Y en el Polo Norte

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Sí, la vieja abuela que lo vio y lo vivió y lo vio bien y lo bien vivió, dijo conocer de arraigado urdido cultural endémico en torno a cada pulcata, siempre ligadas a historias, a un sector del añejo mineral de Pachuca en donde el apestoso y embrutecedor producto del pulque fue “perpetuamente el ombligo del diablo”. Conocía que igualmente se guardaba tentador sentido ritual de acuerdo al templo o santuario del abrevadero, las muchas de las veces socorrían las dificultades sociales muy marcadas donde la miel del agave creció en su consumo por viles intereses económicos maquinados por la “trinca infernal” de caciques poblanos los Craviotos a finales del siglo XIX.
La ganancia que se obtenía por la producción, venta, permisos, contrabando, multas y cualquier favor violatorio de las normas y del interés público permitió que se generalizara el consumo, desde el destete de los niños, jóvenes, adultos, ancianos y mujeres, a pesar de las imposiciones monetarias conocidas en impuestos y alcabalas no lograron esconder la verdad de la bebida alcohólica dadora de dineros, le inventaron propiedades y prodigios hasta medicinales, llegando su consumo a ser un verdadero deterioro social, incluso se dijo que “el pulque alimenta el cuerpo, el alma y el espíritu y es complemento de la comida”.
El mineral de Pachuca llegó a tener cientos de empulcaderos y pulcatas, afirmó la anciana mujer que sobre el camino pedregoso que lleva a los reales mineros de Atotonilco el Chico y Real de Arriba Cerezo, en la plazuela del Carbón-C Doria en calle de Guerrero, ahí se encontraba la benemérita finca de ventas de pulques y curados con distinguidas letras “Al Polo Norte” enmarcadas con faustuosos adornos arabescos de circunvoluciones luciendo pinturas al temple en los muros de la entrada principal con hermosas guirnaldas floreadas, presumiendo franjas decoradas a la manera de frisos. En el interior sobre el piso de soleras de barro bermellón veíase aserrín espolvoreado, diminutas tarimas frente al mostrador, pequeñas mesas de formas enroscadas de fierros redondos con cubierta de maderas, los techos elevados con gruesas vigas de pino descascaradas y llenas de polilla, luciendo en una suerte de tendederos banderas y banderines de diferente color e ingeniosas decoraciones de papel china picado, en el muro de húmedos adobes mostraba devocionales nichos con imágenes de bulto de Nuestra Señora de las Angustias y el Señor del Sacro Monte alumbrados todo el tiempo con velas de cera y veladoras de cebo.
“Santuarios misteriosos de cautiverio del alcoholismo, del fanatismo e ignorancia” así los refería ella, en donde se citaba la “aristocracia” minera-jornalera de “cuicos y aguilitas, rurales y soldadesca” a embrutecerse con el espumoso néctar del maguey traído de los afamados llanos de Apan, esos fueron los llamados “mártires del pulque”. Al Polo Norte mazmorra alegre y rijosa por el entusiasmo de sus “hijos” dicharacheros aficionados a la bulla. Discreta, lugar de todas las hablillas de la vieja villa minera, lo que no se sabía se preguntaba y lo que no se preguntaba se sabía o simplemente ahí se oía.
Era noble por el compañerismo y respaldo de sus asiduos, llena de palabrotas; charlas picantes y dichos, de los que conoció la abuelilla pues refirió de una media mañana, de los primeros años de la segunda década del siglo XX, en plena guerra intestina mal llamada primera Revolución del siglo XX, que desde esa pulcata con la rapidez de la electricidad se regó la noticia por las plazuelas, empulcaderos y pulcatas de postín, carbonerías, tendajones, pajerías, tocinerías y panaderías, con un chillido agudo mujeres y chamacos gritaban acompasando, reteniendo la respiración y formando remolinos de gente, se escuchó que la Revolución había hecho justicia a los “pobres”, que con una cuadrilla armada de don Pancho… Villa habían fusilado al tal Miguel Bracho por disfrazarse de “roto”, al querer igualarse a los importantes porfiristas siendo del pueblo, dividiendo su tiempo y halagos al servilismo de los de arriba abusivos embriagadores y hambreadores políticos y dueños de laboríos mineros. Decían que el tal plumífero de Bracho lisonjeando y agradando a los disque letrados y del poder de la época de finales del siglo XIX y principios del XX, frecuentemente se miró alternando en fiestas, inauguraciones, tertulias y comilonas desde la casa de los Rules, hasta la de don Perico Rodríguez, se sabía por el mismo rumor que a un tal Pancho Hernández en 1901 el 26 de septiembre para cautivarlo le obsequió el libro Novísima guía universal de la Ciudad de México.
El cascabel al gato maúlla. El gobernador del estado, Fayad, empecinado con la reforma a la ley con la que pretenden socavar la autonomía universitaria, a través de un irracional órgano de control interno, con lo que revelan su alto grado de ignorancia de la legalidad y del significado y valor de la autonomía, e inconciencia del alcance de sus pretensiones. La reforma trascenderá para fortalecer los casi 60 años de autonomía universitaria en Hidalgo. Tarde o temprano dejará en ridículo al Poder Ejecutivo y al sometido Poder Legislativo, sujeto junto con el Judicial a caprichos. ¡Ah! Lo que sí deben atender con premura es la determinación y esclarecimiento de los latrocinios del exgobernador Pacorro, dichos ya en voces de este mundo en medios de comunicación ajenos a esta entidad.

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