Vernon Sullivan, seudónimo con el que Boris Vian se dio a conocer en Estados Unidos cuando las novelas Hardboiled, Noir y de detectives se consideraron exclusivas de anglosajones, tras publicar Escupiré sobre vuestras tumbas, tuvo un aire fabuloso cuya sola anécdota es fuera de serie.

Ubicada en el sur de Estados Unidos, un negro albino cuya familia fue torturada por una célula del Klu Klux Klan, se vale de su albinismo para confundirse entre la población “blanca” sureña –y solo puede ser determinado revisando que el pigmento de la cutícula sea ligeramente más oscuro para identificarlo– para penetrar los territorios vedados a la población y la cultura negra, con tal de dar con la identidad de quienes afectaron a su familia.

Desde el arranque mismo de la novela, toda la narración tiene por eje la venganza y muy en la vena de James Hadley Chase, se trata de un relato elaborado con la mirada cruel, ingeniosa, que después se haría el sello de Hadley Chase y pionero de la tortura slash que hoy predomina en el cine de horror.

Con ese enfoque, pero oculto bajo la identidad de un supuesto afroamericano quien dejó su testimonio del racismo “white trash” estadunidense, Vian desarrolla una de las narraciones más descarnadas y frontales que la literatura noir ha dejado en la historia. Pese a que la obra de Vian ya había dado ejemplos de una vitalidad y belleza fuera de serie, fue hasta la tetralogía de Vernon Sullivan Escupiré sobre vuestras tumbas, Todos los muertos tienen la misma piel, Que se mueran los feos y Con las mujeres no hay manera cuando Boris Vian logró hacerse de un éxito que no había logrado con su nombre de pila.

Pese a la aparente sencillez de libros que tenían todos los aspectos propios de la literatura de explotación, ni siquiera ocultas bajo un tratamiento sensacionalista, las características de la obra de Vian, pletórica en imaginación y riqueza estilística, pueden mantenerse ocultas en tramas innovadoras cuyo sentido del absurdo y repetición de clichés pusieron en duda los lugares comunes de un género que luchó por liberarse de fallas que maniataron las posibilidades tachadas una y otra vez por la tradición académica.

No obstante, las buenas conciencias vieron con desagrado el título de Vian y lejos de aplaudir su acierto, lo transformaron en un engendro de las nuevas generaciones que mereció una demanda en nombre de los muertos que participaron en la narración. El revuelo provocado por el juicio, así como la propia narración, bastaron para hacer de Vian un fenómeno literario que por fin, aunque no en circunstancias óptimas, merecía ser visto.

Pese al desencanto de la prensa a cargo del juicio, así como el relativo desprecio, el escándalo llegó en buen momento, ya que además de su literatura, Vian salía de otro closet en el que se había auto recluido como crítico y aficionado al jazz que desde hacía años cultivaba como conocedor y especialista, pero del que casi no se supo en América compuso canciones, las interpretó, así como tuvo eventuales participaciones en música de viento.

Quién se hubiera imaginado que Duke Ellington y Miles Davis, iconos por antonomasia del jazz, compartieron tiempo en producción con ese francés que contribuyó al impulso del género en Francia. Incluso apoyaron la fama de Vian, quien desde “Le deserteur” pateó toda simpatía con la segunda Guerra Mundial, para quienes se alistaron por voluntad propia.

El encanto de Vian durante ese periodo, además de controvertido fue uno de los más fértiles, pues creó El otoño en Pekin, La hierba roja, El arrancacorazones, pero la historia se haría cargo de reinmortalizar con el clásico titular de El lobo-hombre.

Por algún capricho de esos que la vida se reserva para los grandes, justo cuando la música de “La movida” española daba “La orquesta Mondragón” y los desaires de Alaska y Dinarama, en ese momento La unión se instaló con el clásico “Lobo-hombre en Paris”, inspiración directa del cuento escrito por Vian, cuyo protagonista es un lobo de buenas maneras que colecciona autos convertidos en chatarra por choques, hasta que un mago lo muerde y las noches de luna llena se transforma en hombre.

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