En un país como México, sin brújula ni timón, hablar de previsión de conflictos, búsqueda de equilibrios de fuerzas, negociaciones y arreglos políticos, control de decisiones en zonas estratégicas, estabilidad y gobernabilidad, resulta más cuesta arriba que solo hacer frases ridículas al estilo de Enrique Ochoa Reza o montar bromas macabras, como las del guionista Miguel Ángel Yunes Linares.
La ley de las minorías corruptas e insaciables que actúan sobre la miseria y la ignorancia, y la visión oligárquica y delincuencial del poder, ha destruido los derechos sociales y ciudadanos. Las formaciones extralegales y los poderes informales han secuestrado, con la complicidad abyecta del llamado gobierno, las decisiones fundamentales del país y todo concepto de organización elemental de Estado.
La palabra democracia se ha pronunciado con tanta impudicia que ha servido para cualquier barrido o trapeado. Nos hacen sentir farsantes a todos los que nos sometemos a su arbitrio. La estabilidad y la seguridad nacionales están a cargo de sus verdugos, entregados a cualquier dictado extranjero. Son ya una moneda sin cambio.

México, un poco mejor
que Zimbabue; peor que Zambia

Los débiles gazapos de los mandatarios han sido revirados por los medios más influyentes del extranjero. No es posible, argumentan, justificar a un gobierno que está sentado sobre vastas reservas minerales y petroleras, tiene una inmensa costa marítima, un clima templado rico en tierras feraces y no hace nada para alimentar y darle techo a su pueblo.
De acuerdo con el Índice de Gini, la situación de México solo resulta un poco mejor que Zimbabue, peor que Zambia y muy alejada de la media de pobreza de todos los países de cualquier organización internacional a que se desee pertenecer. Los mexicanos más pobres están fuera de cualquier clasificación académica o internacional aceptable.
El pueblo le ha perdido el respeto al poder. El presidentito de Atracomulco y sus tres poderes sometidos se enfrascan en una lucha sorda por los privilegios, mientras postergan el apremio popular, la solución a lo importante, la defensa de la soberanía, la creación de empleos, la producción alimentaria, el combate a la enfermedad y los valores de la nacionalidad.

Somos un país despedazado,
hecho trizas por los toluquitas

Los modelos políticos más atrasados son los más vulnerables. Estáticos, son invadidos por parálisis estructurales, turbulencias económicas financieras y de cualquier tipo, y son incapaces de enfrentar condiciones de competitividad y productividad que su andamiaje envejecido no les puede proporcionar.
Somos un país despedazado, hecho trizas por mercaderes dedicados a socavar nuestras fuentes de identidad: a falta de un sistema político adecuado a los desafíos del presente, presenciamos impávidos el imperio de la delincuencia sin freno, medios de comunicación que elevan al nivel del paroxismo mensajes ridículos… que envenenan el pensamiento popular, que alimentan una dependencia monoexportadora que no alcanza a cubrir el déficit del gasto burocrático, alientan la atadura a generosas remesas que envían los trabajadores expulsados al extranjero por un deficiente sistema económico, y la rendición paulatina de la democracia para recalcitrar el despotismo.

Y los partidos cambian
constantemente de identidad

Dentro del sistema político mexicano, así concebido por los intereses dominantes para ajustarlo a sus necesidades de remuda y estridencia, ningún partido político de los existentes tiene un compromiso claro frente a sus bases electorales ni frente a la nación en su conjunto. Todas son formaciones al contentillo. Todas deben obedecer a la coyuntura que exigen las ambiciones.
Es por eso que constantemente están cambiando de posición ideológica, porque no tienen alguna muy definida. Movibles permanentemente, las formaciones o franquicias pierden y recobran clientelas al son que les tocan desde las cúpulas del gobiernito. Usted sabe, son siempre necesidades de Estado, ejem, ejem.

