Hoy es cumpleaños de mi hermano Ernesto, el mayor, el que nos abrió el camino, el que siempre te dice las verdades con una broma que te llega hasta el fondo del alma, el generoso que todo mundo quiere, mi Tin Tan de Pachuca, mi bello y airoso.
Como nació el 13 de septiembre, siempre le decimos que es nuestro niño héroe. El mismo que pasó su infancia en el querido pueblo de mi mamá, Miahuatlán, Oaxaca. El mismo que llegó a casa de los abuelos paternos en la colonia Algarín, que adoptó a una perrita callejera y le puso Chocolata, que desarmó su marimba que le habían traído los Reyes Magos para averiguar cómo salía música. El que nos vio llegar a su vida, poco a poco, y de una a una: Isabel, siempre tan linda. Flor, la despistada eterna. Elina, la pequeña. Yo, la Vivis.
Me encantaba visitarlo en El Palacio de Hierro, donde trabajó tantos años en el departamento de caballeros. Después entró al mundo de las farmacias y se convirtió en representante médico. Creo que toda la familia le ayudábamos a memorizar los nombres de los medicamentos, las fórmulas, los peligros y las curas.
Se casó muy jovencito, pero el amor que hay entre él y su mujer ya es inquebrantable. Se casaron en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, llovió toda la noche y la lona que intentó protegernos nos traicionó al ceder el paso al agua acumulada, además de bailar toda la noche, nos bañamos por completo con agua de cielo que seguramente los bendijo por siempre.
Mi hermano, el mismo que tuvo la fuerza de consolarme a mí cuando su hijo murió. Yo me senté en el rincón de esa funeraria para llorar mi pena. Mi hermano se acercó y se arrinconó conmigo, consolándome, dándome la fuerza que yo debí darle. El accidente de su nieto Alam y mi hermano junto a él, llevándolo a todas partes en esa silla de ruedas que no encadenó a ninguno de los dos. Después resistimos la grave enfermedad de mi sobrina, los días en el hospital, la fuerza que fui aprendiendo de él para enfrentar estas situaciones tan tristes.
Pero también los momentos lindos han existido, fiestas y comida, juegos y risas. Gracias a su habilidad para bailar – cuando era su pareja– yo volaba por los aires si se tocaba un buen rock. Después del terremoto de 1985 se vino a radicar a Pachuca, por eso, cuando yo tuve la oportunidad de vivir aquí, siempre supe que estaría bien acompañada. A mi familia y a mí nos hizo adictos a los tlacoyitos de Piracantos, nos llevó a conocer Pachuquilla y nos presentó al Frutas. Me encanta encontrarlo en los centros comerciales de la Bella Airosa y que sea leal con mi programa de radio.
Hace poco tuvo un infarto. Lo cuidé cada noche que pude. Luego lo operaron a corazón abierto, el día que llegué a visitarlo, bromista como siempre, me mostró la “rajada” en su pecho. Se ha ido recuperando poco a poco. Lo contagia el coraje de mi querida cuñada Tere, el amor de su hija Citlali, de su hijo Martín, de su nuera y yerno, de los nietos, de sus amigos y amigas que de verdad lo adoran, de mi familia Hernández Carballido, de sus mascotas (perros, tortugas, perico, canario, peces…), de sus cuñadas Cinthya y Yamina que lo consideran un padre. Hermano Ernesto, feliz cumple.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.