Inicio Especiales en el camino andamos

en el camino andamos

813

Heriberto y el arte de dar color a la vida

Su caso

Amar una vocación

La firma de Heriberto Baños está plasmada en una de las instituciones más emblemáticas de esta entidad, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, donde laboró y al mismo tiempo dio vida a través de los colores durante 37 años; inició en 1979 en el área de difusión cultural como diseñador y recorrió los pasillos de eventos especiales, la editorial universitaria, la imprenta, y culminó su vida laboral en el archivo general formando parte de las leyendas de la UAEH. Sin embargo, su historia va más allá, su historia se trata del amor a la vocación e inició cuando decidió que dedicaría su vida a un arte que lucha cada día por destacar: la pintura.
“Mi primer empleo fue a los 14 años en Hilaturas Pachuca, una fábrica que hoy ya no existe en donde se ubica plaza 2000. Solamente terminé la secundaria, pero desde niño supe que quería dedicarme a pintar, aunque sé que me falta mucho para considerarme un pintor.”

La jubilación en México es un reto al que se enfrenta una parte privilegiada de la población adulta mayor. Significa el fin de la vida laboral, pero para algunos, el inicio del desarrollo de sus verdaderas pasiones y vocaciones. Esta es la historia de Heriberto Baños, quien dedica sus días y noches a dar forma a la belleza con un pincel en las manos

Después de permanecer en algunos empleos por necesidad, la universidad lo adoptó como hijo pródigo para embellecer su escudo, dar vida a los diseños de obras de teatro y algunas portadas de libros. En 1981, sus diseños lograron llegar hasta El Paso, Texas junto con la obra teatral Fuenteovejuna, pero su misión principal fue perpetuar el símbolo principal de esa institución, la garza, mediante múltiples pinturas y grabados.
“He creado diversos diseños de la garza principalmente por mi hermano Liberio, a quien debo mi vida laboral en la universidad. Él siempre me motivó a continuar con mis pinturas; a veces mi trabajo ha sido poco importante para algunas personas, recuerdo que una ocasión pinté un par de cuadros para una de mis hermanas y tiempo después de visita en su casa descubrí que los tenía olvidados detrás de la estufa, sentí mucha tristeza, en cambio Liberio siempre tuvo fe en mí.”

El 22 de noviembre del 2000, la vida, Dios, o el destino lo separaron de su compañero de batallas, cuando Liberio Baños Hernández, abogado de profesión, falleció en un accidente automovilístico, cuatro días antes de ingresar a laborar a la Procuraduría General de la República.
“Las etapas en mi vida han sido muy drásticas y la muerte de mi hermano es una herida permanente en mi corazón, desde niños fuimos uno mismo, siempre juntos; Liberio me enseñó a amar la vida y a la universidad donde también trabajó. Todos los días lo extraño.”

El don de la disciplina

Heriberto Baños no es supersticioso pero cree en luchar por los sueños y cuenta que la ilusión de sus padres se hizo realidad cuando recuerda que siempre anhelaron tener un hijo político, uno que trabajara en la compañía de luz y un pintor.
“Liberio fue abogado y tuvo que ver en la política, mi otro hermano es contador y trabajó en la compañía de luz y yo fui el pintor; nunca quise estudiar otra cosa que no fuera pintura, pero como en aquellos años no se podía estudiar eso en Pachuca, decidí no hacerlo. Aprendí muchas técnicas con grandes maestros, Jesús Mora Luna entre ellos.”

Después de 37 años de servicio y 62 de edad, los malestares físicos lo alcanzaron y hoy padece diabetes, pero su motivación perdura en la pintura, “siempre me gustó ser disciplinado; la pintura es parte de mí, es la piel de mi cuerpo y el 99.9 por ciento de mis trabajos son originales. La pintura es una expresión de lo que uno siente y quiere, el arte no tiene una definición y cada quien lo ve como decida. Siempre estaré agradecido con Dios y con cada una de las personas que me dio una oportunidad en la universidad, llevo tatuado el escudo en la piel”.

Esta es la historia de Heriberto Baños, un pintor con talento natural que dedicó su vida personal y laboral a amar el arte y a nosotros su historia nos recuerda que tenemos espíritu pero necesitamos temple.

 

La pintura es una expresión de lo que uno siente y quiere. El arte no tiene una definición, cada quien lo ve como decide; el 99.9 por ciento de mis pinturas son originales; la pintura es parte de mí, es la piel de mi cuerpo”

Comentarios