PRD y PAN, se desdibujaron
por el Pacto por México

Cuando llegaron al poder los tolucos y pachuquitas sin idea de qué se trataba esto, firmaron apresurados el Pacto por México porque era una necesidad ineludible de legitimar su arribo, a falta de programa de gobierno o idea de mandato. Nunca lo habían hecho saber, y ninguna autoridad electoral se los había pedido, usted sabe.
El PRD y el PAN fueron atraídos hacia ese banderín, con la consecuencia lógica que las franjas tradicionales de esas formaciones se sintieron traicionadas por los aventureros firmantes del documento, y abandonaron de inmediato las filas para engrosar el nacimiento de Morena.
Lo mismo pasó al interior del PRI que fue verdaderamente asaltado por los oportunistas que le ofrecieron esa “salida ideológica” a Peña Nieto. El PRI había abandonado su declaración de principios nacionalista, se había entregado en manos de los subastadores del patrimonio nacional, y sus cuadros proverbiales, sintiéndose traicionados, abandonaron el partido, al grado que hoy ya ni sabe con qué tipo de acarreados llena sus actos.
Lo mismo había pasado anteriormente, cuando el PAN fue asaltado por los gerentes de los Bárbaros del Norte y abandonó las corrientes doctrinarias del partido. Los panistas de antaño se regresaron a sus bufetes, como pasó con Luis Calderón Vega, decepcionado de su hijín, el beodo Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.
Los ambiciosos del Partido Verde se encuentran ante la disyuntiva de saber si permanecen como comparsas del PRI, o les ha llegado el momento del parricidio, para ir en pos de quien les ofrezca mejores prebendas, pues usted sabe, le dieron el triunfo apenitas a Enrique Peña Nieto, en los comicios de 2012, unos de los más ralos de la historia moderna.

En 2018, del PRI no van a quedar ni cenizas

Pero ahora las cosas están pintando diferente. La gente está hastiada de la partidocracia tradicional, pues se ha dado cuenta que todas las franquicias representan más o menos las mismas aberraciones, y están sujetadas por los mismos mecates del pandero. Les dicen apoya y brincan. Las votaciones en las Cámaras lo han comprobado fehacientemente.
De seguir las cosas como van, asistiremos a un panorama político nucleado alrededor de dos fuerzas efectivas: la izquierda emergente de Morena y la derecha tradicional panista. Del PRI no van a quedar ni cenizas, el Verde depende de la sagacidad de sus dueños para buscar al nuevo pastor, los evangélicos del PES tienden a desaparecer igual que como llegaron, y los maestros que aún quedan en el Panal jalarán hacia Morena. La suerte del PRD, del MC y del PT depende de sus alianzas con las formaciones originales.

2018: el binomio de siempre, la derecha y la izquierda

Es el mismo panorama francés, que ha hecho desaparecer a los partidos tradicionales de izquierda y derecha, para ubicar en la palestra a nuevas formaciones, que tengan algo que decirle al electorado, algo que suene real o novedoso, así se trate de las mismas posiciones, pero recalcitradas.
Los saldos del PRI, el Verde, el Panal, el PRD, el PT, el PES evangélico, fundamentalmente presbiteriano, deberán buscar los cauces entre los nuevos nucleadores: Morena y PAN, o sea el binomio de siempre, la derecha y la izquierda que lograron mantener sus tradiciones ideológicas o no se movieron demasiado entre sus bases electorales.

Requerirá que se legisle un nuevo sistema de gobierno

Para 2018 en términos duros de las franquicias electorales prevalecientes, la lucha ya no será por ganar, sino por no perder el registro, y seguir dentro del presupuesto. La lucha será a muerte, pero ya no por el poder, sino por el derecho de piso a seguir medrando del erario, como entidades de interés público, usted sabe.
Pero aún más, el nuevo panorama político, nucleado alrededor de dos fuerzas principales, va a requerir que se legisle sobre un nuevo sistema de gobierno: el parlamentarismo, que detenga la pulverización acelerada del país, más un sistema electoral de segunda vuelta, que permita ir ajustando las condiciones del electorado a su nueva realidad política.
Ese sería por fin el resultado del atraco mexiquense. La única solución posible para librarnos del fantasma de la apatía y la abstención paraplejica, que puede destrozar a cualquier país, o llevarlo directo a un enfrentamiento entre hermanos. Es el auténtico testamento de esta bola de palurdos y mentecatos inservibles.
Nadie sabe para quién trabaja. Menos, mucho menos ellos.
¿Y hacia dónde va el palurdo de Los Pinos?

