Emmeline Pankhurst Goulden, luchadora por siempre

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Maria Elena Torres

“La primera vez que entré en el lugar me horroricé al ver a las niñas de siete y ocho años arrodilladas fregando las piedras frías de los largos corredores… la bronquitis era una epidemia entre ellas la mayor parte del tiempo… descubrí que había mujeres embarazadas en esa casa de trabajo, fregando pisos, haciendo el trabajo más duro, casi hasta que sus bebés vinieron al mundo… Por supuesto, los bebés están muy mal protegidos… Estas madres pobres y desprotegidas y sus bebés, estoy segura, fueron factores potentes en mi educación como militante” Mujeres, mujeres, mujeres. Sí, mujeres que dan vida a los futuros ciudadanos de cualquier país, pero que siempre han luchado por los derechos que les corresponden y aún más, en lugares que se hicieron exclusivos para hombres y donde, les era difícil exigir como mujer. A través de la historia, las mujeres han tenido que salir a defender su espacio en este mundo, probablemente mucho de lo que ahora tenemos es gracias a todas aquellas que no se quedaron calladas, sino que, salieron a exigir justicia, igualdad y equidad. Hasta el día de hoy todavía se sigue pidiendo lo que por derecho ya se tiene, herencia de nuestras madres y ancestras. Por eso el día de hoy es oportuno hablar de una de todas aquellas mujeres que transformaron la historia a nuestro favor, por ejemplo, Emmeline Pankhurst Su nombre de soltera era Emmeline Goulden, nació en 1858 en Mánchester, hija de padres activistas políticos. En 1879 se casó con Richard Marsden Pankhurst, un abogado que también trabajó por la causa femenina –para que las mujeres pudieran ser dueñas de sus bienes prematrimoniales, por ejemplo–, y padre de sus cinco hijas (Kamm, 1968).

Según el portal de internet del diario La Vanguardia desde muy pequeña Emmeline Pankhurst leía la revista de Women’s Suffrage, la cual su madre compraba cada semana, cuando cumplió 14 años pudo conocer a la editora de ese semanario quien convocó a las sufragistas para una conferencia en Mánchester, donde Emmeline terminaría de reclutarse definitivamente para esa causa. Sus padres Sophia Jane Craine y Robert Goulden no le contaron a Emmeline el clásico cuento de las princesas que característico de sus épocas, ella no debería esperar por un príncipe para que la besara y despertara de su sueño profundo, por el contrario, le dijeron que en sus manos estaba el poder salir adelante sin la necesidad de un hombre.

Emmeline fue educada bajo la defensa de los derechos civiles, la abolición de la esclavitud y la igualdad de sexos, defendió el sufragio femenino porque era algo que había escuchado desde pequeña en casa.

Aun cuando tuvo una educación progresista, sus padres no dudaron en decirle que para la época en la que estaban viviendo la mejor opción era que fuera ama de casa. Por toda esa educación progresista es que Emmeline en cuanto se dio cuenta de las injusticias del mundo, dejó de tener manos delicadas que solo alzaban una taza de té y comenzó a arrojar piedras con ellas, es decir Emmeline desde los nueve años devoraba libros como La odisea sin parar, tenía sed de aprender y muy probablemente también de cambiar el orden establecido que era tan injusto.

Con el transcurso del tiempo cuando creció, seguía conservando ideales socialistas, y aunque su matrimonio parecía muy normal, tanto ella como su esposo eran miembros destacados del Partido Laborista Independiente y del movimiento sufragista. El equipo se rompió trágicamente en 1898 con la muerte de su esposo Richard, cuyo fallecimiento se debió a una úlcera perforada (Schneir, FEMINISM: The Essential Historical Writings, 1994).

Emmeline aun con su tristeza y duelo, vio los maltratos tan fuertes que le hacían a un grupo de mujeres que, agregó una palabra conocida por todos, pero que no ha podido llevarse a cabo en su totalidad, “la igualdad”. Con todo eso fundó la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU). Sus hijas Christabel y Sylvia se unieron a la causa y a los pocos años la WSPU fundó delegaciones por todo el país. El gobierno no daba crédito de lo que ocurría con las mujeres, quienes se unieron en la lucha por sus derechos, y pensaron que por medio de la represión lograrían detenerlas.

Ciertamente, esas mujeres tenían sus convicciones bien determinadas, lucharon incansablemente y con gran pasión sin importar los maltratos y violencias que sufrían, por lo que Emmeline las convocó para que juntas buscaran mejores posibilidades de salir adelante y decidir por ellas mismas sin importarles el sexo masculino. Pero las sufragistas fueron encarceladas y recibieron el mismo trato que los delincuentes comunes. Ellas protestaron con estrictas huelgas de hambre. La misma Pankhurst pasó largas temporadas en prisión entre 1908 y 1913, su protesta fue dejar de comer. En aquellas ausencias, su hija Christabel dirigía la organización desde su exilio en París (Schneir, 2012).

Las sufragistas sufrieron enormemente en su lucha, aun cuando todos se indignaron por el trato que les daban, las dejaban libres por un tiempo y cuando mejoraban un poco las volvían a encarcelar. El 13 de noviembre de 1913 en Hartford, Connecticut, frente a miles de personas, Emmeline en un discurso titulado “Libertad o muerte” se autoproclamó como un soldado que ha abandonado temporalmente el campo de batalla, eso cambió la vida de muchas mujeres, ya que logro encender en ellas esas ganas de modificar su realidad opresora. Dicho discurso fue con el fin de explicar qué es la guerra civil y cómo es cuando la libran las mujeres: “Fuimos llamadas militantes por hacer eso, y estábamos dispuestas a aceptar el nombre, porque la militancia para nosotras es de larga tradición; Estábamos decididas a presionar esta cuestión de la emancipación de la mujer hasta el punto de que ya no estamos para ser ignoradas por los políticos”, -Emmeline Pankhurst.

Tiempo después, en 1914 la WSPU superó los 100 mil miembros. Emmeline dejó sus ideales socialistas para solo buscar el voto para la mujer. Una semana antes de morir (14 junio, 1928) ya era candidata por el Partido Conservador en las elecciones locales y por si fuera poco el parlamento ya había aprobado el voto femenino.

Es recordada hasta hoy con su propia estatua en los Victoria Gardens de Londres; y en la película Sufragistas, Emmeline es interpretada, como rockstar, por Meryl Streep, (Bartley, 2002).

“Estamos aquí, no porque queremos romper la ley, sino que estamos aquí en nuestros esfuerzos de convertirnos en creadoras de la ley”

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