Según el protocolo para atender la violencia política contra las mujeres por razones de género, ese tipo de agresión implica todas aquellas acciones u omisiones de personas, servidoras o servidores públicos que se dirigen a una mujer (en razón de género) que tienen un impacto diferenciado en ellas o les afectan desproporcionadamente, con el objeto o resultado de menoscabar o anular sus derechos político-electorales, incluyendo el ejercicio del cargo y puede incluir, entre otras, violencia física, psicológica, simbólica, sexual, patrimonial, económica o feminicida. Pero además de que se tiene plenamente conceptualizada la violencia política contra las mujeres, el 13 de abril el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) publicó un decreto en el Diario Oficial de la Federación mediante el cual fueron reformadas siete leyes con el propósito de desterrar ese tipo de agresiones. En términos de acceso y ejercicio de prerrogativas cuando se trata de precandidaturas, candidaturas y funciones o cargos públicos, la reforma implicó agregar el artículo 20 bis a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Es decir, el marco legal está perfectamente establecido. El problema es que la violencia siempre encuentra hendiduras para perjudicar a las mujeres. Y por tal razón, es primordial que en las diferentes instituciones públicas, incluyendo a los partidos políticos, sean sus propios funcionarios o militantes quienes sepan identificar ese tipo de violencia y sean los primeros en rechazarla. No debe permitirse que en un partido como el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), cuyos principios se encuentran supuestamente asentados en la izquierda, se toleren actos de violencia política, pues quienes militan en sus filas deben ser los primeros en rechazarla. Por eso, resulta absurdo que el propio comité estatal de Morena haya emitido un comunicado para rechazar la violencia que vivió Suhail Rodríguez, candidata a la presidencia municipal de Ixmiquilpan, mientras acudió al comité ejecutivo nacional para sostener una reunión con el diputado federal Gustavo Callejas, y el dirigente nacional interino Alfonso Ramírez Cuellar, quienes habrían intercedido para que renunciara a su postulación. El hecho, que fue negado tanto por Callejas como por Ramírez, resultaría grave tratándose del partido que llevó al triunfo al hoy presidente de la República y que hoy mantiene la preferencia de la mayor parte de la ciudadanía en todo el país. De filón. Las plazas públicas lucieron vacías la noche del 15 de septiembre, lo cual habla de que la ciudadanía comienza a tomarse en serio la gravedad de la pandemia del coronavirus (Covid-19), que sigue sin ser domada en nuestro país.

Comentarios