“Los sentimientos no los elegimos se nos vienen, se crían como la maleza que nadie planta y que inunda la tierra” “Todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos. El ser humano no es un árbol frutal que solo se cultive por la cosecha” -Emilia Pardo Bazán.

A lo largo de la historia, las mujeres han hecho aportes extraordinarios a la sociedad. Unas muy conocidas, otras menos, pero todas han sido precursoras; siempre el sexo femenino se encuentra en la búsqueda de atender los vacíos con respecto a su participación en la historia. Ellas han estado ahí, lidiando, previniendo, levantando, construyendo, etcétera, pero, los historiadores se ha encargado de minimizar, omitir o, peor aún, eliminar totalmente los aportes tan importantes que las mujeres hacen o descubren para bien de la humanidad.

La historia de esas grandes mujeres se encarga de pensarlas como sujetos, es decir, que no solo participan en esta, sino que además contribuyen a transformarla; ellas han buscado ser incluidas como sujetos y objetos de estudio. Labor nada fácil en un mundo académico que se niega a considerar al sujeto humano universal. Aquí no se busca adicionar a las mujeres a la historia, sino la transformación de la historia misma; es decir, una historia en la que todas tengan un lugar, ser verdaderamente reconocidas por lo que hicieron.

Cuántas mujeres a través del tiempo han defendido su derecho a la educación, como lo proclamó Sor Juana Inés de la Cruz “bien se puede filosofar y aderezar la cena”, ella es considerada como ícono nacional, aún con tanto avance de la paridad de género alcanzada en todos los niveles de la educación, pero, desgraciadamente aún persiste esa negatividad en algunas regiones de desarrollo. Por otro lado la pobreza, es uno de los grandes desafíos de toda la vida, afecta enormemente a las mujeres en su salud, empleo y seguridad porque viven en la pobreza extrema y, no se diga de la participación del sexo femenino en el ámbito político, en el cual existe actualmente enorme rezago, si han sido tomadas en cuenta pero no al igual que al sexo masculino, que en él no argumentan nada.

La igualdad de género establecida en la ley aún no se lleva a cabo como se encuentra establecido, aunque existen países que garantizan la igualdad de género en sus constituciones, pero, todavía las mujeres se enfrentan con desigualdades directas e indirectas a través de las leyes, políticas, estereotipos y prácticas sociales.

Los derechos de las mujeres, cuánto no se han defendido a través del tiempo en publicaciones diversas, como es el caso de Emilia Pardo Bazán de la Rúa-Figueroa, quien lo hizo también en la vida pública y ejerciéndolos hasta llegarse a convertir en la primera catedrática de literatura en la Universidad Central de Madrid, en la primera presidenta de la sección de literatura de Ateneo y ser la primera corresponsal de prensa en países extranjeros: Roma y Paris. (López MUñoz, 2003) Emilia nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña, España; única hija del matrimonio formado por el conde don José Pardo Bazán y Mosquera y doña Amalia de la Rúa-Figueroa y Somoza, familia noble y de la esfera social más alta al grado que el rey Alfonso XIII le concedió a ella misma en 1908, el título de condesa.

En cuanto a su educación, asistió a las mejores escuelas, dado que su formación se completaba cada año en la capital de España, porque ahí la familia pasaba los inviernos dada la posición política que su padre tenía, ya que era militante en el partido liberal progresista y Emilia asistía a un colegio francés. Desde su niñez amaba la lectura, siendo a la vez escritora precoz en virtud de que con nueve años de edad escribió sus primeros versos que fueron publicados en el Almanaque de Soto Freire y los que le siguieron y, cuando tenía quince escribió su primer cuento “Un matrimonio del siglo XIX”, que fue el primero de los casi 600 que publicó a lo largo de su vida.

De su madre heredó el carácter abierto e independiente y de su padre la afición por la lectura y el querer estudiar. Con 17 años contrajo nupcias con don José Quiroga. Cuando a su papá lo designaron como diputado, la familia cambio de domicilio a Madrid y también el nuevo matrimonio; ahí conocieron una vida cultural.

Con la guerra carlista, toda la familia se mudó a Francia, viajaron por Europa y Emilia estudió inglés y alemán, lo que le permitió conocer la literatura francesa que le fascinó.

A los 25 participó en un concurso de ensayo con la obra sobre el teatro del padre Feijoo y derrotó a todos los participantes. En ese año tuvo su primer hijo a quien le dedicó su libro de poemas. Escribió su primera novela, Pascual López y en ese entonces nació su segundo hijo.

En 1880 enfermó de una dolencia hepática que la obligó a guardar reposo. En el periódico de Madrid La época publicó “Un viaje de novios”, relato de novela y sus memorias; su tercer hijo, una niña que nació en 1881.

Durante su reposo se interesó por el naturalismo de Zola, sus anteriores artículos fueron compilados en el libro La cuestión palpitante; con la finalidad de tratar el movimiento del naturalismo de forma directa y profunda, el que tuvo impacto social que fue escándalo por lo que su esposo le pidió que dejara de escribir, lo que causó la ruptura del matrimonio en 1884.

En 1886 viajó a Francia y conoció a Zola y a la moderna novela rusa. En 1890 su padre murió y la herencia que recibió la utilizó para la creación de una revista escrita por ella, El nuevo teatro crítico. Se presentó en el Congreso Pedagógico donde hizo la denuncia pública de la desigualdad educativa entre el hombre y la mujer.

Pidió ser aceptada en la Academia Real de la Lengua pero fue rechazada, ya que era considerada como la máxima exponente del realismo junto con Clarín y Galdós. Con este último sostuvo una relación muy conocida y en 1906 llegó a ser la primera mujer en presidir la sección de literatura del Ateneo de Madrid y también la primera en ocupar una cátedra de literatura en la Universidad Central de Madrid, en la cual tuvo solo un alumno. Emilia Pardo murió el 12 de mayo de 1921.

Ella consiguió el título de catedrática de literaturas neolatinas, destacada escritora, además de intelectual y luchadora infatigable, no únicamente por el acceso a la cultura de las mujeres sino por su reconocimiento social con mucha fuerza y luchando incansablemente.

Las mujeres son depositarias de la mitad del potencial mundial.

Debemos dar el paso por el progreso sostenible en un mundo con igualdad.

“Porque el poeta estudia los mundos interiores; traduce al luminoso lenguaje de los dioses, del corazón los gritos, los ecos de dolores, los sueños y esperanzas, las dulces ilusiones” “Amar es un acto, no te fatigues en pensar: ama.

” -Emilia Pardo Bazán.

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