Ricardo R Baptista González

 

*Periodistas en alto riesgo
*Libertad al doctor José Manuel Mireles
*Venezuela, cortina de humo

Han transcurrido 20 días del artero y cobarde asesinato de la periodista Miroslava Breach –corresponsal de La Jornada– en la capital de Chihuahua, que al igual que las muertes de Cecilio Pineda en Guerrero y Ricardo Monlui en Veracruz, donde ni los gobiernos de esos estados, ni el gobierno federal han aclarado y menos hay detenidos, demostrando que la impunidad continúa a lo largo del país y la actividad periodística es hoy de alto riesgo y por ende la libertad de expresión.
En este mes, llamado por muchos “marzo negro”, también fueron heridos los periodistas Armando Arrieta en Veracruz y Julio Omar Gómez en Baja California Sur y el presidente Peña Nieto ha guardado silencio; todo esto se suma a los más de 50 comunicadores muertos desde 2010 en México, casos donde tampoco han avanzado las investigaciones. El asunto de Miroslava es emblemático, pues desde marzo del 2016 había publicado las relacione del PRI y el PAN con el narcotráfico en la zona de la sierra y desde entonces estaba amenazada y el gobierno del hoy prófugo César Duarte no hizo nada, el silencio del presidente Peña Nieto ha sido evidente.
Por otro lado, en diversas partes del país continúan los hechos violentos, las desapariciones forzadas y la aparición de fosas clandestinas que rebasan con mucho al Estado mexicano, y este no hace lo suficiente por pararlos, basta ver otro botón de muestra en el estado de Michoacán, gobernado por el perredista Silvano Aureoles, donde en días recientes, dos comunidades indígenas la de Caltzontzin (Uruapan) y en Arantepecua (Nahuatzen) fueron agredidos por la Policía estatal y la federal, causando en esta última la muerte de cuatro personas, dejando lesionadas a decenas y detenidos a 18 de ellos –a quienes les prefabricaron delitos, según denunciaron los afectados y sus familias–, caso en el que también el gobierno peñanietista no está actuando.
Por otro lado, continúa injustamente en prisión, en un penal de Nayarit, el doctor José Manuel Mireles Valverde, detenido desde el 2014, todo por haber encabezado la lucha de las autodefensas junto a ciudadanos honestos, en contra de la delincuencia organizada y cansados de la ineficaz acción de los gobiernos priistas de Fausto Vallejo y Jesús Reyna (este último preso) y quienes están señalados como cómplices. El doctor Mireles –hombre honesto– sufre de un gran deterioro de su salud y a pesar de ello y de las peticiones nacionales e internacionales de pedir su libertad inmediata, el gobierno de Peña Nieto ni se inmuta.
Pero eso sí, ante la grave situación política que vive la hermana República de Venezuela, sale Luis Videgaray –aprendiz de canciller, dicho por él mismo– y el propio presidente a exigir la liberación de Leopoldo López –líder derechista preso acusado de incitar a la violencia y la muerte de manifestantes– y a solicitar que en ese país se convoque a elecciones libres y democráticas, sumándose al gobierno de Estados Unidos y a otros de América Latina, así como la OEA, organismo desprestigiado al servicio de la ultraderecha y de los intereses políticos y financieros del gran capital depredador de nuestros países.
Vaya descaro del gobierno federal, quien llega al poder producto de una elección antidemocrática en 2012, quien con sus reformas antipopulares que tienen hoy al país en la peor situación económica, política y social de la historia, violando además todo el marco constitucional y la legislación electoral; quien ahora se propone a través del uso y abuso de inmensos recursos públicos, los programas sociales y una campaña de miedo y amedrentamiento, parar la inminente derrota del PRI en el Estado de México el próximo 4 de junio.
Es muy torpe y a leguas visto que lo de Venezuela –sin duda con problemas–, no es más que una cortina de humo para desviar la atención de lo que aquí pasa; la represión y muerte de dos jóvenes en Ixmiquilpan que protestaban contra el gasolinazo, tampoco ha merecido una aclaración; no se puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa.
Si esto no es así, que lo demuestre, que decrete la inmediata liberación del doctor Mireles y de otros muchos presos políticos y de conciencia; así también, que saque las manos del proceso electoral en curso, particularmente en el Estado de México.

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