El regreso al espacio público luego de un largo confinamiento por la pandemia del Covid-19 supone tensiones que remitiré al espacio comercial, especialmente los tianguis y mercados. Las líneas subsecuentes fueron motivadas por la expresión de la señora que cada semana se presenta a mi puerta para ofrecerme productos de temporada; yo vivo en una colonia popular de trabajadores asalariados, en esta pandemia, la mayor parte de quienes habitamos hemos podido quedarnos en casa y convertirnos en clientes de vendedores y prestadores de todo tipo de servicios.

La confianza desarrollada hizo que doña Carmen expresara su contento porque de casa en casa agota sus productos (nopales, quelites, flores silvestres, huevos, etcétera). Es una mujer mayor de sesenta años, usa bastón y un carrito de mandado es el vehículo para llevar su mercancía “camino un poco más, pero sí vendo… nadie me pone mala cara”, ella miró mi sorprendida expresión para luego explicarme. Antes de la pandemia, su espacio de venta era el mercado de la Surtidora o a veces el Primero de Mayo, ambos ubicados en el municipio de Pachuca, pero siempre vive el riesgo de ser corrida por otros comerciantes ambulantes o por los inspectores que urgen el desalojo de la vía pública. La acción de los funcionarios municipales la justifican con la petición de los locatarios del mercado que argumentan competencia desleal.

A primera vista, la disputa entre los comerciantes de los mercados y tianguis es por la preferencia de compra de los clientes, cada vendedor ofrece su producto con la esperanza de convencer a la clientela, a su vez, los posibles compradores se esfuerzan por adquirir los productos que necesitan y se ajustan a su poder adquisitivo. Las posibles tensiones que ocurren en los espacios comerciales y entre los comerciantes no solo es consecuencia de la contracción económica asociada a la pandemia, no se trata de comerciantes locatarios y vendedores ambulantes, se trata de que todos ellos y nosotros estamos sujetos a dinámicas económicas y políticas que nos rebasan.

Pues, de acuerdo al modelo de movilidad social que se instaló en el imaginario colectivo hace algunas décadas, entre mayor nivel de escolaridad se acumulara, más alejados estaríamos de la pobreza, pero los modelos económicos seguidos por el gobierno mexicano, al igual que otros países, hicieron del neoliberalismo, la guía económica y de política pública. Se traduce en nuestra vida diaria, así, hogares cuyos padres alcanzaron niveles profesionales de escolaridad y accedieron al mercado laboral con prestaciones sociales, sus hijos, aunque logren estudios de nivel universitario no tienen la certeza laboral y menos aún la seguridad social.

Los comerciantes cuyo trabajo diario hizo posible el financiamiento de los estudios profesionales de sus hijos, saben que los salarios de su descendencia no alcanzan para apoyar las necesidades de la vejez de sus progenitores o la propia. Un ejemplo de ello es la presencia de adultos mayores en el comercio o como empacadores en los centros comerciales.

En situación de crisis, afloran nuestros rasgos culturales más arraigados como el racismo. Tal es una idea traducida en acciones en contra de personas cuyo color de piel es distinta al color del grupo dominante. El origen de esa idea se ubica hace 500 años, cuando los conquistadores justificaron su opresión, entonces, la piel blanca y ojos claros se asumieron como el color del grupo humano con todos los derechos. Llevamos cinco siglos de racismo y tres décadas de esfuerzos para desterrarlo, los resultados son mínimos, las actitudes racistas se exacerban según la víctima y victimarios. En época de crisis, el racismo se suma al clasismo que se expresan en: desalojo de vendedores ambulantes por competencia desleal, en el cierre de calles para convertir el espacio habitacional en privadas, en el incremento de los espacios y horarios exclusivos, en accidentes viales por revanchismos absurdos, en fin, espero que mis suposiciones sean equivocadas, pero nuestra historia se impone en nuestros actos porque el racismo está anclado a nuestra condición de pueblo colonizado.

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