Mejorar la infraestructura educativa es una anhelo antiguo que recuerda lo que hace unos años Gilles Bataillon preguntó a Octavio Paz: “Y… ¿qué opina de la situación del México de hoy?”. Él dijo: “Pagamos años y años de imprevisión, ligereza, ignorancia y deshonestidad. El problema más urgente es el financiero… a mi juicio”.
Y agregó: “Los problemas más graves son los siguientes: el aumento de población, el fracaso de nuestra agricultura, porque no solo no nos alimenta, sino que nos endeuda con el exterior; la escasa productividad, la ruina de nuestro sistema educativo, la infraestructura… la lista no es exhaustiva, pero es aterradora. Todo esto nos enfrenta a una tarea gigantesca, prolongada y colectiva. Enderezar el país es tarea de una generación”.
Por eso es difícil percatarse que a pesar de una historia larga de deficiencias en la aplicación de malas soluciones para generar infraestructura tan necesaria de caminos, puentes, hospitales, y escuelas, entre muchas otras, se reincida en las mismas prácticas inadecuadas; una cifra terrible, en que más de la mitad de las escuelas, 55 por ciento de México, no posee alguno de los servicios básicos de agua, luz y drenaje.
La infraestructura es fundamental para el sano desarrollo económico y social de un país, porque sirve para su integración y generar igualdad de oportunidades. Además, quizá con una verdadera visión de largo plazo en el futuro se le dé la importancia requerida y no se trate solo como meras actividades escenográficas.
Posiblemente las visiones a largo plazo quizá no son tan populares porque tiene que trabajarse realmente en ellas, y en materias como la infraestructura se ven más limitadas porque no ofrecen las tendencias del momento de la política nacional.
A decir del economista Kyum Kim, no puede entenderse el desarrollo de infraestructura como el desarrollo urbano aislado del desarrollo económico, porque una sociedad que por políticas desalienta el crecimiento y no dispone de los recursos necesarios o no quiere asignarlos en rubros importantes, como lo es la educación superior, nunca alcanzará el desarrollo y no será un país medianamente competitivo.
Por otro lado, el presidente del Patronato de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) Gerardo Sosa, durante el banderazo de salida de cinco nuevas unidades del Garzabús y acompañado del rector Adolfo Pontigo Loyola, rechazó que la institución mantenga adeudo con Caasim y contrario a ello, el gobierno estatal debe financiamiento a nuestra máxima casa de estudios por 182 millones de pesos.
Sosa Castelán, quien mencionó que “la Autónoma de Hidalgo cuenta con finanzas sanas y cumple cada año con la entrega de nuevas obras en beneficio directo de académicos y estudiantes”, y tiene el rumbo claro como el objetivo de ampliar las rutas con las que cuentan desde hace años, aclaró que el Garzabús no es un negocio de la institución, menos un negocio particular, ya que es gratuito para su comunidad y además es parte de la sociedad civil que lo utiliza por el alto precio del transporte público.

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Doctor en ciencias de los materiales, ingeniero minero metalúrgico por la UAEH y maestro en ciencias en geología minera por el Instituto Politécnico Nacional. Profesor investigador de la Autónoma de Hidalgo y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Colabora en Libre por convicción Independiente de Hidalgo desde 2009.