El libro titulado ¿Es la paridad una realidad en los congresos estatales? acaba de publicarse y trata uno de los temas que hoy son una prioridad en la política: ¿se logró finalmente la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la participación política a partir de la implementación de la cuota 50-50 en los congresos locales? La respuesta es no y veamos por qué.

Con ese objetivo, los autores analizan: 1. Los perfiles diferenciados entre diputados y diputadas con indicadores como edad, nivel educativo y experiencia política; 2. La distribución inequitativa del poder, ya que los diputados conservan los cargos relevantes en los congresos, así como en las comisiones estratégicas, y 3. Las agendas diferenciadas entre los géneros, donde las mujeres siguen promoviendo iniciativas relacionadas con su rol estereotipado. Los estados que se retoman para el estudio son Chihuahua, Sinaloa, San Luis Potosí, Jalisco, Guanajuato, Hidalgo, Estado y Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Guerrero y Campeche; en cada uno de esos congresos se analizó la integración cameral en el periodo 2015-2018.

Como puede observarse en el libro, hay avances en el aumento de la representación numérica de las mujeres, aunque hay que aclarar que esa no es similar en todos los estados: Campeche (54.3 por ciento) y Chihuahua (51.5 por ciento) fueron las entidades con mayor desarrollo en la paridad, cercanas a esa representación está Jalisco (47 por ciento), Ciudad de México (45 por ciento), Sinaloa (45 por ciento) y Guanajuato (44 por ciento), después de ese bloque están Oaxaca (42.9 por ciento) e Hidalgo (40 por ciento), pero los que dejaron ver un menor desarrollo en la representación fueron Guerrero (39 por ciento), Estado de México (37 por ciento), San Luis Potosí (33 por ciento) y Puebla (29.3 por ciento); de hecho, ese último estado tuvo un retroceso en el número de diputadas en su Congreso local.

En el perfil de las mujeres, en promedio en todos los estados se encontró que ellas tienden a ser un poco más jóvenes, con una escolaridad y experiencia política similar al hombre, por tanto, la cuota 50-50 no abrió espacios a nuevos cuadros sin preparación académica o experiencia política, sino aquellas con estudios y que ya habían ocupado puestos políticos de manera previa, dejando ver una alta competitividad entre ambos géneros.

Respecto a la distribución de poder, se encontró que los legisladores dominaban en los órganos de gobierno, así como en la integración de las comisiones. La junta de gobierno y coordinación política, que es el máximo órgano de gobierno dentro de los poderes legislativos locales, sigue siendo un espacio de decisión ocupado mayoritariamente por hombres. En las comisiones aún las presidencias siguen predominando los hombres, al igual que en las secretarías. Pero además, se analizó que sigue una división de las comisiones por roles de género, así que las mujeres tienden primero a ser distribuidas en las no estratégicas o las que corresponden a temas sensibles, que vayan acorde a su género, mientras que los hombres predominan en las estratégicas.

Con lo anterior, puede afirmarse que un mayor número de mujeres no ha representado una mejor distribución en los espacios de poder o decisión dentro de los congresos. Pese a ello, las legisladoras sí han demostrado una mayor productividad con la promoción de iniciativas, pero aún les falta concretar en la efectividad de las mismas, eso responde al apoyo de su partido y cómo las logran cabildear.

Finalmente, es claro que la cultura política patriarcal sigue exigiéndole a la mujer un comportamiento distinto al de los hombres, a través de los capítulos de ese libro se observó una mayor exigencia a las legisladoras; por un lado, tienen que cuidar su apariencia física, verse presentables, atractivas y formales, por el otro, deben dejar ver sus capacidades, es decir, no solo deben verse bien sino además “capaz de asumir un cargo”, esa exigencia social no es de la misma forma para con los varones.

Ahora, la legitimidad de una mujer como congresista se gana todos los días con el trabajo, siempre tiene que estar demostrando que es capaz de ser diputada, no basta con ya haber ganado su curul, de manera cotidiana tiene que demostrar que puede con el cargo. Esa cultura patriarcal hace que sea muy fácil el señalamiento y la descalificación de la labor de las diputadas, pero además ese tiende a generalizarse, es decir, cuando una de ellas comete un error se generaliza al género y no a ella como individuo, lo cual no sucede con los varones.

Tampoco puede dejarse de lado que la mayoría de ellas lleva a cabo la doble jornada de trabajo, pues aunque son legisladoras no dejan su rol de esposa o madres, lo cual no sucede con los legisladores, quienes solo se ocupan de su cargo público. La mujer tiene que “demostrar” que puede con las labores asignadas por su rol de género y además con las que asume en la esfera pública.

Esos son los temas que toca ¿Es la paridad una realidad en los congresos estatales? y que demuestra que si bien hay avances, aún continúan los retos por lograr la igualdad en la política.

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