Ricardo R Baptista González

*¡Democracia de América Latina en peligro!
*Denuncia doble golpe
de Estado

Por atenta invitación de la Fundación para la Democracia asistí el pasado lunes 24 al inicio del coloquio América Latina: Política, Futuro, Igualdad, que con motivo del 50 aniversario del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales –Clacso–, se realizó en el bellísimo Teatro de la Ciudad de México; en donde participaron importantes líderes políticos y estudiosos renombrados, esta importante reunión de tres días ha marcado una importante revisión de lo que los gobiernos de América Latina han hecho bien y mal en sus gobiernos progresistas y de izquierda particularmente en el Cono Sur en los últimos 20 años.
El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en las intervenciones iniciales marcó muy claro el retroceso democrático en México, el fracaso de las reformas estructurales, los grandes problemas económicos y de inseguridad, así como la impericia de Enrique Peña Nieto para responder como jefe de Estado al belicoso Donald Trump. Por su parte, Marco Aurelio García, quien fue asesor principal del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, quien bien gobernó a su país de 2003 a 2010, hizo un análisis puntual de las políticas efectivas y de gran aliento que tuvieron para darle un vuelco a la situación de pobreza, la recuperación de su sector energético en favor del desarrollo y el impulso de una política social exitosa que los hizo avanzar sin obedecer los dictados de EU y de los organismos controlados por la derecha conservadora.
El profesor Augusto Castro Carpio de la Pontificia Universidad Católica del Perú hizo un recuento de los gobiernos exitosos como Argentina, Bolivia, Ecuador y otros que al igual que Brasil plantearon una ruta diferente a los dictados neoliberales, pero también fue muy puntual en criticar a los gobiernos y políticos de izquierda de usan los recursos públicos para hacer política y enriquecerse.
Dilma Rousseff –quien no acepta el término de expresidenta sino el de presidenta electa–, realizó un verdadero recuento de su gobierno, el entorno complejo internacional y las razones de su ilegal destitución, planteando que en Brasil fueron 13 años de gobiernos y políticas exitosas, pues estas redujeron la pobreza y la desigualdad que imperaba entre millones de sus compatriotas; un gobierno no de dádivas y despensas, sino con una política incluyente, contraria a las políticas de exclusión impuestas a los países de la región por el Fondo Monetario internacional –FMI– controlado por los gringos y sus aliados europeos, por ejemplo recalcó que en materia de salud lograron darle cobertura a mas de 63 millones de personas que antes no lo tenían, esa fue una política pública determinante, pues se trataba de incluir a los pobres en el presupuesto al lograr profundas reformas sociales. También modificaron el sistema de recaudación de impuestos, rechazando terminantemente que fueron medidas populistas sino más bien populares y todo se logró sin aumentar el gasto, pues además lo redujeron tapando la gran corrupción que imperaba.
Agregó que en el momento que la derecha conservadora y entreguista decidió destituirla, la economía brasileña estaba en su mejor momento, ya que contrario a lo que argumentaban los golpistas de que el país estaba en quiebra, se tenían las mejores cifras económicas cuyo crecimiento anual estaba en 7 por ciento; se tenía el sexto lugar mundial en reservas monetarias con 368 mil millones de dólares; no era deudor mundial y las obras de gran infraestructura y el empleo estaban en aumento; además el ejemplo de una ruta diferente para voltear a ver a los países latinoamericanos hermanos y construir otra relación, pero sobretodo, la formación de un polo de integración y colaboración económica; así como el impulso de una institución para financiar el desarrollo de las economías en desarrollo impulsado por el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), fueron las causales para poner en acción el plan para derrocarla a través del impechment que le iniciaron en el 2015 y culminó con lo que ella señala como un doble golpe de Estado.
La presidenta Rousseff afirma que ese golpe fue violatorio de la Constitución, ya que fue una estrategia desde el parlamento y de la cúpula militar, alentada por manifestaciones callejeras de la derecha recalcitrante y los senadores que ya estaban siendo investigados por corrupción –como el que inició las falsas acusaciones contra ella y hoy se encuentra en la cárcel, así como también del presidente impuesto Michel Temer, quien hoy está bajo investigación– acusando que ese golpe fue apoyado por el gobierno de Estados Unidos, pues el ejemplo que Brasil estaba dando al mundo, era riesgoso para el sistema de dominación neoliberal.
Hoy, todo esto se refleja en el retroceso de las conquistas sociales y el retroceso del crecimiento económico de Brasil y otros países como Argentina, que son laboratorios para detener la ruta del desarrollo independiente y sin tutelas; Rousseff terminó su magnífica conferencia diciendo que ese mal no durará mucho y que hay una cita nuevamente con la democracia en 2018 con Lula Da Silva, quien volverá a ganar ampliamente las elecciones para la presidencia de la República, por eso hoy, el nuevo intento de tratar de desprestigiarlo con acusaciones falsas de corrupción para evitar que llegue; igual que en México con Andrés Manuel López Obrador.

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