El domingo primero de julio de 2018 Andrés Manuel López Obrador demostró la vigencia del adagio popular: la tercera es la vencida. Logró la presidencia de la República con una votación a su favor asombrosa. Más de 30 millones de mexicanos lo respaldaron. AMLO dejó atrás –segundo lugar– al panista Ricardo Anaya (39 años), al priista José Antonio Meade (49) y muy distante Jaime Rodríguez, identificado como el Bronco. Nacido en Tepetitlán, Macuspana, Tabasco, el 13 de noviembre de 1953, López Obrador desde joven fue irreductible político identificado con la izquierda. En dos ocasiones había sido aspirante a la presidencia y los resultados no le favorecieron al perder. Afirmó que había sido víctima de un fraude. Ejerció el poder como jefe de Gobierno del Distrito Federal entre 2000 y 2005. La gente lo apoyó. Es escritor, desde 1986 ha publicado 17 libros de análisis social y político.

En 2001 constituyó una Asociación Civil – Morena– y posteriormente 2015 a 2017 encabezaría el Movimiento de Regeneración Nacional –Morena– para lograr en 2018 una votación histórica con la coalición a la que se sumaron el Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES). Sus discursos le abrieron el camino. Dijo que no aspiraba a instalar una dictadura “abierta o encubierta” y que su pensamiento lo sintetizaba en “Por el bien de todos, primero los pobres”.

También: “Los cambios serán profundos, pero se darán con apego al orden legal establecido.

Habrá libertad empresarial, libertad de expresión, de asociación y de creencias”.

Otro pronunciamiento fue: “Llamo a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales, por legítimos que sean, al interés superior, el interés general”. El primero de diciembre de ese 2018 tomó posesión del cargo y no mucho después instauraría mañaneras conferencias de prensa. Sin guardar un orden cronológico, se recuerda que suspendió obras del que sería nuevo aeropuerto internacional de México, y cambió el escenario a la que era base de la fuerza aérea militar en Santa Lucía, que se llamará General Felipe Ángeles. Anunció magnas obras como la refinería Dos Bocas y el Tren Maya. Asimismo, paulatinamente, hizo transformaciones en su esquema de gobierno, como la desaparición del Seguro Popular, por el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi). Al mismo tiempo fue advertible que sus relaciones con empresarios mexicanos no eran muy cordiales, cuando se esperaban fuertes inversiones para revitalizar la economía nacional. En esos meses se produjeron algunos cambios de titulares en áreas sustantivas de la administración. Una de las últimas, sustitución en SCT de Javier Jiménez Espriú por Jorge Arganis Díaz. Relevos en Conavim de Candelaria Rocha; Mónica Maccise Rocha, Conapred; Carlos Ursúa, SHCP; Germán Martínez Cázares, IMSS.

Son las más comentados. López Obrador anunció pensiones para adultos mayores, que se están entregando, así como apoyos para jóvenes en tanto se preparan en algún oficio. Respaldo a escuelas con recursos entregados sin intermediarios a comités de padres de familia. Se inclinó por emprender una lucha contra la inseguridad y los actos violentos. Esta empresa no se ha satisfecho.

Hay estados como Guanajuato en donde aparecen con mayor regularidad informaciones de crueles atentados. No cejó en actuar contra quienes en sexenios anteriores presuntamente se involucraron en mal uso de recursos públicos. Fueron detenidos Juan Collado, Rosario Robles, – el hecho de mayor impacto, –Genaro García Luna y César Duarte. Entre estos apareció el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya. Tras meses de estar evadido un buen día se informó que regresaría a México en calidad de testigo para contar todo lo que sabía de sobornos en la administración de Enrique Peña Nieto. No pisó la cárcel, dio a conocer nombres, tanto del exmandatario como de quien fuera su secretario de Hacienda Luis Videgaray.

Entonces tomó fuerza, en la oratoria habitual de AMLO el hecho de juzgar a cinco expresidentes: Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto. Sugirió que a través de una consulta popular se decidiría si se actuaba o no contra ellos. A final será la Suprema Corte de Justicia la que dirá la última palaba.

En las mismas mañaneras ha sido insistente contra algunos medios de información a quienes les endilga el calificativo de fifis y en otros de pasquines. En respuesta, se publicó un desplegado signado por decenas de nombres con el título En defensa de la libertad de expresión, con un primer párrafo que refiere: “La libertad de expresión está bajo asedio en México. Con ello está amenazada la democracia.

El presidente López Obrador utiliza un discurso permanente de estigmatización y difamación contra los que él llama sus adversarios.

Al hacerlo, agravia a la sociedad, degrada el lenguaje público y rebaja la tribuna presidencial de la que debería emanar un discurso tolerante”. Pese a esto, el Presidente mantiene una aceptación de algo más del 50 por ciento. Queda la incógnita si revertirán actitudes, si habrá un acercamiento con quienes hoy se sienten agraviados. Si así ocurriera será este un país diferente, que ya lo es en comparación con años pasados.

Comentarios