Quinto día de protestas contra el gasolinazo. Aunque a diferencia de los días previos, el gobierno federal ya acudió a desbloquear algunas carreteras, entre ellas la México-Laredo, a la altura de Ixmiquilpan. La llegada de policías federales y estatales a ese punto, para llevar a cabo la acción disuasiva, provocó un enfrentamiento que dejó al menos seis personas heridas, así como patrullas, autobuses, e incluso una oficina de la Policía federal incendiada. Si ya de por sí el Valle del Mezquital es una zona inestable que sufre por la inseguridad y la presencia casi cotidiana de linchamientos, ahora con el gasolinazo está aún peor. En Ixmiquilpan y Actopan se han concentrado los actos violentos, pero ayer por ejemplo también fue tomada la alcaldía de San Agustín Tlaxiaca por un supuesto caso de abuso policiaco. Ni el gobierno federal ni el estatal tienen claro a dónde puede llegar esa exacerbada inconformidad. Quienes dirigen a México desde los poderes Ejecutivo y Legislativo no han calculado a qué altura pueden ascender las protestas y la crispación social. Tal parece que viven en un país que no va más allá de sus camionetas blindadas y de su séquito de colaboradores. Es ahí en donde viene la abismal diferencia en cuanto a la percepción de las cosas. Eso es lo que está pasando: no se ve al gabinete del gobierno federal ni al estatal con la suficiente empatía como para entender la inconformidad y la desesperanza que implica un aumento como el que está vigente para la gasolina desde el primero de enero. De filón. El gobernador Omar Fayad manifestó que ve pescadores a río revuelto en las manifestaciones contra el gasolinazo. Seguramente están presentes, la pregunta es: ¿algún día sabremos quiénes son?

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