Hace poco más de seis años, mi columna se publicó en blanco, literal. Recuerdo haberle explicado a la directora del medio en ese tiempo, Elsa Ángeles, mi objetivo sobre el espacio sin contenido: era una forma de manifestación sobre la indignación, la sorpresa, las sin palabras que propiciaban los acontecimientos: la violencia feminicida, la indiferencia y la impunidad. Y así se publicó con un cintillo negro atravesado.

Años después, hoy, siguen creciendo las cifras de violencia e impunidad, pero también la actitud de “voltear para otro lado”, y esto va del presidente de este país a la ciudadanía. No hay pronunciamientos mundiales sobre el horror de la inseguridad y vulnerabilización-vulnerabilidad de las mujeres, no hay políticas o programas especiales para atajar esta barbarie, tampoco hay funcionamiento eficaz de las instancias para atender estos problemas y mucho menos una eficiente aplicación de leyes. Publicar en blanco, no ejerce presión, menos conciencia.

Días duros los actuales, de cisma y cambio. Todo se mueve y todo se evidencia. La pandemia sanitaria, los escasos recursos, el desempleo galopante, la violencia social y la violencia contra las mujeres, la corrupción, la discrecionalidad política, las escisiones de grupos, el desmoronamiento de una forma de vida.

El viaje vivencia parece, repasado y recordado así, circular y vicioso. ¿Hay esperanza? No lo sé, para muchos sí, para otros no y para la mayoría la incertidumbre reina la cotidianidad. ¿Qué queremos? ¿Qué esperamos? ¿Qué deseamos y qué hacemos para lograrlo? Tal vez hacemos y logramos muchas más cosas de las que nos enteramos, porque hoy la bendición de la tecnología y los medios se centran en la sangre, el escándalo, la vida vacía y fallida. Los medios siguen siendo un portal de percepción y conocimiento de la realidad y cuando prendemos la TV, sintonizamos la radio o nos conectamos a Internet y sus redes sociales, estamos atisbando el mundo pero no cómo es sino como lo “pintan” los dueños de los medios, sus comunicadores, sus productos infocomunicativos. Esa potencialidad de vernos, reconocernos y enriquecernos con las bondades luminosas de los medios, se pierde. Más vale apagar la TV antes de los noticieros, o ver programas “amables” que nos “saquen la risa”, que nos permita olvidarnos de tanta podredumbre.

Los medios hoy, como nunca y más que siempre, son clave para la acción y renovación social, pero solo es posible si el público, las audiencias, toman iniciativa y su papel para exigir contenidos que nos nutran, que nos informen y, claro que sí, que nos entretengan y diviertan, pero desde una ética fundada en la cabalidad, el profesionalismo y el compromiso social.

Hace unos meses, en mayo de este 2020, nos alegrábamos y dimos la información sobre la inconstitucionalidad declarada a las reformas al artículo 256 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Este tema representa una ganancia sin precedente porque marca la pauta para garantizar el derecho de contenidos que necesitamos y queremos las audiencias, se deja fuera la discrecionalidad de los concesionarios para autorregular sus mensajes, de acuerdo a sus intereses y “percepción” del público de medios electrónicos. El punto es hacer realidad la voz y voto que defensoras y defensores han ganado para nosotros, el público.

La Asociación Mexicana de Defensorías de Audiencias (AMDA) ha dado una batalla de convicción y desde las defensorías de los medios públicos han gestado y generado cambios en su programación, en su perspectiva y han incluido sectores y temas históricamente ignorados. De esto, los grandes medios no hablan. Esto no vende. Por ello es necesario incluir cada vez más y mejor los logros, las transformaciones para no creer y pensar que seguimos en “blanco”. Con todo y la desgracia del desvanecimiento del mundo como lo conocemos, hay mucha gente trabajando y esforzándose por usar y visibilizar la luminosidad de los medios, de la tecnología y las herramientas del siglo XXI.

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Josefina Hernández Téllez
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.