¿De qué escribir cuando todo se pone más allá del negro? Terminado el quinto año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, la ciudadanía está condenada a escuchar una y otra vez “lo que cuenta”: puras cuentas alegres en materia de salud, educación, trabajo y demás temas que aquejan todos los días a los pobres mortales que habitamos este México próximo a celebrar sus fiestas patrias, que más bien parecen luctuosas.
¿Pesimista? No, a veces realista, porque cómo ser optimista cuando los medios se encargan de terminar con nuestra sonrisa todas las mañanas, todas las tardes, todas las noches: asesinados, delincuentes impunes, políticos corruptos y cínicos, criminales y víctimas del narcotráfico, Trump y su política antiinmigrantes latinos y mexicanos preferentemente, amenazas de guerra mundial, contaminación, inseguridad, violencia feminicida, trata de mujeres y niñas, esclavitud sexual y para rematar, desastres naturales…
Sin duda, el tema de este periodo de informes no es lo que se ha hecho, que es insuficiente por cierto, sino todo lo que falta por hacer. Las enormes brechas en todos los ámbitos que se han generado a partir de la política económica de la década de 1980 para acá han generado socavones más grandes que los de la CDMX. El tejido social se ha dañado tanto, que los costos son en cascada y a la pobreza sumamos la desintegración de los valores, de la esperanza, de la solidaridad y la honestidad.
Los informes del presidente de México y del gobernador de Hidalgo deberían dejar ese tono triunfalista y apegarse a las necesidades de su población. Facturar lo hecho, que no está mal, pero reconocer que falta y mucho más de lo que apenas pueden hacer. Hablar de poner orden en la política, las políticas y los políticos porque de ello depende el presente de las nuevas generaciones que empujan y sueñan legítimamente con un mundo mejor que el que se les está heredando: lleno de polarizaciones, de pobreza y descomposición social y ambiental.
Honestidad sería mucho pedir en sus discursos e informes, pero algo más deberían hacer que ocultar el Sol con un dedo, o dos. La vida es difícil con esta cultura del no pasa nada, de decir mil veces una mentira hasta que suene como verdad.
Podríamos comenzar con reconocer que la atención a la salud es insuficiente y el sistema sanitario endeble porque se han recortado recursos sobre recursos y favorecido la automedicación. Decir que los 2 millones de empleos que se presumen en estos cinco años no abaten el recorte que desde hace décadas se hace año con año y ha generado el comercio informal, el empleo informal y la enorme migración de fuerza de trabajo valiosa que enriquece a la nación de Trump. Manifestar un poco de pudor y vergüenza ante la falta de expectativas de los jóvenes en este país y que los pone en situación vulnerable ante industrias exitosas como el narcotráfico.
En fin, darse por enterados del país y del estado que dirigen. Evidenciar que han vivido y visto más allá de sus situaciones de privilegio, porque todo dirigente debería como mínimo exigible saber, ya no de la historia, la gran historia, de literatura, de ciencias y de muchas más linduras, sino de la gente, de las comunidades, de las necesidades básicas, aunque no sean las suyas por haber nacido y crecido en circunstancias privilegiadas frente a la gran mayoría de este país que hoy suma la mitad en pobreza: 60 millones de mexicanos.
Así que, ¿qué se puede decir, escribir o gritar, más allá de la realidad que se expresa no con palabras y discursos sino con evidencias reales y palpables en los semáforos, en las cárceles, en las calles y en muchos rincones de esta capital y de todo México?
Quisiera decir que tenemos esperanza pero ante las próximas elecciones escucharemos que existe y que debemos refrendarla para que ellos, los políticos de siempre y de todos los partidos, sigan repartiéndose este país, no para solucionar problemas sino para “acabárselo” como si fueran inmortales y tuvieran vida para derrochar lo que nos roban y nos escatiman. La esperanza existe si nos volvemos conscientes de la urgencia de hacer real una democracia donde de verdad nuestra voz y necesidades cuenten. La moneda siempre ha estado en el aire y seguimos creyendo que algún día seremos ganadores. Es hora de apostar, pero no a la suerte, sino a la acción y al compromiso proactivo. Solo así podremos saltar del negro al blanco, o al menos instalarnos en los matices.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.