The concert for Bangladesh, George Harrison

Kosiński pertenece a la rara especie de creadores cuyas novelas bien merecen un lugar de más prestigio que la memoria ha optado por darles. Quizás una de las peores tragedias del autor fue la constante traducción de títulos, así como de las adaptaciones cinematográficas, bastante chabacanas, vertidas más bien en la obviedad de las anécdotas que su narrativa relató. Recuérdese una de las últimas interpretaciones de Peter Sellers en Un jardinero con suerte (Being there), quien ya había salido del cajón exclusivo de la comedia con Lolita, de Kubrick y gracias a su papel en Un jardinero… se hizo acreedor al Oscar de ese año.

En Desde el jardín, Kosiński narraba la existencia pacífica del jardinero de un potentado, quien había vivido la misma vida desde su más tierna infancia y desconocía cualquier otra cosa, excepto lo que veía en la televisión. Un día, el hombre de negocios muere y tanto su casa como bienes son intestados por un banco, lo que consigue que el jardinero salga a la calle, pero dado que se trata de un hombre con rasgos limítrofe, deambula por negocios, barrios y escaparates, hasta que la suerte da un giro y el jardinero se transforma en Chancey Gardener, huésped temporal del presidente de Estados Unidos.

Con esa fantástica mordacidad que lo hizo recipiente de admiración y desprecio por igual, Kosiński desarrolló narraciones que casi siempre rompían con la anécdota tradicional, además de personajes que siempre se caracterizaron por atípicos y muchas veces marginales. De no ser porque Hal Ashby le ganó los derechos, Luis Buñuel se habría hecho cargo de la adaptación de Desde el jardín.

En esa línea de anécdotas que rayan en lo improbable, Kosiński emprendió una de las novelas más logradas y difíciles que hubiera ensayado hasta entonces En busca de Goddard (Pinball). En ella, un compositor de grandes vuelos, quien un día ve truncada su carrera, se hace a la tarea de descifrar la identidad de un tal Goddard, quien se ha elevado a la catería de mito entre los compositores contemporáneos, pero nadie sabe a ciencia cierta de quien se trata.

Reforma

Uno de los aspectos más fascinantes de la novela, consiste en que mediante análisis musicales de altos vuelos, que de inmediato se lee y reconoce, solo pudo escribirlos un conocedor con formación académica sólida y bien consolidada, Kosiński hace un análisis detectivesco de los posibles rasgos de quién podría estar detrás de la composición de la obra de Goddard, incluso los movimientos que hace, incluidos los cambios de residencia, así como la evolución del personaje a medida que madura, todo a partir de su música.

Durante toda la novela, que además se desarrolla desde la amargura y un dejo de nostalgia por lo que ya no va a volver, Kosiński tiene el buen gusto de ocultar que la novela se trata de un ajuste de cuentas que decidió el escritor a propósito de George Harrison, en quien se inspira la novela y además fue amigo del autor. Aunque la novela se publicó en 1982, sus orígenes se remontan a 1972, cuando recién comenzó a elaborar los borradores de la novela en que se convirtió Pinball.

Por esas fechas, Harrison estaba desarrollando el Concierto para Bangladesh, luego de que Woodstock constituyó por sí solo un parte aguas de grandes vuelos, salvo que en el caso de Harrison era la oportunidad ideal para divulgar uno de sus intereses más claros en torno a la cultura oriental y cómo sus valores deberían estar presentes en occidente.

El único dato que podría revelar la identidad del músico, además de sus constantes reclamos hacia una época en la que gozaba de éxito y satisfacción, es el eventual encuentro con una estudiante de origen africano quien aspira a ejecutar conciertos en piano, pero su voluptuosidad y sensualidad contribuyen a que no se le tome en serio, cosa que ya por sí sola merece la atención del protagonista y dirige su formación antes de presentarse al examen que cambiará su vida.

Por un afán regular de disminuir tanto su talento como sus virtudes narrativas, la crítica anglosajona acostumbró despedazar su obra, tildándolo de plagiario, hasta que la insuficiencia cardíaca, un hábito tardío como levantador de pesas, así como una bolsa de plástico en la cabeza para autoasfixiarse, concluyeron con la obra de uno de los escritores más novedosos y hechizantes del siglo XX.

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