Días agitados hemos vivido últimamente. El pasado 17 de mayo la agrupación mexicana Molotov sufrió el robo de su equipo de sonido previo a su presentación en la feria de Morelia. Días después, el lunes 22, un extremista del Estado Islámico (ISIS) hizo estallar un artefacto explosivo a las afueras de la arena de Manchester tras un concierto de Ariana Grande, lo que dejó un saldo de 22 muertos y 59 heridos. ¿Por qué el terrorismo, el robo y la violencia son más frecuentes en el mundo de la música? Hagamos una breve reflexión sobre ello.

Ariana Grande

Que el atentado en Manchester no figure como un evento impredecible o extraordinario, ya teníamos indicios de que iba a ocurrir una tragedia de esa magnitud tras el ataque de noviembre de 2015 en el legendario Bataclan de París mientras sucedía un concierto de Eagles of Death Metal. Fue el primer aviso del Estado Islámico sobre otros crímenes en eventos públicos que, por desgracia, no se tomaron en consideración. Sin embargo, el problema en Europa (y el resto del mundo donde existen células de ISIS) no se trata de ser previsores ante las tragedias, sino en los apáticos intentos cometidos por comprender una cultura diferente.
No me malentiendan: el extremismo de ISIS es una apología al odio y a la diferencia, pero no se puede combatir ni mucho menos dialogar bajo los mismos principios de odio y diferencia. Por desgracia, ese es el círculo vicioso que ha provocado este tipo de atentados. En Europa se discrimina a los refugiados; en Estados Unidos, a los migrantes y así sucesivamente. Añadámosle a esto factores que ya no deberían importarnos como color de piel, creencia religiosa, identidad de género y un largo etcétera, y tendremos una mayor brecha de odio y diferencia. Lo peor es ya hubo dos advertencias y un #Pray4Manchester no va a resolver esta situación.

Molotov

La cuestión local es todavía más compleja y delicada. De por sí vivimos en un país donde la seguridad no está garantizada ni siquiera en los espacios que se supone deberían serlo (escuelas, hospitales, departamentos de policía y hasta el propio hogar) y ahora vemos que hasta la comunidad que se dedica a la música es víctima de estos atropellos. El asunto se torna aún más difícil de explorar cuando los afectados son una agrupación que siempre ha manejado temáticas sociales y se identifica como “del pueblo”.
Así las cosas, el mensaje tras el robo a Molotov es el siguiente: “Si se puede afectar a alguien del pueblo, tenga por seguro que a usted también”. Pero al igual que con los atentados de Manchester y París, esto se debe a la incomprensión de la diferencia más un Estado incompetente en materia de seguridad. O mejor dicho, a un Estado que no brinda seguridad de manera equitativa.
La buena noticia es que el equipo de sonido de Molotov fue encontrado sano y salvo. La mala es que no fue por obra de un eficiente sistema de justicia, sino más bien porque el grupo que robó el sistema de sonido entró en pánico al saber a quién habían robado. Pero reitero, estos actos son consecuencia de nuestra tendencia a no aceptar lo diferente o lo que no se ajusta a una norma, más un aparato gubernamental que deja mucho que desear en materia de justicia.
¿Cómo resolver esto? Francamente, es poco probable que este escribidor tenga la solución en la mano, o en la servilleta donde escribí el borrador de esta columna. Pero sí podemos empezar por algo: educación. Ésta es una valiosa llave que nos muestra la existencia de la diversidad, de la diferencia, de las perspectivas. Si hemos perdido esta capacidad de observar lo diverso, significa que algo hemos dejado de hacer. Esto ya no se trata de robos, de inseguridad, de terrorismo, de Ariana Grande o de Molotov; esto va más allá de nosotros, y si seguimos alargando la brecha del odio y la diferencia lo más probable es que, como individuos y sociedad, nos sigamos perdiendo.

@Lucasvselmundo
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