Alejandro Páez Varela

Seguimos en la emergencia. Quedaron lejos las 72 horas que marcan los protocolos de búsqueda, pero siguen removiendo escombros con ganas de encontrar sobrevivientes. Ya son más ganas de un milagro que una posibilidad real.
Mientras escribo, amigos queridos han perdido gran parte de su patrimonio. Frente a mi ventana, si estiro el cuello, veo la zona donde el sismo se cebó: allí mismo, ahora, pasando el Parque España, el desánimo no ha derrotado la esperanza. Cuento esto para ilustrar qué tan cerca estamos de la tragedia siempre: en Álvaro Obregón 286 se instalaría SinEmbargo. Fuimos, caminamos los pisos; todo se veía bien para poner una oficina espaciosa. Algo nos salvó. Estamos vivos.
La noche misma del temblor, caminé por el Parque España y casi me suelto a llorar de gusto: ninguna autoridad, sólo civiles, unidos en mismo brazo. Escribí: “Esta noche recordé que los sátrapas son un puñado y millones somos los demás; que los corruptos son unos cuántos, y millones los demás. Que el brazo solidario del mexicano es robusto, y robusto es su corazón. Vi una ciudad con futuro (y no soy ningún político), un país que se mueve. Los jóvenes me llenaron de vida hoy, cuando veía solo adversidad”.
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El video donde el delegado perredista Avelino Méndez sale corriendo mientras los vecinos de Xochimilco le tiran patadas y le reclaman, es apenas una muestra de lo que sucedió. Los ciudadanos se pusieron en control y los políticos fueron rechazados. A Miguel Ángel Osorio Chong se le ocurrió pararse en un lugar de la tragedia y aunque iba rodeado de policías y soldados, le gritaron y le pusieron un golpe en la nuca.
Es gente que lucra con todo, qué se le va a hacer. La gente no es tonta, la gente lo sabe. Van porque se van a llevar algo. En medio del rechazo, vino la presión a los partidos para que no tomen el dinero que tiene el INE para ellos. Primero fue Andrés Manuel López Obrador: ofreció dar una parte de lo que gastará Morena, y varios se le echaron encima. Pero después se sumaron otros partidos. Todos, más bien, subiendo la oferta.
En medio de ese reclamo, el director de uno de los periódicos más beneficiados con dinero público dijo algo así como “déjense de politiquerías que estamos todavía rescatando cuerpos”.
Yo pensé: “Ajá, que se dejen de politiquerías. Que los partidos hablen de devolver el dinero más adelante, cuando se le pase el enojo a los ciudadanos”. Tal cual: los sátrapas son un puñado, pero qué astutos son.
No, no: es ahora. Es hoy, cuando la gente está atenta y tiene el dolor fresco. La sociedad civil tiene que emprender acciones organizadas para que los partidos renuncien al dinero que les da el INE. Que no se quede en promesas. Qué mañana ni qué las hilachas: ahora mismo. La presión debe llegar por todos lados hasta que suelten los recursos que, por cierto, no son de ellos: son nuestros.
Nadie le pide a los partidos que se saquen un peso de la bolsa: es, de hecho, un llamado a que no se metan nuestro dinero a la bolsa. Pero es ahora, ya, cuando la sociedad mexicana debe presionar a los partidos para que su gasto en campañas sea cero. Que sea una campaña de debates, de confrontación de ideas, y no de ver quién tiene más para comprar votos, para comprar candidatos “opositores”, para gastarlo (y disculpen que no tenga otra palabra) en pendejadas y, sobre todo, para darle a la prensa.
Y que la sociedad espere oposición fuerte; que sepa que no será fácil quitarle el dinero a los partidos. Además de la oposición misma de los políticos, hay que esperar que la prensa haga lo que sea necesario para que los partidos tengan dinero y gasten. Es la prensa tradicional la gran beneficiaria de ese dinero. No va a ser tan fácil que diga no a miles de millones. Quiere más. No le bastarán los 60 mil millones de pesos que, se calcula, le terminará pagando el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Esa prensa quiere que, en 2018, los partidos tengan dinero a pasto para que repartan a pasto. Y que todos los demás se jodan.
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Hay casos que pueden esperar, sí. Pero no mucho. Y tienen que ser averiguados y aclarados a tiempo.
Lo de “Frida Sofía”, por ejemplo. Vamos a creer que Televisa no estaba cocinando su especialidad: una telenovela. ¿Quién en la Marina Armada de México, y con qué intención de fondo, inventó la historia de la niña atrapada? ¿Quién se lo ordenó y por qué? ¿Qué buscaba la Marina con semejante historia? ¿De qué nos estaba distrayendo?
Lo del colegio Enrique Rébsamen. ¿Quién permitió que operara esa escuela en un conjunto de edificios pegados con chicle y mondadientes? ¿Qué Delegado le dio el permiso? ¿Fue Claudia Sheinbaum? ¿Fue el anterior? Ha empezado a salir información y muchos rumores, empezando con el no confirmado de que el verdadero dueño es otro personaje de las cloacas mexicanas: el cardenal Norberto Rivera. ¿Quiénes en la SEP, Protección Civil, la Delegación y el Gobierno de la capital tenían operando como escuela ese armatoste?
¿Quiénes fueron sobornados? ¿A quién le vamos a bajar hasta los calzones por la muerte de tantos niños?
Lo de Graco Ramírez: tiene infinidad de acusaciones, todas muy serias, de que estuvo desviando ayuda hacia el DIF, que opera su esposa, Elena Cepeda. Yo no lo dudaría ni tantito de ese personaje oscuro, un gobernador que sirve a Enrique Peña Nieto, metido en varios escándalos de corrupción. Con la emergencia, este tema se nos fue a todos de largo. Pero amerita hincarle el diente mucho más.
Lo de los edificios habitacionales nuevos, que se cayeron: ¿quién los autorizó? ¿Cómo burlaron los reglamentos de construcción? O el de Soriana: ¿Cómo que un centro comercial de una cadena tan poderosa pudo caerse? Hay 3 mil reportes de estructuras con daños, de acuerdo con Protección Civil. Son decenas de miles de mexicanos que se quedaron sin hogar. Miles y miles que no perdieron la vida pero perdieron todo, absolutamente todo. ¿Quién va a responderles? ¿Quién autorizó estas construcciones?
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Hay muchas tareas por delante. Me ilusiona que los jóvenes asumieron su rol, y nos superaron a todos los demás. Ahora tengo la esperanza de que ellos mismos sean parte de lo que viene, de la transformación.
En 1985, un terremoto transformó para siempre la capital mexicana. La sociedad se organizó y superó al Gobierno. Y esas organizaciones que nacieron entonces permitieron que, aquí, en la Ciudad de México, el vetusto PRI fuera expulsado a patadas.
Confío en que 2017 marque un nuevo comienzo. Es ahora jóvenes. Es ahora ciudadanos, todos.

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