Los sistemas sociales de las diferentes formas de gobierno han sido incapaces para desterrar el hambre, las enfermedades y la violencia, la existencia humana es su permanente lucha por la sobrevivencia, si bien la violencia ha existido, a últimas fechas, en México, está a la vuelta de la esquina.

La hambruna es consecuencia directa de la falta de capacidad adquisitiva para obtener los bienes y servicios necesarios para vivir; en México más de 30 millones de personas están en pobreza alimentaria, sus ingresos son insuficientes y la informalidad llega casi al 50 por ciento de la población ocupada, estos mexicanos no cuentan con prestaciones sociales, entre las que está el acceso a la salud, por lo que son altamente vulnerables.

La historia da testimonios de esas calamidades en 1330 murieron más de mil 200 millones de personas a consecuencia de la bacteria yersinia pestis que ocasionó la peste negra, de nada sirvieron los rezos para evitar la muerte que trasmitían pulgas y ratas, contagiando a toda la sociedad; en 1520 una flota de navíos llegó a México, uno de sus tripulantes traía el virus de la viruela que se propagó por todo el país, la epidemia redujo la población de 22 a 14 millones de personas, las plegarias tampoco sirvieron de nada.

En 1918 se registró la epidemia de influenza, también llamada gripa española, provocando el deceso de más de 10 mil personas en México y 20 millones a nivel mundial; en el caso de México, si bien se tomaron medidas, las autoridades fueron rebasadas, surgiendo problemas económicos, políticos, conflictos, encuentros y desencuentros, entre autoridades federales, estatales, empresas y sociedad civil, en torno a una política pública sanitaria nacional.

Los virus siguen mutando, el H5N1 de origen aviar, evolucionó al H7N1, y después al H1N1 de origen porcino, que impactó a México entre 2009-2010, ante esa situación se generó el Plan Nacional para la preparación de respuesta ante la intensificación de la influenza, correspondiendo al centro de inteligencia y preparación para la respuesta epidemiológica, que diseñara una estrategia integral de promoción de la salud, encaminada a desarrollar medidas anticipatorias no médicas, orientadas a mitigar el repunte de la influenza, así como evitar en la medida de lo posible la circulación y el contagio del virus. Llama la atención que no se mencionara la importancia de la investigación y desarrollo (I+D) para producir vacunas y medicamentos, los cuales importamos.

Para atender la influenza en el país en este momento solo existen tres medicamentos: Oseltamivir producido por Roche, Seltaferon de la empresa Liomont y Gremital de Sanfer; en México solo se tiene disponibilidad de ese último, mientras que de los dos primeros hay desabasto.

La influenza no está erradicada, tan es así que según el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de los EU, estima que de octubre de 2019 a los primeros días de enero de 2020, hubo entre 15 y 21 millones de enfermos de influenza, se prevé que las muertes alcancen la cifra de 17 mil a nivel mundial; en México, según la Organización Mundial de la Salud los decesos por influenza se incrementaron en 361por ciento, puesto que se registran 627 muertes y 5 mil 626 infectados en el periodo citado; contra 90 decesos y más de 2 mil 700 contagiados por el coronavirus en China, cifras que siguen en aumento.

México tiene una dependencia del 100 por ciento en medicamentos para enfrentar las epidemias; el mercado de los medicamentos es oligopólico, como bien lo dice Arnoldo Kraus, medicalizar es vender, entre más, mejor. En salud, es enfermar poco a los sanos, mucho a los enfermos y vender en todo momento, entre más enfermedades tengan, más medicamentos consumen; mismo Kraus cita a Amartya Sen “entre más gasta la sociedad en cuidar su salud, aumentan las posibilidades de que las personas se sientan enfermas”.

Eso explica porque el Consenso Washington, columna vertebral del neoliberalismo, considera que el gasto público en salud y educación son gastos innecesarios, para ellos no son derechos humanos, son oportunidades de negocio. Sin I+D no podríamos aspirar a una independencia en salud. ¿no lo cree usted?

Comentarios