Llegó la hora señalada y con ella las ansiadas elecciones más disputadas y controversiales en nuestro país, por lo menos las de este siglo XXI. Porque basta echar una mirada al pasado y analizar que la historia electoral de México no es en absoluto fácil, pareciera que hacemos del modus vivendi político una serie de fraudes, muertes, levantamiento de armas, amenazas, etcétera. En la historia de la democracia mexicana la primera mitad del siglo XIX estuvo cubierta con el manto de la inexperiencia. Tres siglos con una estructura política monárquica y antiliberal poco ayudó a la rápida consolidación de la novedosa –para los mexicanos– forma de gobierno indicada en el artículo quinto de la Constitución de 1824: “República representativa, popular y federal”. En gran medida el siglo XIX se vio envuelto en serios problemas buscando afanosamente una forma de gobierno idónea entre las disputas de conservadores y liberales que buscaban, cada uno según sus creencias, lo mejor para México.
La elección del Ejecutivo era un gravísimo error de sentido común que contribuiría a sumir al país en la inestabilidad política. El Congreso no previó que siendo los candidatos presidenciales rivales de partido, el presidente y el vicepresidente electos serían invariablemente opositores entre sí, lo cual paralizaría el ejercicio del poder. El modelo de elección adoptado provenía de la Constitución norteamericana, pero en Estados Unidos funcionaba porque la elección se verificaba por fórmulas: si un candidato presidencial triunfaba no tendría problemas, a la primera magistratura lo acompañaría un vicepresidente de su mismo partido. En México, la vicepresidencia parecía representar el premio de consolación para el candidato presidencial derrotado en detrimento, desde luego, de la autoridad presidencial.
Por azares de la fortuna la primera elección presidencial del México independiente no tuvo empate ni evidenció el problema de la vicepresidencia. Guadalupe Victoria concluyó su periodo de gobierno sin problema alguno (1824-1828). Pero en la siguiente elección (1828), el triunfo de Manuel Gómez Pedraza fue impugnado por el candidato derrotado Vicente Guerrero –quien de acuerdo a la ley ocuparía la vicepresidencia– y la sucesión presidencial terminó dirimida en el terreno de las armas. Iniciado así una terrible sucesión de acontecimientos en los cuales el vicepresidente casi siempre eliminaba al presidente en turno para quedarse con la primera magistratura.
Cuando llegó el turno del porfiriato quedó zanjada esa situación con una inquebrantable sucesión de periodos presidenciales, los cuales ganó durante siete consecutivas ocasiones Porfirio Díaz. Sin la existencia de una clara oposición, ya que esa era desmantelada de inmediato con la muerte o bien, el ostracismo de los opositores. Sin embargo, en 1911 los resultados oficiales daban el triunfo a la fórmula Porfirio Díaz-Ramón Corral. Fue entonces cuando el comité antirreeleccionista hizo todos los preparativos para presentar a la Cámara de Diputados un documento en el que pretendían demostrar por qué las elecciones eran inválidas y donde solicitaban, en consecuencia, su anulación.
Habían esperado a que los colegios electorales hubieran emitido sus resultados, también habían esperado a que su jefe, Francisco I Madero, preso en ese momento en San Luis Potosí, hubiera terminado toda negociación posible con el régimen. Es decir, habían dejado madurar las circunstancias legales oportunas para dar el siguiente paso. Tres días después de que el legislativo desechó la petición de nulidad (27 de septiembre), el comité se disolvió. Apenas transcurridos unos días Madero y Roque Estrada huían hacia San Antonio, Texas. En menos de tres semanas los antirreeleccionistas se les unían para preparar la Revolución. Entonces el discurso daba paso a las acciones.
Después de la Revolución surgieron gobiernos aparentemente apegados a la ley; el país estaba consolidado. Sin embargo, eso se debía más a la imposición de un partido hegemónico que haría que su autoridad se manifestara en cada elección, teniéndola a su favor durante prácticamente 70 años; más que el porfiriato. Y para cerrar a pasos agigantados, dando algunos esbozos de historia acerca de las elecciones, cabe recordar un hecho bochornoso y apabullante en la vida política de nuestro país aquel 6 de julio de 1988 en donde dos candidatos se disputaban la presidencia: Carlos Salinas de Gortari, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y Cuauhtémoc Cárdenas, del Frente Democrático Nacional. Cuando el conteo preliminar de los votos aparentemente registraba una ventaja para Cárdenas, el entonces secretario de Gobernación y presidente de la comisión federal electoral, el político de formación priista Manuel Bartlett anunció que el conteo de votos se suspendía debido a una “caída del sistema”. Dando el triunfo al representante del partido tramposo y hegemónico: Carlos Salinas de Gortari. Hoy toca nuevamente hacer historia a los mexicanos, esperando que las infamias del pasado no permeen en estos comicios electorales. ¿Tú lo crees?… Yo también lo quiero.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.