Entre túneles, duendes y aparecidos de la universidad

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duendes y aparecidos,UAEH

Al acudir por primera vez a una construcción antigua surgen temores naturales y la necesidad de descubrir el pasado. Sin embargo, cuando se buscan respuestas entre las personas de mayor edad o una explicación lógica sobre ciertos hechos, acontecimientos y fenómenos, aparece la magia de los relatos y leyendas. Tal es el caso de quienes alguna vez tuvimos la oportunidad de asistir como estudiantes al edificio central de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Allí conocimos a personajes como el señor Guadalupe Flores Pérez, nacido en 1927 en el barrio minero El Bordo, en la capital hidalguense, y quien fue trabajador universitario por más de 40 años y ahora está jubilado, avecindado en el barrio El Hiloche, en Mineral del Monte. A don Lupe se le atribuye el inicio de la topiaria en los jardines exteriores del centro cultural universitario (CCU) La Garza.

Habría que recordar que el edificio central de la UAEH tiene como antecedente la construcción de una capilla, un hospital y, como conjunto religioso, un atrio y un panteón, y funcionó como tal entre los siglos XVIII y XIX.

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Posteriormente, al constituirse el Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios, en 1869 el inmueble fue donado a esa institución educativa y en 1961 se transformó en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Una leyenda creada en torno a la vieja casona de Abasolo, como antiguamente era conocido el CCU La Garza, es sobre el enigmático túnel que tendría como principio la excapilla de Nuestra Señora de Guadalupe, construida en el siglo XVIII por la orden religiosa de los juaninos, y comunicaría con el exconvento de San Francisco, edificado en el siglo XVII por los franciscanos.

Con respecto a dicha historia, don Lupe expresa que el túnel, tan comentado entre las generaciones estudiantiles del Instituto Literario y las primeras de la UAEH, bien pudo ser “taponeado” por hombrecillos conocidos como duendes, quienes habitan y reinan las minas y pasajes.

Esos seres fantásticos se niegan a que los caminos y secretos del túnel sean descubiertos, pues supuestamente allí permanecen tesoros religiosos que los juaninos guardaron, los cuales son eternamente resguardados por los duendecillos.

Don Lupe relata que, sin duda, quienes en su oportunidad se atrevieron a desafiar los peligros de transitar por los pasadizos se perdieron y fueron convertidos en rocas por los duendes, quedándose en espera de que el hechizo desaparezca.

Agrega que es común que quien acude a ese edificio, de casi tres siglos de antigüedad, escuche ruidos extraños provenientes de aquellas almas que permanecen en la oscuridad por haberse atrevido a descubrir los caminos secretos y prohibidos para los humanos.

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Los duendes seguirán reinando el mundo de los túneles, vigilando sus tesoros y riquezas; quien se atreva a explorar el pasaje por curiosidad y avaricia encontrará sorpresas, ya que al tocar los tesoros, estos serán convertidos de manera mágica en vil carbón. Ese enigma permanecerá mientras sobreviva la leyenda.

Relato del libro Páginas de Pachuca, editado por la UAEH.

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