Índice Flamígero. “¿Amistoso interés o simple y llanamente intervencionismo?”, se pregunta don Rubén Mújica Vélez en su colaboración de hoy. Y da elementos para responder a la interrogante: “1.-John Kelly (secretario de Seguridad yanqui): ‘un presidente de izquierda no sería bueno ni para México ni para EU’ (Para México es pésimo un energúmeno yanqui). 2.- El Comando Sur de los EU patrullará, brindara seguridad e impedirá migración ilegal con los ejércitos de México y Guatemala, en la frontera de estos dos últimos países. (¡Remember el aviso del general Lázaro Cárdenas ante el intento yanqui de desembarcar en Baja California, so pretexto del peligro nazi en la segunda Guerra Mundial). 3.- Roberta Jacobson, actual embajadora de EU en México, publicó (La Jornada 3 04 2017) un artículo ‘El Silencio Ensordecedor’ (¡Remember Henry Lane Wilson!) ‘Cereza del Pastel de la Sumisión’: Trump: ‘Primero Estados Unidos’. Trudeau: ‘Primero Canadá’. Peña Nieto: Silencio.” ¿Intervencionismo? + + + Patético es el calificativo que mejor calza a Enrique Ochoa Reza, el pelele de Luis Vi(rey)garay al frente de lo que queda del PRI. Incapaz de generar una idea propia, rapta frases pronunciadas en otras épocas, bajo otras circunstancias –comparar a AMLO con Hugo Chávez, por ejemplo– o se apega a los guiones de personajes de otros partidos, como Miguel Ángel Yunes, quienes además le producen el material con el que sustenta sus decires. ¿Con él irá el PRI a su derrota en 2018? + + + Bajo el hashtag #TANGO, en redes sociales circula esta comunicación militar: “En los últimos días, surgió un escándalo que involucra a las Fuerzas Armadas en el tema de Derechos Humanos. La violación de derechos humanos por parte de militares es un tema muy conocido y no se debe de ocultar; sin embargo, no es para justificar el actuar de nuestros hermanos de armas, solo diré lo siguiente y queda a criterio de la sociedad. Los soldados ya estamos cansados de toda esta ‘narco-guerra’ de capturar crimínales y que en poco tiempo salgan libres porque las demás autoridades no hagan su trabajo. Estamos cansados de ver como emboscan a nuestros compañeros de forma cobarde y que ninguna autoridad, ONG o DH. Hagan algo. Estamos cansados, de que nos acusen de ‘uso excesivo de la fuerza’ cuando combatimos a los narcos, pero cuando el narco nos ataca en poblados llenos de civiles con todo lo que tiene, nunca se dignen siquiera a investigar. Perdemos compañeros en esta guerra y eso aunque eso no debe ser motivo de venganza, siempre nos dejara a nosotros ese dolor, ese dolor de ver hermanos caer y que nadie haga algo; porque somos nosotros los que salimos a partirnos la madre con los sicarios, no tu defensor de derechos humanos, no tu miembro de alguna ONG que nos acusa de lo peor, no tu que te quejas de nuestro trabajo en la comodidad del hogar. Hemos perdido compañeros que han sido levantados estando en su día libre y los han torturado hasta matarlos, han matado a las familias de nuestros compañeros como represalia ¿Creen que eso no nos duele? y sé que no faltara el que diga ‘si no pueden con su chamba, sálganse’ y quien lo piense le pregunto ¿Que espera para tomar un arma y combatir al sicario? A ver si es tan fácil como dicen. Claro que podemos con este trabajo, pero nos atan las manos como si nosotros fuéramos los enemigos. Queremos que el país sea mejor y si para lograrlo hay que morir o quedar mal de por vida, con gusto aceptamos el precio; pero no echen Nuestro sacrifico al carajo. Hemos tomado medidas drásticas para combatir al mal, pero si tanto les hiere que violemos los derechos humanos del sicario “inocente”, entonces hagan la chamba ustedes. Pero que sociedad tan doble moral e hipócrita tenemos, cuando unos soldados torturaron a una secuestradora para que dijera a donde tenía a una de sus víctimas, medio México se indignó; pero cuando la misma gente lincha a un ladrón o lo matan, hasta le aplauden. A todo esto, para terminar solo diré; que si mucha desconfianza nos tienen los Derechos Humanos y sociedad; mejor regresemos a nuestros cuarteles. Regresemos a los cuarteles, para que tengan la confianza de que nadie le tocara un pelo al sicario, si mucho aman a sus criminales; quédense con ellos y no vengan de rodillas a pedir que se haga algo. Quiero ver cuánto tiempo dura el país sin un soldado partiéndose la madre en la sierra y conteniendo este mal. Pero si les indigna nuestro actuar, no olviden que cuando la operación fue difícil y peligrosa, nunca dijimos que no y nunca dimos un paso atrás, pues muchos vivimos eso y lejos de salirnos, aquí continuamos solo para tener una oportunidad más de cambiar el país. Compañeros soldados y marinos, jamás pidan perdón por defender a su patria.”

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