Pachuca.- Entre el cansancio de la desvelada y el calor del mediodía, trabajadores sindicalizados del ayuntamiento de Pachuca aguardan a las afueras de las 58 dependencias que desde el lunes colgaron las banderas rojinegras; en el sitio esperan impacientes que la alcaldía y su dirigencia logren acuerdos.

Es apenas la primera noche, pero el sitio para dormir es incómodo, el calor de la mañana difícil de soportar y la preocupación para aquellos cuyos hijos esperan en casa aumenta con el paso de las horas. Como sea, afirman que resistirán el tiempo que sea necesario, todo para conseguir que su salario incremente, pues a la mayoría no le alcanza más que para pasar el día.

“La presidenta dice que tenemos muchas prestaciones y que somos privilegiados, pero ella no dice que todo lo hemos conseguido con años de trabajo y esfuerzo; además, lo que le estamos pidiendo es muy poco, apenas para vivir un poco mejor, por eso es mentira que afectaría al municipio”, comenta un trabajador de limpias que acomoda unos pedazos de cartón para recostarse en el piso.

La solidaridad y el compañerismo es bandera en esta causa, pues aunque algunos no los conocen se acercan para dejarles un poco de agua, una cobija o algo que sirva durante su estancia en los puestos de vigía. A la par, sus compañeros de lucha ocupan parte de sus horas de descanso para llevarles comida o medicamentos, pues existen quienes a pesar de la enfermedad se sumaron a las guardias.

“Aquí el compañero estuvo enfermo toda la semana pasada, tenía mucha tos y catarro, pero con eso de que ya ni tenemos clínica tuvo que irse a la Cruz Roja y solo le dieron unas pastillitas que no le curaron nada, tuvo que gastar como 700 pesos en medicamentos y doctor, imagínese, prácticamente lo de su quincena que es de 800 y todavía está malo, por eso le trajeron medicinas”, relata un empleado de parque y jardines, mientras su compañero, el enfermo, asiente con la cabeza porque su voz está enronquecida.

En otro extremo, un grupo de alumbrado público fuma cigarrillos y comparte anécdotas alrededor de una fogata improvisada con un cajón de madera; por ratos ríen y se divierten escuchando a sus compañeros y en otros momentos discuten si la huelga podría concluir pronto o, quizá, tardará meses.

“Dicen que la alcaldesa no quiere negociar e insiste en dejarnos sin incremento, lo que es totalmente injusto porque el 3 por ciento que ella nos ofrece no sirve para nada, fíjese usted, hay quienes ganan 5 mil al mes, eso solo sería como 75 pesos más cada quincena, para qué alcanza en estos tiempos con eso, pero ella no lo ve porque está muy cómoda en su casa, mientras algunos de nuestros compañeros viven en casas de lámina o tienen que rentar”, afirma un trabajador del ayuntamiento, quien como los demás pide no revelar su nombre por temor a ser despedido.

La fogata se extingue y la noche se hace cada vez más pesada, el sueño vence a la mayoría que se acomoda al interior de las carpas, banquetas o rincones de la calle para encontrar un poco de calor, porque aunque la tarde fue calurosa, la noche deja sentir un poco de viento, el mismo que ondea las banderas de la huelga sin que estas caigan, pues resisten firmes, colgadas en lo más alto de aquella puerta de hierro forjado de la alcaldía.

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