En la praxis política es una máxima que se respeta y reconoce, ésta de engañar con la verdad; aunque hay quienes la confunden con mentir simple y llanamente. Nada más falso.
Ese fue el caso de la entonces vocera presidencial Marta Sahagún, cuando el 5 de febrero de 2001 le ponderé el hecho de que el presidente Fox nos hubiese engañado con la verdad, toda vez que tres días antes del aniversario de la promulgación de la Carta Magna aseguró que en el festejo no habría pronunciamiento que entrañara una reforma general, entendida ésta como la instalación de un nuevo constituyente que redactara otra Constitución.
La señora Sahagún no entendió y, airada, me respondió que el presidente no había dicho tal cosa. “Nosotros no mentimos Moisés; el presidente nunca dijo que no habría un pronunciamiento como el que mencionas”, me replicó, palabras más, palabras menos.
—No digo que sea una mentira, Marta. Digo que reconozco que nos haya engañado con la verdad, es un reconocimiento político, no descalificación —respondí a la vocera presidencial.
Insistió en descalificarme, aposté a su palabra contra la versión estenográfica de las declaraciones de Vicente Fox.
—¡Nosotros no mentimos! —reiteró en plural.
Como la señora no sabía ni jota de estos temas le dije que, entonces, el presidente Fox era un mentiroso y había pruebas de ello.
Desconozco si esa fue una de las causas por las que la señora Sahagún pidió mi cabeza a Pablo Hiriart, entonces director de La Crónica de hoy —fui parte del grupo fundador de ese diario el 17 de junio de 1996—, porque luego de una gira por Michoacán, en la que Vicente Fox fue literalmente el patiño de Adal Ramones, imagen que plasmé en mi crónica de aquel periplo y que se publicó, fui relevado de la cobertura presidencial y enviado, por fortuna, a la fuente legislativa. Cubrir las actividades de Fox era de pena ajena.
En fin. La larga referencia tiene un fundamento: ayer los dirigentes de las organizaciones campesinas que integran al Frente Auténtico del Campo (FAC), incurrieron en esa praxis de engañar con la verdad.
El 24 de julio, en conferencia de prensa, anunciaron que en el marco del 137 aniversario del nacimiento de Emiliano Zapata, más de 100 mil campesinos convocados y trasladados por el FAC marcharían hacia el Zócalo de la Ciudad de México, precisamente ayer.
Álvaro López Ríos, Marco Antonio Ortiz, Federico Ovalle Vaquera y Francisco Chew Plascencia, dirigentes de la Coalición de Organizaciones Democráticas, Urbanas y Campesinas AC (CODUC), Movimiento Social por la Tierra (MST), Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) y Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), dijeron que la movilización tenía, entre otros motivos, manifestar su inconformidad por la pobreza que agobia a sus comunidades.
Luego dirían que simpatizaban con la CNTE y llamaban “al pueblo de México a sumarse a esta protesta que, por su dimensión, se considera será la más grande concentración de campesinos en la historia del país por la reivindicación de sus derechos”.
Ayer la movilización fue de unos 120 mil integrantes del FAC, que se concentraron en el Zócalo de la Ciudad de México y demandaron al gobierno de Peña Nieto nuevo pacto social para el campo
Peeero, he aquí el punto del engaño con la verdad. Llamó la atención la disciplina de las marchas rumbo al Zócalo; hubo gritos de descalificación contra el gobierno, pero luego se supo que eran de docentes de la CNTE. Todo transcurrió sin contratiempos, salvo los que enfrentaron cientos de miles de capitalinos en su trayecto al trabajo y compromisos personales.
Los oradores en una tribuna sin complicaciones, el entarimado dispuesto para un festejo oficial, el enorme escenario donde hubo hasta mariachis, o marchistas disfrazados de charros.
Y, he aquí el meollo. Arriba, en el presídium, el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera y el secretario de Agricultura del gobierno federal José Calzada Rovirosa. Ambos quieren ser candidatos a la presidencia de la República.
Y aunque hubo algunas rechiflas y hasta mentadas de madre, Mancera y Calzada no se molestaron, dijeron que eso es parte de las libertades que hay en México y punto; expresaron su solidaridad con los reclamos de los campesinos y se comprometieron a impulsar acciones en favor de los hombres y mujeres del campo.
¿Quién pagó la movilización? Álvaro López Ríos, Marco Antonio Ortiz, Federico Ovalle Vaquera y Francisco Chew Plascencia no tienen esa capacidad financiera que les permita traer a la Ciudad de México, incluso desde Baja California y así sea en autobús, a tantos miles de sus representados. Eso cuesta y cuesta mucho, aunque para el interés que tiene meta en 2018, hay para eso y más. Digo.

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