El envejecimiento es uno de los temas de mayor relevancia en los debates sobre población y desarrollo. Las implicaciones que trae consigo el cambio de una estructura por edades, predominantemente joven a otra cada vez más envejecida, constituyen retos inéditos en las políticas públicas orientadas a atender diversas facetas de la vida humana.
Las personas están logrando vivir más y en algunas partes del mundo de manera saludable. Eso representa uno de los grandes resultados del pasado siglo pero también un cambio significativo, ya que el envejecimiento de las sociedades puede afectar el crecimiento económico y de otras esferas como la sostenibilidad familiar, habilidad de los estados y comunidades para proveer recursos a los adultos mayores y el de las relaciones internacionales.
A pesar de numerosas evidencias científicas, el significado del envejecimiento poblacional necesita ser mejor apreciado. Es preciso alertar acerca de la necesidad de realizar investigaciones multinacionales y promover una política de diálogo, que puedan ayudar a demarcar los cambios que produce y las oportunidades que implica un mundo envejecido.
Actualmente estamos envejeciendo, no solo los individuos y las comunidades, sino también el mundo. En 2006 unas 500 millones de personas tenían más de 65 años, para 2030 se prevé un incremento total de un billón de habitantes, en esa fecha será adulto mayor uno de cada ocho habitantes de la Tierra. Es significativo que los incrementos de la población de mayores de 65 años estén ocurriendo en países en vías de desarrollo, donde para 2030 habrá un aumento de 140 por ciento en esa población según el Consejo Estatal de Población (Coespo), 2005.
Si el envejecimiento global representa un triunfo de los avances médicos, sociales y económicos sobre las enfermedades, también implica cambios extraordinarios, ya que provocará un mayor esfuerzo para los sistemas de seguridad social y de pensiones, modificaciones necesarias en los modelos de apoyo social e impactos en el crecimiento económico, comercio, migración y la prevalencia y el patrón de enfermedades, por ello es urgente empezar a tomar las medidas pertinentes con políticas públicas acordes a las necesidades de la población adulta.

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