Entre Gorilas, Caimanes y la protección animalista

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Hace ya algunos días, el 29 de mayo para ser precisos, parte de los seres humanos se indignaron ante la noticia de la muerte de un gorila macho, de 180 kilos y 17 años, llamado Harambe, en Estados Unidos, ¿la razón? Un niño de tres años había caído a su jaula y, ante el desconcierto, el animal lo tomó de una extremidad y lo jaló por dos ocasiones, al ver en peligro la vida del menor los responsables del zoológico decidieron eliminar a Harambe argumentando la peligrosidad del animal; sin embargo, en el otro lado de la historia la madre manifestó que “a cualquiera le puede pasar que su hijo caiga a la jaula de los gorilas”, tanto como decir que es muy común que las y los niños que son llevados al zoológico caigan a la jaula de cualquier animal. No obstante, en un giro radical, en el mismo país pero en Orlando, otra noticia devastadora llegó cuando un niño de dos años, que caminaba, cerca de la noche del martes, con sus padres junto al Grand Floridian Resort and Spa de Disney, fue jalado por un caimán de casi dos metros de largo.

Ante estas noticias y las opiniones muy divididas, los seres humanos debemos retomar diversos temas como si los zoológicos son los lugares adecuados para la conservación de las especies o simplemente son una cárcel para estos; o bien, si lo normal es que en el crecimiento tan desmesurado de los seres humanos debamos arrebatarles sus ecosistemas, o peor aún que queramos vivir junto con ellos, temas que nos han sido tan comunes y en ocasiones curiosos, pero a los cuales no hemos dado más importancia, por lo que con estas noticias considero que debemos retomar la conciencia sobre el derecho animal de una forma más seria.

Mucho se ha hablado sobre el maltrato animal derivado del abuso que las personas en ocasiones cometemos frente a los de compañía, las notas y los casos son infinitos, desde el famoso “callejerito”, un perro que fue cruelmente asesinado por cuatro adolescentes en el norte de México; pasando por una fotografía viralizada donde un joven se hace el “chistoso” al crucificar a un perro chihuahua; un grupo de mujeres jóvenes que camina en círculos aplastando a un cachorro de perro hasta dejarlo en agonía; o bien una “maniaca” a quien se le ocurrió quemar a un perro con un soplete y subirlo a Internet, pero esto no es lo único, puedo poner la vista en la casa de mi vecino y encontrarme con un patio de dos metros en donde un perro vive entre comida y heces, o bien, amarrado en el patio o en la azotea; por otro lado encontramos a aquellos que en su afán de proteger a las especies las “sobreprotegen” y su mascota tiene un menú especial de comida, le ponen zapatos, ropa y hasta disfraces, los llevan a la “peluquería” para que les pinten las uñas y les pongan hermosos moños en las orejas, entre otras cosas. Por ello, debemos analizar si el humanizar a los animales no es una forma más de maltrato, pues no debemos caer en los extremos, debemos aprender a vivir con ellos, pero entender el papel que tenemos cada especie en el planeta que cohabitamos.

Ante eso, hay que ajustarnos a clasificar a los animales, entre domésticos y salvajes; los primeros son aquellos que han sido adiestrados por el ser humano y actualmente no representan un peligro, dividiéndolos entre domésticos de casa, como un perro, gato o pez, y de granja, como un caballo, gallina o cerdo; por otro lado, los salvajes son aquellos que no han sido, en términos normales, controlados y representan un peligro para los seres humanos, como los leones, caimanes, elefantes, águilas, lechuzas, entre otros.

Lo anterior debemos considerarlo para realizar una opinión sobre los derechos de los animales, pues ante la defensa de estos, tenemos que entender que, si bien, todas las especies deben contar con el derecho a no ser maltratadas, deben existir las condiciones de vida acordes para cada una y no caer en ver a un gorila como atracción de un zoológico o construir un complejo junto a un lago de caimanes.

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