Escenario de la prensa en el porfiriato

746
porfiriato

Florence Toussaint*

*Se ha dedicado a investigar medios masivos de comunicación como la prensa y televisión, así como la relación de estos con la educación, cultura y política. Es miembro de las asociaciones Alaic (Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación); AMIC (Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación); Lasa (Asociación de Estudios Latinoamericanos) y ULEPICC (Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura).

La prensa en México ha constituido, por lo menos desde la Independencia, el mejor registro de la vida social del país. En las páginas de las publicaciones periódicas quedó consignada una versión de la historia. Los acontecimientos y personajes, el pensamiento político y las luchas entre facciones vieron en este medio el vehículo para manifestarse. Pero la función de la prensa no se detiene en consignar el devenir político. Otras esferas de la actividad humana encuentran (y encontraron) apoyo y difusión en el texto impreso. Las publicaciones especializadas nos dejan testimonio de la evolución cultural, literatura, ciencia, comercio, industria y espectáculos que recurrieron a impresos de carácter periódico para dar a conocer sus producciones e ilustrar al público sobre sus problemas y avances; muchas de las ediciones, constituyeron el semillero de políticos, escritores y divulgadores científicos. Esta tribuna fue también la encargada de propagar entre un amplio sector de la población las ideas que se gestaban en círculos cerrados y exclusivos. Antes de que la educación fuera gratuita, el periódico sirvió para extender el conocimiento y ponerlo al alcance de los ciudadanos.

La prensa se moderniza con el país. Su función social es cambiante, aunque en la medida en que las estructuras permanecen continúa atada a las mismas relaciones que la definen desde su aparición como vehículo informativo y de opinión. Solo puede entenderse el comportamiento actual de los medios de comunicación si rastreamos el germen y seguimos su desarrollo. La prensa es el más antiguo –y quizás el más importante– de tales medios y la génesis de sus características se manifestó hace un siglo, en esa etapa histórica que todavía define muchos de los rasgos de la organización social presente: el porfiriato.

Durante ese periodo, coexistieron publicaciones al estilo de los grandes diarios políticos de la Reforma como El Siglo XIX y El Monitor Republicano con los nuevos periódicos escritos bajo otros principios: ligereza informativa por encima de la polémica, inclusión de técnicas de la prensa amarillista norteamericana, grandes tirajes, el menor precio posible, adhesión al poder camuflado tras la apariencia de la imparcialidad y el punto de vista “objetivo”.

Surgieron diarios que solo servían como arma política en contiendas electorales, parlamentarias y sociales. Se consolidaron las subvenciones como forma de asegurar la lealtad y corromper a los periodistas –el periódico se fundaba para atacar o promover a los políticos en turno– y se generalizó el uso de materiales de las agencias internacionales de noticias.

Los diarios de oposición adoptaban poco a poco los rasgos mencionados. No fue casual que, una vez asentado el movimiento revolucionario, los nuevos periódicos que surgían tuvieran una filiación mayor con los diarios modernos del porfiriato como El Imparcial que con los viejos periódicos de combate como El Diario del Hogar.

En nuestra historiografía, el periódico ha servido más como fuente que como objeto de estudio. Del análisis y consulta de sus contenidos derivaron conclusiones respecto a las materias que tratan, pero sin hacer mención de las características del medio. La prensa no es solo vehículo, sino que se constituye también como protagonista de la vida cultural.

Cuando se ha hecho historia de la prensa o realizado estudios sobre los periódicos, se les ha visto a estos como aislados de la sociedad que les da origen; por ello, se han producido mayoritariamente descripciones, biografías y hemerografías que recogen datos “sueltos”.

Por lo tanto, el objetivo de la presente investigación fue contemplar a las publicaciones no desde sí mismas, sino desde los aspectos que influyeron en su factura: las instituciones, la tradición y el desarrollo tecnológico son elementos que marcaron los límites de la prensa y también posibilitaron su existencia. El reparto y los actos, el telón de fondo, la tramoya y la iluminación, el escenario y el público.

La historia de este pequeño volumen es quizá tan accidentada como la de la prensa en el porfiriato. El primer intento surgió en 1977, cuando Miguel Ángel Granados Chapa echó a andar y dirigió un proyecto que debía culminar con la historia de la prensa en México, desde la colonia hasta los días que corren. A la autora del presente libro le tocó estar al frente del periodo porfirista; fueron apenas seis meses de trabajo durante los cuales nos asomamos mínimamente al problema. Luego, en 1982, el Centro de Estudios de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM acogió la propuesta de continuar la investigación. Con un equipo de ocho personas se le dio curso. En el lapso de dos años, se hurgó en bibliotecas y hemerotecas, se buscaron las fuentes principales, se trazó una vía de abordaje y se reunieron los datos fundamentales; en suma, el camino quedó desbrozado. Como primer resultado de ese trabajo, apareció un avance titulado “Índice hemerográfico 1876-1910” (Cruz y Toussaint, 1985), editado por la Fcpys. Ese índice constituía la sistematización de los datos de más de 2 mil periódicos aparecidos en los estados de la República (paralelamente se había trabajado en un índice similar para el Distrito Federal). El volumen del material hubiese hecho inmanejable la publicación en un solo libro de ambos índices, debido a lo cual se optó por dar a la imprenta el de los estados y dejar para después la edición del índice capitalino. Lo que seguía era la redacción del texto que diera cuenta, describiera y explicara cómo había sido la prensa en el porfiriato.

Los cambios en la dirección de la facultad y en la coordinación del centro dejaron sin concluir un esfuerzo de dos años que estaba a punto de dar frutos más interesantes que un sencillo índice. A la administración que sucedía a la del maestro Raúl Cardiel Reyes le pareció que el trabajo “no era prioritario”. Cesó el apoyo y el trabajo se suspendió. En el cajón se quedó el índice sobre el Distrito Federal que habían elaborado los investigadores Rosalba Cruz Soto, Francisco Tapia, Yolanda Zamora y la autora de estas líneas. Hoy lo publicamos como anexo.

Años más tarde, gracias al interés y generosidad de la fundación Manuel Buendía, aquel proyecto pudo proseguirse, con meses de redacción durante los cuales se trabajó fundamentalmente con los materiales que habían sido fichados, sistematizados, ordenados y clasificados por el equipo antes mencionado. La relación de unos datos con otros, su interpretación, así como la búsqueda de su sentido, estuvieron guiados por la meta de encontrar las pautas generales bajo las cuales puede decirse que operó la prensa en el porfiriato, independientemente de la línea o la historia particular de cada periódico.

De interés

Comentarios