y horas más tarde la amazona texana intentó reparar sus amenazas que son usualmente proferidas a repúblicas bananeras: “no deseaba hablar de un ataque preventivo en Rusia. Mi intervención refería el regreso de Rusia a las obligaciones del tratado INF”, sino “desplegaremos capacidades para proteger los intereses de EU y de la OTAN” por lo que “la presente situación, con una violación patente del tratado por Rusia, es intolerable”.

De dos cosas una: Trump levanta la puja con una teatral confrontación contra Rusia a un mes de las cruciales elecciones intermedias del 6 de noviembre o se trata de bravatas rancheras con el fin de obligar a los aliados de EU en la OTAN a incrementar sus gastos militares, obviamente con armamento estadunidense.

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