La maravilla de la historia es que al estudiarla se entrelazan varias semblanzas en una sola. Justamente al momento de escudriñar en el pasado se descubren aristas que se entretejen en un conglomerado de asombrosos relatos, crónicas. Algunas impensables y asombrosas que permean la vida actual.

Es fascinante el estudio de la memoria del pasado y como esta nos enseña tanto, maravilla a diario, basta con indagar en su conocimiento y todo se revela justo en nuestras narices. ¿Cómo es posible que se piense que el pasado se ha borrado en los vendavales del tiempo? Imposible, solo basta investigar, escudriñar en la vida cotidiana para encontrarse con él.

Un ejemplo de esta historia viva es justamente la de Emilio Lozoya Austin, considerado una de las piezas clave en la trama de corrupción que tejió la constructora brasileña Odebrecht en México, exdirector de Pemex, estuvo rodeado desde pequeño de personajes cercanos al poder, como lo fueron su padre, su abuelo y hasta su bisabuelo.

Nacido el 8 de diciembre de 1974 en Chihuahua, Chihuahua; Emilio Lozoya Austin es hijo del Emilio Lozoya Thalmann, quien fue director general del ISSSTE y después secretario de Energía en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Su abuelo fue Jesús Lozoya Solís, médico militar que fungió como gobernador interino de Chihuahua en 1955, después de la renuncia de Óscar Soto Máynez y el tío bisabuelo Melitón Lozoya Aguirre asesino de Francisco Villa.

Emilio Lozoya Austin fue arrestado el 12 de febrero de este año en Málaga, España. Luego de haber negociado su extradición a México, la Fiscalía General de la República (FGR) informó el 30 de junio que Lozoya aceptó regresar a México para enfrentar la justicia y ofreció colaborar con los fiscales en el caso Odebrecht.

Lozoya llegó a México y tras una valoración médica, la FGR lo trasladó a un hospital privado, luego de que se determinó que padecía una “anemia desarrollada y problemas sensibles en el esófago”. Lozoya ofreció mostrar 18 horas de grabaciones que revelan sobornos entregados a legisladores a cambio de aprobar la reforma energética impulsada por el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto y avalada a finales de 2013.

La familia de Emilio Lozoya parecería ser una familia de personas honorables, pero solo en apariencia ya que la saga familiar comienza con el tío bisabuelo Melitón Lozoya Aguirre, quien con su primo político Jesús Salas Barraza orquestó y perpetró el asesinato de Pancho Villa, el Centauro del Norte.

El asesinato fue perpetrado mediante una emboscada aprovechando la visita en la ciudad de Parral, Chihuahua, por asuntos personales de Francisco Villa que pasó la noche anterior a su asesinato, aquel 20 de julio de 1923, en la casa de Manuela Casas, una de sus 27 esposas y madre de su hijo Trinidad. Al abandonar la casa, Villa decidió tomar el volante del automóvil Dodge Brother que lo conduciría a las orillas de Parral acompañado por cuatro escoltas, su secretario Miguel Trillo y Rosalío Rosales, su chófer. Trillo se sentó a su lado; Rosalío viajó en el estribo del automóvil, tomado de la parte superior del parabrisas; en el asiento trasero viajó el capitán primero Ramón Contreras, jefe de la escolta, y Daniel Tamayo. En los asientos convertibles Claro Hurtado, asistente de Trillo, y el mayor Antonio Medrano.

Hacia las 7:50 de la mañana, el automóvil en el que viajaban Villa y sus acompañantes avanzó por la calle Juárez y tan solo 300 o 400 metros adelante, en la esquina de un callejón llamado Meza, un sujeto de nombre Juan López Pardo y que formó parte del plan para el asesinato de Villa, vio a su víctima al volante y se quitó con una de sus manos su sombrero para limpiarse con un pañuelo el sudor de su frente, señal que sirvió para indicarle a sus cómplices, escondidos en una casa ubicada metros adelante, en la calle de Gabino Barreda, que Villa venia abordo y manejando el automóvil. Cuando el coche inicio un giro a la derecha para tomar Gabino Barreda, iba muy despacio, porque el camino estaba totalmente enlodado. El agua impedía ver una zanja y las ruedas delanteras se atascaron. Villa ordenó a sus escoltas que bajaran a empujar el automóvil y tras unos instantes de esfuerzo lograron sacarlo. Villa permaneció al volante hasta que la escolta se acomodó nuevamente en los asientos traseros y el estribo. Al continuar su camino, unos metros delante, las puertas de la casa en la cual se escondían los pistoleros con la tarea de matar a Villa se abrieron repentinamente y Jesús Salas Barraza, José Barraza, Librado Martínez, Melitón Lozoya, Román Guerra, Librado Martínez, Ruperto Vera y José Sáenz Pardo abrieron fuego en contra de su víctima y sus acompañantes.
El tener un tío bisabuelo participante en el asesinato de Francisco Villa no le resta importancia también a su abuelo Jesús Lozoya Solís, que fue protegido de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, médico militar y general y que hizo una ingente fortuna en las mafias farmacéuticas, senador suplente por el entonces DF hoy CDMX (Ciudad de México) y gobernador provisional de Chihuahua 1955-1956 donde, entre otras cosas, cuentan que recortó fuertemente a la naciente Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh).

Y tampoco se queda la historia familiar solo con el tío bisabuelo y el abuelo, ya que también el padre Emilio Lozoya Thalmann, con estudios en Harvard y Columbia y heredero de empresas farmacéuticas, casualmente fue director general del ISSSTE de 1988 a 1993. Secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal, 1993-1994. Uno de los grandes ejecutores de las privatizaciones durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

El estigma del apellido Lozoya ha sido tan grande en nuestro país que basta con indagar en el árbol genealógico familiar para desentrañar a estos hijos del averno, todos unos ancestros siniestros. ¿Tú lo crees?… Yo también.

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