La persistencia de la pobreza y de los altos niveles de desigualdad denota que el modelo económico basado en la transnacionalización de nuestra economía, ha generado las condiciones estructurales para que las inversiones de las corporaciones multinacionales encuentren nichos de desarrollo, cuatro son las categorías que determinan esas condiciones en las economías emergentes como la nuestra.
En primer término buscan recursos naturales, ya sea porque carecen de ellos en sus países de origen o por el fácil acceso a los mismos a menor costo y con menor regulación, sobre todo en materia ambiental.
En la segunda categoría se ubican las empresas buscadoras de mercados donde ofertar sus productos o insertarse en el manejo y distribución de los existentes, tal es el caso de Walmart, empresa que domina el mercado al menudeo en nuestro país, o el mercado del agua con un tamaño de 29 mil millones de litros anuales, mismo que se lo disputan Coca Cola con Ciel que tiene 28 por ciento, Pepsico con E-pura abarca 18 puntos porcentuales y el grupo francés Danone con Bonafont pretende dominar 40 por ciento; también participan Peñafiel que conservó su nombre pero es propiedad del grupo británico Dr Peppers Snaple Group, claro sin faltar el agua Pureza Vital y Santa María de Nestlé Waters y Grupo Modelo; todas ellas empresas extranjeras, cuyas ganancias se van al extranjero.
En la tercera categoría están las grandes empresas buscadoras de eficiencia optimizando su estructura operativa, con actividades geográficamente determinadas como economías de escala, de alcance y de aglomeración logrando diversificar el riesgo, aprovechando la mano de obra barata, que en México es abundante.
Condición de buen desempeño según el brillante economista José Antonio Meade, secretario de Hacienda: “Nuestra economía tiene una gran resistencia ante la situación internacional porque tiene un buen desempeño gracias a su mano de obra barata”; lo que explica que la riqueza de uno por ciento de la población es consecuencia del empobrecimiento de 99 por ciento de los mexicanos”.
En la cuarta categoría están las buscadoras de activos estratégicos y tecnológicos, tienen como propósito la adquisición o fusión con otras empresas, ya sean locales o globales, para añadir a sus plantas activos determinantes para incrementar la competitividad a la cadena global de valor de la cual forman parte.
Ese proceso incluye el aprovechamiento de la infraestructura científica y tecnológica, tanto del país como de la internacional, para seguir generando conocimientos y tecnologías, cuya aplicación dan mayor valor agregado e innovación a sus procesos y productos, detentando la propiedad intelectual de los mismos, logrando con ello el dominio de los mercados donde participan.
Esas cuatro categorías crean las condiciones socioeconómicas para que las grandes empresas logren una alta rentabilidad. Sin embargo, los efectos negativos se registran en la mercantilización de los derechos humanos, como en la profundización de la desigualdad y pobreza de los mexicanos.
La protección social (Cepal 2017) es un derecho ciudadano, donde más que de una estructura institucional, se trata de un acuerdo político, que en México no se ha dado, para resolver los conflictos sobre los derechos, los recursos, las formas de distribución y el diseño institucional, y el reto de la solidaridad, como elemento crucial para avanzar hacia coberturas universales.
La dicotomía de este modelo transnacionalizador y neoliberal, es la forma de enfrentar los riesgos resultantes del mercado versus protección social, siendo esta última la que ha venido perdiendo la batalla. El precepto neoliberal lo expuso Jaime Serra Puche en 1994, pero hoy se aplica a pie juntillas “la mejor política industrial, es la que no existe, porque las todo poderosas fuerzas del mercado son las que corrigen errores y desviaciones”.
Eso explica la política de salarios bajos, como la privatización de los servicios médicos y la educación, al igual que ya lo hizo el agua; la jubilación, gran problema para los trabajadores, frente a un gobierno incapaz de encontrarle solución con sentido humano, ah pero eso sí, jubiló a José Ángel Gurría con un millón de pesos anuales a los 43 años.
La pobreza y la desigualdad persistirán hasta que no haya un cambio de modelo económico basado en la educación de alta calidad, una I+D+I intensa en empresas de base tecnológica y sobre todo una transferencia tecnológica y de conocimientos como estrategia. ¿Lo lograremos?

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