Hace apenas unos días Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México, aprobó el “uniforme neutro”, medida que permite a niñas y niños de la Ciudad, escoger cualquiera de las dos aplicaciones, falda o pantalón para asistir a la escuela. Eso traería diversas ventajas para el alumnado, desde permitirles a las niñas jugar con mayor libertad hasta derrocar la insistente correspondencia que tienen las prendas de ropa con el sexo y el género. A pesar de que la norma no obliga a las niñas a usar pantalón o a los varones a usar falda, se ha manifestado la desaprobación de ciertos grupos, especialmente de aquellos que califican a la medida como “ideología de género”, como por ejemplo, la que protagonizó nuestro expresidente Vicente Fox en Twitter el 3 de junio:

“Además quien es ella para marcar pautas, comportamientos, criterios. Aguas la 4ª y sus secuaces nos están robando la libertad de decidir, de vestir, de educar a nuestros propios hijos (sic)…”

Poniendo a un lado la mención directa a Sheinbaum, si la medida permite decidir usar falda o pantalón indiscriminadamente, ¿cómo eso es robar la libertad de vestir?, ¿es acaso que la cuarta nos ha quitado la decisión de imponer faldas a las niñas?, eso se siente como tener una conversación con una persona que no está hablando de lo mismo que tú.

La ideología de género parece ser entendida como aquella que busca la igualdad entre todas las personas y, aunque pudiera parecer una aseveración genial, puede resultar peligrosa. La idea de igualdad establecería entonces que no existen las necesidades diferenciadas y que todas las personas podríamos ser observadas y entendidas desde los mismos parámetros, claramente eso se derrumba cuando nos damos cuenta de que el uniforme neutro afecta los casos de niñas y niños de forma distinta. Con respecto a los varones, el uso de la falda se ha prohibido culturalmente por ser un símbolo de feminidad, no habrá peor castigo social para un varón heterosexual que aquel que el de ser identificado como un hombre femenino o una mujer, poniendo en duda su orientación sexual y su masculinidad.

En el caso de las niñas, no solo tendríamos que hablar de la hipersexualización, que hace referencia a dar mayor valor a aquella persona que cumple con los requisitos de lo que se considera deseable: el uniforme escolar, sobre todo el de las niñas, se convierte en objeto de deseo, y evidencia de eso es su aparición en las producciones de contenido para adultos. Es necesario mencionar también de la constante hipervigilancia que requiere utilizar una falda cuya longitud se limita a cubrir las rodillas. Las niñas deben tener constante cuidado de no exponerse, lo que las limita en actividades de recreo como los deportes o aquellas que requieren activar el cuerpo. En ese sentido, se observa que el uso del espacio en los patios de recreo suele estar dominado por los varones, mientras que las niñas se reúnen en las periferias. Si ellas tuvieran la oportunidad de realizar más actividades de activación física, permitirían no solo la mejora de su salud física, sino también la oportunidad de establecer relaciones sociales: el juego en la infancia es clave para comunicarse con el mundo.

La importancia de la expresión de la identidad es fenómeno profundamente personal, con esa medida, las niñas y niños tendrían la oportunidad de escoger la ropa con la qué asistir a la escuela, aquella que les garantice la comodidad tanto física como emocional. Eso significa que hay dos grandes retos que enfrentar, el primero de ellos, el entendimiento de que niñas y niños tienen el derecho de tomar decisiones y madres y padres de familia deberán asegurarse de que esas decisiones sean conscientes y bien informadas; en segundo lugar, tener en claro que la elección de vestimenta no deberá ser motivo de burla o discriminación, sino de profundo respeto a las demás personas.

La medida del uniforme neutro no pretende ser una solución a los problemas sociales a los que nos enfrentamos como país, sino una que permita a niñas y niños la oportunidad de convivir en un espacio que lucha contra la segregación. Esa oportunidad no debe estar basada en opiniones, sino en el conocimiento y la crítica del mundo que hemos construido.

Hidalgo, tenemos tarea.

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