Josué Ledesma*

La respuesta es no. Los contemporáneos y el grupo contrario, los estridentistas, son parte fundamental de la historia del arte de nuestro país, principalmente en la poesía, aunque también exploraron otras disciplinas. Las publicaciones en diversas revistas y su presencia en medios de la época, así como las posiciones políticas que algunos de sus miembros y posteriormente herederos ocuparon, en sumatoria a un compromiso muy serio conjugado con verdadero talento construido con base en literaturas occidentales provenientes de Francia, España, entre otras, marcaron pautas importantes para que este grupo se posicionara a mitades del siglo XX en la escena artística nacional e internacional. Al respecto, Alfonso Macedo explora en “Las revistas culturales mexicanas en el contexto de la industria cultural y el poder político” (Dubius Ediciones, 2019), desde los trasfondos que dieron origen a la figura del editor como sustituto del mecenas en el Renacimiento hasta las revistas hidalguenses que se han decantado por construir una literatura comprometida. A la venta en Radio Express Café Jardín Colón junto con otros títulos de editoriales independientes.

Había un pájaro azul en mi corazón… había un pájaro azul en mi corazón

Ciencia y técnica de la derrota porque sin falla vamos. Alfonso Valencia ya se formó un estilo verdaderamente propio, uno que ha surgido tras años en el descalabro. Híbrido –¿solo de esa forma será posible encarar tremenda palabra?–, se revela entre el ensayo con atisbos autobiográficos y delincuentes hasta doblar en dirección Platón porque siempre es bueno el consejo de un viejo, porque a los viejos no podemos negarles el oído, aunque esto es un acto egoísta maquillado de consideración.

Vasto en referencias literarias, no necesita de la interdisciplina bibliográfica, de Grimm, Freud, Jung, de Fuckoult ni de Camus ni del mentado Nietzsche tan maldecido, malinterpretado, mal querido pausa, pare si es snob. No. El vato, el autor, pues, nos presenta al amor con la velocidad que la feria –la furia– le dura: tres, cinco juegos mecánicos tus palomitas y a llorar a su casa.

Sin embargo, no estoy de acuerdo en todo, mi ética profesional se interpone. Sí, a todo, porque los bolsillos fueron hechos para desear tanto como nuestros pulmones para desposeer el mundo y solo regresarle algo que no sirve mucho, más que a la flora y luego de vuelta. Sí, porque también y basta.

Y un poema se asoma para ilustrar tanta cagada.

“No entender. No entender y morir. De eso se trataba.”

Las conozco

Es un largo camino, dijo Enid, cuando recibí en consigna 10 ejemplares de La noche nunca termina. En siete historias, como siete días, se encuentra una panorámica de vivencias bien cotidianas, tanto, que en ocasiones pasan desapercibidas. Uno termina con las raíces hechas nudo y eso dura bastante, espero que me dure toda la vida.

Creo que hay textos que brillan por la soltura y facilidad con que pueden ser leídos, es un mérito, por supuesto. Enid llega a la médula, su obra no solo merece sino que debe ser leída.

Salten la presentación, el libro empieza allá en Mogotes, con un letrero que dice “Esos caminos hay que andarlos”.

Me quedo con sus personajes, los conozco más gracias al trabajo de Enid. Gracias, Enid.

  • Nació en 1987. Es psicólogo, docente y escritor. Ha publicado Cenicero (Malavida Editorial, 2017). Sus colaboraciones literarias pueden ser encontradas en la revista Los Bastardos de la Uva (abril, 2013); la compilación de poesía Señales para quien está de paso (Malavida Editorial, 2017); “Maldito Vicio” de Libre por convicción Independiente de Hidalgo; en la revista electrónica Casa Rosa: Hospedaje Cultural y Círculo de Poesía (agosto, 2018). Además, es fundador de Circuito: Intervención y Arte, así como becario de Interfaz ISSSTE | Atemporalidades, Anacronismos y Emergencias (junio, 2018). Ha cursado talleres de poesía, creación transdisciplinar, spoken word y creación literaria con Mario Bojórquez, Rocío Cerón, Diego José, Jorge Contreras, Cynthia Franco, Jorge Daniel Cabrera Martínez el Ene, Alfonso Valencia y Danhia Montes. Tomó el diplomado en creación literaria del INBAL en el Centro de las Artes de Hidalgo (2018)

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