En los pasados días se ha vuelto viral la movilización de un grupo de personas consideradas por los medios como “la oposición” al presidente Andrés Manuel López Obrador. En medio de las manifestaciones destacan dos figuras: Chalecos México y Vicente Fox en las calles. ¿Qué clase de antagonismo es ese?

I. Los Chalecos Mx se llaman así por los Yellow Vests (Francia), quienes se opusieron a Emmanuel Macron en 2018 cuando este pretendió imponer un incremento al precio de la gasolina, lo cual detonó una serie de inconformidades arraigadas, sobre todo en los sectores de medio ingreso, rurales y áreas periféricas a la urbe. Algunas de sus demandas (muy cercanas al proyecto de AMLO) fueron disminuir impuestos, buscar estrategias para mitigar el alto costo de la vida y, por supuesto, la renuncia del presidente.

La ironía se lee fácil, de hecho, en febrero de 2019 YV se deslindó públicamente de cualquier relación con Chalecos Mx, en una aclaración a la evidente divergencia que existe entre ambos.

II. ¿Qué mundo ofrece la protesta actual? Ciertamente, el mismo.

Las oposiciones políticas se hacen patentes en el antagonismo radical (en la raíz), la diversificación de alternativas a la estructura del mundo, o del orden/organización social.

La realidad es que ni YV ni Chalecos Mx representan una verdadera oposición al estado que guarda la política mundial. Por un lado, YV, con su tendencia anti-globalista, y por otro, los Chalecos Mx, todo lo contrario, se sublevan ambos en el marco de la estructura político-económica vigente, bajo la exigencia de una participación superior en el sistema, pero no su desplazamiento o erradicación.

En ese espacio, las demandas económicas de los disidentes franceses resultan casi imposibles de cumplir y, por contraste, sus homólogos mexicanos son incapaces de suscribir ideología alguna, demanda, proyecto o denuncia –más allá de proclamar que sus “cerebros” son más “grandes” y “evolucionados” que los de aquellos que votaron por AMLO–.

El capitalismo ofrece el espacio de su propia oposición. Mientras no seamos capaces de emanar entre nuestras filas una alternativa que le reemplace en lo más radical –en tanto ideología y fuente de modelos económicos–, no existe en realidad una opción antagónica y, por ende, no hay oposición.

III. Ahora, el ejemplo más vivo de la apropiación ideológica de la protesta: Vicente Fox, el expresidente Coca-Cola, tomando las calles –escoltado– pidiendo a gritos la renuncia de AMLO, exigiendo la legalización de la mariguana –con el afán de dominar su distribución y producción a nivel industrial, corporativo y globalizado–. Mariguana y antigobierno, desde la derecha: ¿Qué clase de chairo es ese? Ninguno: es la falsa oposición fetichizada –al nivel de la relación entre las cosas, no de los sujetos, eso es, la fiel creencia de que lo que está en juego es “el orden natural de las cosas”–.

Diría Michel Foucault: “La noción de bondad, justicia, esencia humana (etcétera) son nociones y conceptos formados al interior de nuestra civilización, de nuestro tipo de saber, nuestra forma de filosofía; como resultado, forman parte de nuestro sistema social y no pueden usarse para justificar una lucha que debería y debe ser, por principio, desplazar los fundamentos mismos de nuestra sociedad”.

De ese modo, el individuo capitalista pone su cara más “humana” –igualdad, desarrollo, inversión privada– para reivindicar privilegios y distancias –sin saberlo, quizá–, en favor de quienes aún mantienen en su propiedad los medios de producción; una aberración política que bajo la consigna de “ni fifís ni chairos, todos mexicanos” imputa a los marginados la responsabilidad de su propia miseria: “los pobres solo son flojos”, “los ninis no conocen el valor del trabajo”, “vividores”.

Eso aplica también para una crítica –posterior, no a prisa– del gobierno en turno. Nada ha comenzado aún, seguimos pensando que somos libres y que otro futuro se avecina, sin embargo, en palabras de Žižek, “la verdad reprimida –que la dominación y el servilismo prevalecen– emerge ahora en un síntoma, el cual subvierte (disfraza, confunde) la apariencia ideológica de la igualdad, la libertad, etcétera”.

¿Cuánta verdad podremos soportar?

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