Sin lugar a dudas estamos viviendo días de grandes contrastes y contradicciones en lo político. Esto nos causa incertidumbre y para muchos zozobra, que no hace más que aumentar nuestro desencanto y malestar con la política; es difícil leer lo que estos eventos políticos nos dibujan del futuro inmediato y de largo plazo, parece que las cosas siguen igual, pero al mismo tiempo cambian, nos queda la duda si estos eventos se pueden leer de la misma forma que lo veníamos haciendo hasta hace muy pocos meses o parecen algo distinto. Pero al mismo tiempo no, tal vez los queremos ver de otra forma, pero no nos deja tranquilo ese ánimo de transformación, ya que en lo íntimo sabemos que posiblemente es más de lo mismo. Queremos ver e imaginar distinto, pero la realidad se nos impone como ya conocida.

Los contrastes y las inevitables contradicciones son abismales, para lo que recordamos que hace 45 años, un 11 de septiembre, se destruía la democracia chilena en manos de aquellos que habían jurado defenderla por mandato constitucional, donde Salvador Allende, presidente electo por casi el 40 por ciento de la ciudadanía, declaraba a través de Radio Magallanes –la única estación de radio que no había sido silenciada– que no abandonaría el Palacio de Gobierno, ya que él defendería ante estos represores y traidores el mandato de la ciudadanía hasta las últimas consecuencias. Y así fue. Horas después abandonó la destruida Moneda, sin vida. No buscó su protección personal, no aceptó ningún ofrecimiento para abandonar el país con su familia a un lugar más seguro. Recordar a un líder político, que respetó hasta el último minuto de su vida el mandato de la ciudadanía y no lo cambió por ningún arreglo para proteger sus intereses personales –a pesar de lo adverso de la situación y de la angustiante y desfavorable relación de fuerza– hoy nos recuerda que la política la creamos desde nuestros inicios civilizatorios para hacer grandes cosas, las cosas más nobles para la vida de todos los seres humanos.

Este hecho nos contrasta duramente con la realidad de México hoy. En estos días hemos presenciado en las cámaras federales y las locales de varios estados, las prácticas políticas más antidemocráticas que podamos imaginar. La política trata de estar juntos, de reconocer las diferencias entre nosotros, pero preservando la posibilidad de un futuro colectivo, ningún proyecto excluyente logra llegar a buen puerto, las evidencias están en la historia, ninguna dictadura militar de América Latina está hoy en pie. La democracia hoy campea por todos los rincones del continente y nuestra idea de la política es más elaborada; sabemos que la buena política puede hacer de todos nosotros algo mejor, ya que podemos construir sociedades más justas y desarrolladas.

Esperamos que nuestros representantes comprendan, como todos los ciudadanos lo hacemos, que los tiempos han cambiado, que las soluciones a nuestros problemas las queremos hacer de otra forma, ya no como en el pasado. ¿Cómo esperan que estemos tranquilos y contentos, cuando una minoría pretende seguir tomando las decisiones para todos, relegando el valioso y poderoso mandato ciudadano al sótano del juego político? No somos ciudadanos imaginarios, somos reales y comprometidos con nuestra sociedad, como lo demostramos en el último proceso electoral.

Ningún actor político con apoyo mayoritario o no de la ciudadanía tiene un cheque en blanco para imponer intereses personales sobre las exigencias políticas de todos nosotros.

Un representante debe pensar primero en el mandato que le fue conferido por los ciudadanos y actuar en consecuencia, con el costo que esto implique y asumiendo la nueva realidad. Nadie se puede imponer sobre los escenarios que construyen los mismos ciudadanos a través de sus decisiones. Un político se debe a la ciudadanía, a la democracia, no a la imposición y a la simulación.

Como ciudadanos exigimos diálogo y debate abierto, democrático y con altura de miras sobre las nuevas condiciones políticas y las necesidades más apremiantes de todos. Lo que sea necesario reformar, cambiar y transformar nadie lo podrá detener.

Comentarios