Por fin los había encontrado. Una parte de Roberto decía que solo había esperado unos meses desde que solicitara a todos los refugios y tiendas de animales de la ciudad que, de encontrar o poseer un gato con ojos verdes, le llamaran de inmediato para tomarlo en adopción o comprarlo, pero una parte más profunda en él le aseguraba que había esperado toda su vida para encontrarlos, justo como los soñó tantas veces. Y al fin los había encontrado.
Mientras sus dedos archivaban en el turno vespertino del trabajo, la mente de Roberto estaba frente a esos ojos que lo veían al llegar a casa desde hace unos días, cuando lo llamaron de AdoptaMascota para avisarle que tenían lo que buscaba. Apenas y recordaba ir por el gato con la suspicacia habitual; no sería la primera ocasión que lo decepcionaban al mostrarle un par de ojos apagados, sin el brillo que buscaba. Apenas y recordaba pagar por el animal, o siquiera pagar algo, y llevarlo a casa, tanto fue su furor de años de búsqueda para hallarlo.
Sus dedos tecleaban, pero al mismo tiempo acariciaban el pelaje del gato, que aún no tenía nombre. Una sonrisa de ternura apareció en Roberto al hacer un modesto cálculo en el tiempo que invirtió en buscar esos ojos, y nunca había pensado en un nombre para el gato. Debía ser uno especial, trascendental, que denotara la culminación de su búsqueda. De nuevo una sonrisa. No sabía si era gato o gata, con la emoción de verlo (o verla) no se fijó en ese detalle. Ya revisaría cuando llegara a casa.
El reloj en la parte inferior del monitor indicaba cinco para las ocho, el momento en que daba por terminada sus labores. Salió de su trabajo para ir caminando a casa, de paso compraría alimento para gato, algo suave para el pequeño animal… porque era pequeño, ¿cierto?, dudó Roberto. Tampoco recordaba su tamaño, solo le importaron (y le importaban) los ojos. Olvidó cuándo comenzó su deseo de poseer un gato con ojos verdes tan intensos como auroras boreales, o cuándo dejó de ser deseo para convertirse en obsesión. Los últimos meses fueron los difíciles, llegó a salir por las noches para esperar que el azar lo topara con su anhelo. Por fortuna sus exploraciones nocturnas evadieron cualquier incidente desagradable con algún ladrón u otro personaje de la noche, pero tampoco fructificaron.
Sus ensoñaciones lo llevaron a casa sin que lo percatara, tenía un sobre de comida para gatos en la mano. Abrió su puerta y encendió la luz, pero la luz no le respondió. Otra vez la bombilla, pensó, ya era la cuarta ocasión que se fundía en el mes. Llamó a su gato, y a tientas buscó su tazón para verter la comida del sobre. El animal respondió en alguna parte, y esos ojos verdes intensos aparecieron cerca de Roberto, expulsando un sonido que podía ser un ronroneo. ¿Cómo lo llamaré?, se preguntó mientras le acariciaba el pelaje. Mientras escuchaba cómo devoraba la comida del tazón, el teléfono de Roberto vibró.
–¿Diga?–, contestó.
–Buenas noches Roberto–, dijo una voz femenina. –Le hablo de AdoptaMascota para informarle que tenemos su solicitud.
–¿Cómo?–, preguntó Roberto. –¿Otro? Ustedes me llamaron hace unos días y ya pasé por el gato que había pedido.
–Un momento…–, la voz femenina hizo una pausa. –No, de acuerdo con el registro de llamadas, es la primera vez que le marcamos desde que acudió a nosotros. Como sea le alegrará saber que, le repito, ya tenemos su solicitud… ¿Bueno? ¿Sigue ahí?
Roberto colgó el teléfono, los ojos verdes lo miraban en la oscuridad… y continuaron mirándolo…

[email protected]

No votes yet.
Please wait...

Comentarios