Un año antes de ser decapitado, Marco Tulio Cicerón –una de las conciencias más lúcidas del mundo antiguo– escribió De senectute, un tratado sobre la dignidad de la vejez, un reclamo sobre la forma en que la sociedad romana marginaba a los hombres de edad avanzada. Hoy, igual aquí, el desprecio y la indignidad mexicana se vuelven contra sus instigadores.
Cicerón fue en su tiempo la conciencia mayor de Roma. Opuesto a la dictadura de Julio César, los descendientes políticos de este jamás le perdonaron tamaña osadía. Marco Antonio, quien había provocado la guerra civil, ordenó a un sicario, Pompilio, que descargara su espada vengativa sobre el senador romano, escritor y orador.
En sus Filípicas, Cicerón dejó constancia de la elegancia y la retórica con la que se enfrentaba a los tiranos. En el tratado sobre la vejez, se refleja en su filosofía de la vida un conocimiento profundo del pensamiento y de la rebeldía ilustrada. Los seis errores del ser humano son un legado profundo que hoy alcanza una actualidad pasmosa.

Los seis errores del ser
humano, encarnados por los toluquitas

Cicerón considera que el primer error del ser humano es la ilusión de que las ganancias personales se consiguen aplastando a los demás. El poder político cumple con esta máxima a rajatabla, sin saber que las venganzas solo son el producto de las carencias de quien las ordena. La complicidad con el narcotráfico define el piso y el techo de la sevicia gobernante.
El segundo, la tendencia a preocuparse por las cosas que no se pueden cambiar o corregir. A muchos mandarines actuales les enfurece ser descubiertos por la opinión pública en sus triquiñuelas y embustes, aunque sean cosas juzgadas, porque se cometen a plena luz del día. El socavón ha pasado a ser un suceso anecdótico, en lugar de servir como ejemplo de los mayores correctivos.
El tercero, insistir en que algo es imposible porque no pueden conseguirlo. Es común que los ñoños gobernantes pontifiquen sobre la inutilidad de cambiar el rumbo porque ellos no lo tienen. Y ante eso optan por el confort y el entreguismo inaudito.

Todo aquel que piensa diferente,
debe ser tratado como enemigo

El cuarto error humano, de acuerdo con Cicerón, no querer prescindir de las preocupaciones banales. La mente de los que mandan está ocupada por la competencia en el derroche, jamás en mejorarse a sí mismos o qué pueden hacer para que nuestro país y la sociedad sean libres, justas y progresistas. Eso atenta contra su comodidad y contra sus posiciones de ventaja.
El quinto, rechazar el desarrollo y el perfeccionamiento de la mente y no adquirir los hábitos de leer y de pensar. Los palurdos creen que con leer crónicas deportivas o sucesos del corazón en las revistas rosas han cumplido con su apetito intelectual. La distorsión de la mente, acompaña siempre la distorsión de los sentidos.
Y el sexto error, intentar obligar a los demás a vivir como ellos. Porque todo aquel que piensa diferente, debe ser tratado como enemigo. Criminalizan y reprimen toda protesta‎. No debe existir más pensamiento que su contra pensamiento monocorde, unipolar y obtuso.
Han envilecido la actividad pública
en los tres Poderes de la Unión

Hoy que el pueblo mexicano está dispuesto en casi todos los rincones de la patria a linchar a Enrique Peña Nieto por todos sus errores de rapiña, esquizofrenia en el gobierno, atraso del país y comportamiento ñoño ante sus problemas más acuciantes, Cicerón retoma una actualidad fuera de toda duda.
La absoluta falta de direccionalidad en el gobierno, el abandono irresponsable del Estado, la postergación de cualquier actividad productiva, la cancelación del gasto público, dedicado por entero a los moche$ y comisiones de la burocracia envilecida, la entrega incondicional al extranjero, han despertado la conciencia nacional.
Han envilecido la actividad pública en los tres poderes de la Unión, y en los tres niveles de gobierno nacional, en los estados y los municipios, la claque gobernante se dedica solo a lo $uyo. Envalentonados por la conducta y el ejemplo federal, en todos lados se dedican a saquear los erarios y bolsillos ciudadanos. El mismo Cicerón se asombraría.

Sometidos por un conglomerado
de autistas, simuladores y panfletarios

Estamos sometidos por un conglomerado de autistas, simuladores y panfletarios que a la venta de la soberanía nacional le llaman liberación de las fuerzas del mercado y oportunidades para la inversión. Al saqueo desenfrenado del gobierno y los presupuestos a favor de la canalla, le llaman equilibrio financiero, en el colmo de la mendacidad.
Al empobrecimiento generalizado y a la estanflación, la bautizan como ajustes graduales en el crecimiento. A la regresión económica y a la entrega incondicional a cualquier clausulado que resulte del TLC, le llaman estrategia de precios competitivos.
Al autoritarismo, la mano dura y la represión de los derechos humanos y civiles, le llaman seguridad para la inversión nacional y extranjera y combate al crimen organizado. Las amenazas encubiertas eructan una solidaridad y filantropía ramplona y atrabiliaria. La camarilla en el poder está ensangrentada y atrapada en eufemismos redactadas por sus amanuenses, que ni ellos entienden.

Las pandillas en el poder practican
un ritual de máscaras y mascaradas

Los genotipos del ruin, el ambicioso, el trapacero, el rastrero, el inútil, el cínico y el salvaje, son demasiado limitados para poder retratar de cuerpo entero la rastacuera humanidad de estos gobernantes de pacotilla, el verdadero hazmerreir del mundo civilizado. La carne de cañón de todas las vergüenzas nacionales.
En México, es cierto, desde tiempos inmemoriales las pandillas en el poder han practicado un ritual de máscaras y mascaradas que complican el entendimiento, desperdigan la razón, ofuscan todo argumento y han sepultado la idiosincrasia nacional en el cementerio de lo inocuo.

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